Las encuestas para determinar qué fue lo mejor del año son naturalmente arbitrarias, en función de la preferencia estética del votante y de su acceso a determinada cantidad de discos y performances musicales. De cualquier modo, la revista norteamericana DownBeat publica desde hace años dos relevamientos que son hoy una referencia para muchos adeptos al jazz y que en cierta manera reflejan el mainstream de lo que se ha escuchado en un año.

La encuesta de más peso es, sin duda, la de los críticos del género, en la que votan especialistas de distintos medios de gran cantidad de países, lo cual asegura pluralidad y amplia representación territorial. El otro sondeo es el de los lectores de la revista, más limitado.

Los resultados de la votación de los críticos están incluidos en el último número de la publicación, en cuya portada figura la cantante Cécile McLorin Salvant, consagrada como la artista de jazz del año. La cantante también triunfó en el rubro vocalista y su último disco, The Window, en el que luce su voz junto al ascendente pianista Sullivan Fortner, quedó en segundo lugar en la votación sobre los mejores álbumes del año.

Precisamente el primer lugar entre los lanzamientos discográficos le correspondió al legendario saxofonista Wayne Shorter, con su trabajo Emanon, un disco triple de tintes futuristas, que llega acompañado con una novela gráfica y encuentra a Shorter afiatado junto a su banda integrada por el pianista Danilo Pérez, John Patitucci en bajo y Brian Blade en batería. El disco, que obtuvo un Grammy al mejor álbum instrumental, fue editado por Blue Note y cuenta además con el concurso de la Oppheus Chamber Orchestra.

Completando el listado de los primeros cinco discos más votados se cuentan los nuevos del trompetista Ambrose Amkinmusire, Origami Harvest, también editado por Blue Note; el del saxofonista Kamasi Washington (estuvo en Buenos Aires en el último Lollapalooza), Heaven and Earths y el muy recomendable trío del baterista Andrew Cyrille con el trompetista Wadada Leo Smith y el guitarrista Bill Frisell, Lebroba, publicado por ECM.

En cuanto a los discos históricos el oro se lo lleva Coltrane con el lanzamiento de Impulse Both Directions at Once: the Lost Album, junto al rescate que hizo la compañía Resonance de Zev Feldman de material del saxofonista Eric Dolphy, con el título de The Musical Prophet.

Pero aunque está claro que el mainstream predomina en las elecciones, hay datos interesantes que destacan el papel del jazz de vanguardia o la música improvisada en la consideración de los críticos. El mejor ejemplo es que la guitarrista Mary Halvorson, una figura nada complaciente, que hace años estuvo en Buenos Aires junto al saxofonista Anthony Braxton, quedó segunda en la nómina de artistas de jazz del año, detrás de la mencionada cantante McLorin Salvant. Halvorson ganó además el rubro guitarristas, superando a Frisell y a Nels Cline.

Y entre los pianistas, categoría que lideró Kenny Barron, también hay reconocimiento a quienes toman más riesgos: Matthew Shipp, Vijay Iyer, Myra Melford, Craig Taborn y Satoko Fujii figuran entre los diez primeros.

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