“A nosotros, póngannos las reglas de juego claras y nos adaptamos. Somos empresarios; pero no nos corran el arco porque así es difí- cil jugar” afirmó en un almuerzo con periodistas el chairman de uno de los holding empresariales más grande de Argentina, líder en fabricación de electrodomésticos y linea blanca y mayor exportador de pesca del país.

El tema de las “reglas de juego” es clave para los empresarios locales, ya que el “reformismo permanente” que se propone desde la Casa Rosada y que es aplaudido en público por los hombres de negocios, en privado comienza a tener críticos fuertes. Temerosos por los excesos de optimismo que suelen traer entre los políticos los triunfos electorales, piden mas prudencia. Y aducen que, si lo que busca el Gobierno es conseguir una mayor confianza entre los grandes inversores, lo que se debe dar desde la administración Macri es un horizonte más previsible y acabar con las marchas y contramarchas en materia impositiva.

Los empresarios piden poner fin a las contramarchas impositivas

Es verdad que celebran los proyectos de reforma laboral y fiscal, pero no menos cierto es que muchos de ellos afirman que los efectos reales de la reformas en el mercado interno se empezarán a ver recién a fines de 2018.

Aunque aún no lo verbaliza con fuerza, una de las cosas que le hacen ruido al establishment criollo es que desde los despachos oficiales se suele olvidar que en materia económica Argentina no es homógenea y está dividad en tres: grandes ciudades, conurbanos y economía rural. En las metrópolis, la economía se centra en la producción de servicios y bienes industriales de mediana y alta complejidad, con un grupo social que llega a niveles de vida relativamente altos. En el conurbano en cambio, hay menos valor agregado y muchos sectores necesitan apoyo estatal, energía barata y restricción de las importaciones para no retroceder.

En el interior rural, en tanto, los exitosos producen cereales, oleaginosas y animales, mientras que los menos favorecidos se dan a la producción de uva, maní, olivo, cítricos, tabaco, caña de azúcar, algodón, yerba, té, pera, manzanas, duraznos, ciruelas, frutilla o arándanos.

Es precisamente por esta separación en tres de la realidad ecónomica argentina que muchos CEOs comienzan a reestucturar sus productos para el mercado interno en los próximos años, ya que aún no está claro si el país tenderá a “conurbanizarse”, a “porteñizarse” o a “provincializarse”.

De eso dependerá la adaptación o diversificacion de la mayoría de las empresas y también de los empleos. En tanto, en 2017 los ganadores siguen siendo los mismos que en la última década: las grandes ciudades y el interior sojero. Los perdedores, por ahora, siguen estando en el conurbano.