Buenos Aires, como se sabe, es un polo de atracción para músicos de distintos géneros, no sólo de jazz. Más allá de crisis recurrentes o turbulencias diversas, siempre hay público disponible para shows de alto nivel.

Días atrás dos artistas de intensa trayectoria convocaron a una audiencia entusiasta en el Teatro Coliseo. El pianista Kenny Barron con su trío y el contrabajista Ron Carter con el suyo dibujaron un doble programa en el que mostraron, cada uno con sus matices, una dosis apreciable de madurez expresiva.

Se lució especialmente Kenny Barron, quien demostró que es uno de los grandes referentes del piano hoy, con sensibilidad a toda prueba para abordar distintos registros. Ron Carter, por su parte, ofreció un show más predecible, de estilo tradicional y despojado de riesgos, pero ratificando que su sonido acredita hoy el encanto de la sabiduría.

Le toca ahora el turno al guitarrista John Scofield, quien como parte del mismo ciclo de jazz que produce Ceroveinticinco se presentará el 7 de junio, también en el Teatro Coliseo.

Scofield es hoy uno de los nombres indispensables en la guitarra y el jazz. Junto con Pat Martino y Bill Frisell es uno de los grandes referentes históricos del instrumento, de una generación posterior a la del gran Kenny Burrell, quien ya casi no está activo por su delicada salud. Scofield se presentó en Buenos Aires en varias oportunidades y recorrió con su música una amplia gama de abordajes y formatos.

Su último disco es una puesta a punto de su actualidad. Combo 66 remite a su edad para él, un número mágico- y es un álbum que registra composiciones propias, recuperando en un sonido sin efectos o pedales, sólo la guitarra y el amplificador, junto a un grupo bien afiatado que lo acompañará en su visita porteña: Gerald Clayton en piano y órgano, Bill Stewart en batería y Vicente Archer en bajo.

Parte del material de Combo 66 será presentado en el show del Coliseo, seguramente junto con temas de sus trabajos anteriores, como el aclamado Hudson, un disco de 2017 que Scofield grabó con Jack DeJohnette, Larry Grenadier y John Medeski.

Después de haber compartido cartel con Gerry Mulligan, Chet Baker y especialmente Miles Davis, Scofield se involucró en vertientes disímiles a partir del jazz. Desde la fusión y el funk hasta el sonido country o el gospel, todo lo exploró en sus discos y también en sus giras, que suelen ser extensas y convocantes.

Esas caravanas de shows son, en verdad, un eje en la vida de Scofield. Como él mismo aventuró poco tiempo atrás: "Yo sólo quería tener gente en los conciertos para seguir tocando y no tener que dedicarme a las clases de guitarra. Todo esto ha sido una manera de evitar contar con un trabajo de verdad".

Podrá ser en grandes teatros, como ocurrirá en Buenos Aires y luego en Santiago, o en pequeños clubes, como habitualmente intenta en Europa, pero la meta de Scofield es avanzar, sin descansar en la nostalgia, caminando con ductilidad de un acorde agresivo a otro sutil, siempre dispuesto a la sorpresa.

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