La suspensión de las clases presenciales tiene un impacto diferente sobre los distintos sectores de una sociedad. En el caso de los grupos más vulnerables las investigaciones muestran un mayor efecto negativo .

Los niños/as de primaria podrían perder cerca del 70% del aprendizaje del 2020 en lectura y hasta el 50% en matemática, según un estudio de Estados Unidos. Los/as estudiantes que no asistieron a clases presenciales sufrieron consecuencias negativas en su salud emocional, particularmente los niños/as con necesidades de salud mental.

Durante el cierre escolar aumentó el consumo de bebidas azucaradas y comida con alto contenido calórico, a la vez que disminuyó la actividad física semanal y aumentó el tiempo frente a una pantalla, según un relevamiento en Italia.

Los efectos pedagógicos negativos se acentúan en los países de bajos recursos, y afectan especialmente a las mujeres.

En estos países, las estudiantes tienen una deserción escolar del 18%, mientras que para los hombres la cifra es del 13,5%. Estos datos están contenidos en el informe “¿Cuáles son las consecuencias de la interrupción de clases presenciales?”, del Observatorio Argentinos por la Educación, con autoría de Guillermina Tiramonti (FLACSO), Víctor Volman y Federico Braga.

El documento relevó distintas investigaciones que permiten estimar algunas consecuencias de los cierres escolares.