La escritora argentina Judith Mendoza-White vive en Australia, pero estuvo en Buenos Aires para la presentación de su novela Cuando pase la lluvia y dialogó con BAE Negocios.

—¿Es difícil escribir desde lejos?
—Puede ser difícil cuando se quiere escribir sobre el propio país, y mis novelas e historias están situadas en Argentina, el país donde se construyó la mayor parte de mi vida y de mi historia personal. Pero afortunadamente visito Argentina con mucha frecuencia, al menos cada seis meses, y por varias semanas o meses cada vez. En estas visitas me reconecto con lo mío, con mi pueblo de origen (Bragado) y con Buenos Aires; con su gente, sus calles, sus cafés, sus modos de vivir y de pensar. Además de eso, mi conexión con Argentina es profunda y permanente, y está constantemente fresca en mi memoria. Acudo a mi memoria y a mis sensaciones para crear personajes que caminan las calles que yo caminé y vuelvo a caminar en cada visita; a la historia de mi vida, construida en un país que sigue siendo el mío, aunque vivo fuera de el durante gran parte del año.

—¿Por qué elegiste la novela histórica?
—Porque me fascina hundirme en épocas pasadas, imaginar cómo vivían y sentían las personas de otros tiempos. Amo la historia, su forma de recordarnos que si bien los tiempos han cambiado, no así la naturaleza humana, que sigue reproduciendo sentimientos, miedos, pasiones, errores y aprendizajes. Mis novelas rara vez reproducen hechos históricos, sino la historia social, las costumbres, formas de vida, de comunicación; las expectativas con respecto al comportamiento femenino y masculino, los estereotipos sociales y culturales de la época.

—¿Te llevó mucho tiempo de investigación?
—Sí, Cuando pase la lluvia me llevó meses de lectura e investigación. Fue un gran placer sumergirme en cartas y documentos de la época, en diarios, revistas y comunicaciones personales. Todo esto con el objetivo de conocer cómo escribían, hablaban y actuaban las personas de la época; y de vislumbrar las ideas, vivencias y creencias que estos documentos permiten adivinar. Hice investigación lingüística del periodo para saber qué formulas se utilizaban para dirigirse a los criados negros, a personas de la familia, entre mujeres y hombres.

—En el libro abordás el vínculo entre hermanas. ¿Por algo en especial elegiste meterte en él?
—No tengo hermanas (sí tengo la suerte de tener dos hermanos varones a los que quiero muchísimo) y no fue una decisión consciente explorar este vínculo. El hecho de que Mercedes se enamore del prometido de su hermana mayor me llevó a explorar en cierta forma el vínculo entre ambas. En el caso de Cecilia la figura de su hermana se desdibuja, mostrándose a través de sus reacciones y sus pensamientos.

—¿Cuánto tiempo te llevó la novela?
—Varios años, ya que la escribí intermitentemente, abandonándola durante periodos en que me dediqué a escribir otras obras, o escritura académica relacionada con mi trabajo en la universidad. La escribí en Buenos Aires y luego retorné a ella ya viviendo en Sydney, releyéndola a la distancia, a la luz de nuevas experiencias y crecimiento personal. En esas circunstancias reescribí varias partes, eliminé otras e introduje nuevas técnicas de escritura, lo cual resultó en la novela actual.

—Una vez que terminaste de escribir, ¿te costó dejar a los personajes?
—Si, muchísimo. Me ocurre siempre. Disfruto enormemente crear personajes, y estar inmersa en mi propia novela me otorga una felicidad muy especial que me separa del mundo cotidiano. Al terminar la novela queda un gran vacío; es un periodo difícil, que en general transito comenzando de inmediato a planear y escribir la próxima.

—¿Tenés una rutina para trabajar?
—No es una rutina, pero tengo preferencia de escribir en cafés. Amo instalarme en alguno de mis cafés favoritos y escribir durante horas. En Sydney generalmente elijo algún café frente a la playa o entro de librerías de viejo. En Buenos Aires, amo sus cafés de barrio, sentarme en una mesa frente a la ventana y ver pasar la gente. Escribo cuando puedo y donde puedo: a bordo del subte o del tren, entre clases, en cualquier momento libre. Creo firmemente que quien es escritor escribe aquí y ahora, en los cinco minutos libres en un día agitado, no espera a tener tiempo, un día o una semana libre. Escribir es para mí una necesidad y un placer, y como tal tiene prioridad en el desarrollo de mi vida.

—¿Desde cuándo supiste que querías ser escritora?
—Desde que aprendí a leer, alrededor de la edad de seis años. Desde ese momento la lectura fue mi principal actividad, y con ella vino simultáneamente el deseo de crear mis propias obras. Escribí mi primer libro de poemas y cuentos a los ocho años, mi primera novela a los trece, a los quince una novela-monstruo de unas seiscientas páginas que todavía conservo, en una enorme pila de hojas amarillentas… A diferencia de otros escritores que expresan sentimientos ambivalentes sobre la escritura, a la que a veces ven como un sufrimiento, en mi caso asocio escribir con la felicidad, la plenitud, con mis mejores momentos.

—¿Por qué te parece que hoy en día le va tan bien al género histórico romántico?
—Tal vez porque permiten al lector evadirse de la realidad y del presente, transportándolo a otra época a la que se mira con nostalgia. Hundirse en el pasado nos permite alejarnos de problemas o circunstancias actuales, y las historias de amor asociadas con el género son un atractivo poderoso, cuya fascinación parece permanecer vigente pese a los cambios sociales y culturales que todos transitamos en el mundo actual.

Título: Cuando pase la lluvia
Autora: Judith Mendoza White
Precio: $450
Editorial: Emece
Páginas: 360