El escritor y periodista Federico Kukso acaba de publicar un libro atractivo desde lo visual y con mucha información para niños con ganas de aprender. El autor dialogó con BAE Negocios acerca de los dinosaurios.

—¿Cómo se te ocurrió la idea del libro?
—Junto a Messi y Borges, los dinosaurios son los grandes embajadores argentinos. Prácticamente no hay museo de ciencias naturales fuera del país en el que no haya réplica o donde no se haga mención a alguna especie descubierta en la Argentina. Por ejemplo, la estrella del Museo de Historia Natural de Nueva York es el titanosaurio hallado en Chubut.

Y aún así en la Argentina muchos chicos y grandes desconocen esta tremenda riqueza: junto a Mongolia, China y Estados Unidos, la Argentina es un paraíso paleontológico. Se encontraron aquí desde los dinosaurios más viejos hasta ahora conocidos a los más grandes como el Patagotitan mayorum y el Argentinosaurus.

También hubo otro disparador: por lo general los libros de dinosaurios (que hay y muchos) son mezcolanzas. Aparecen especies de cualquier época y de cualquier lugar como si todos los dinosaurios hubieran vivido juntos al mismo tiempo o en el mismo lugar cuando no es el caso . Los dinosaurios vivieron y se sucedieron durante 160 millones de años; algunos vivieron en lo que hoy es el hemisferio sur, otros no.

Así, se me ocurrió hacer algo distinto: focalizar justamente en la Argentina para lograr que los chicos y chicas - así como padres, madres y hermanos- establecieran una conexión mucho más íntima y cercana con las especies que hace millones de años deambularon por lo que hoy son ciudades.

—¿Cuánto tiempo de investigación te llevo?
—Desde hace 20 años me dedico a golpear puertas de institutos científicos, a visitar laboratorios, a entrevistar a investigadores y bombardearlos con toda clase de preguntas con el fin de contar sus increíbles historias. Siempre me fascinó el trabajo de los paleontólogos en especial, con cuánto desparpajo hablan de millones de años como si se trataran de días. A la hora de armar el libro me percaté de que ya había entrevistado a los principales investigadores, así que no tomó mucho tiempo organizar la información .

Además, tuve la suerte de contar con la colaboración de Jorge González, para mí, uno de los mejores paleoartistas no solo argentinos sino del mundo que tiene la increíble habilidad de revivir a los dinosaurios. Sin el trabajo de los paleoartistas sería muy difícil imaginarnos a estas especies. Por eso no me canso de decir: en cierto punto, los dinosaurios son obras de arte. Se convierten los fósiles hallados en el campo en escenas.

—¿Por qué te parece que los dinosaurios atraen tanto a los chicos?
—En cierto sentido, la fascinación por los dinosaurios está estrechamente vinculada a nuestra fascinación por las criaturas que tantas leyendas alimentaron y tanto atraían a Borges, como lo expuso en su Manual de zoología fantástica: se nutre de nuestra fascinación por lo desconocido, por lo extraño, lo descomunal, lo terrorífico. La única diferencia entre un unicornio y un dinosaurio es que los dinosaurios existieron.

Es más: la fascinación por los dinosaurios se trata de una fascinación segura. Ciertos dinosaurios, en especial los carnívoros, atraen por sus garras, por sus dientes, por sus tácticas de caza. No asustan tanto porque varias de estas especies se extinguieron. ¿Nos atraerían tanto hoy si supiéramos que están ahí, acechando en la oscuridad para atacarnos? Los dinosaurios importan porque son la puerta de entrada de chicos y chicos al mundo de la ciencia, al asombro, a la curiosidad, a la imaginación.

—¿Es más difícil escribir para chicos?
—Sí, ya lo experimenté con mi libro El baño no fue siempre así (sobre la historia del baño, del inodoro al shampoo). Escribir para chicos tiene el doble desafío de no subestimarlos y al mismo tiempo tener que poner en suspensión todo lo que damos por sentado que es "de público conocimiento". Al escribir uno siempre tiene que pensar en su audiencia, quiénes son. Se pueden contar grandes historias sin caer en tecnicismos o expresiones que en lugar de atraer al lector lo ahuyentan.

Los dinosaurios importan porque son la puerta de entrada de chicos y chicos al mundo de la ciencia, al asombro, a la curiosidad, a la imaginación. No son simpledistracciones . Instalan en los chicos preguntas frente al mundo natural: ¿Cómo era el mundo, el territorio que ahora es la Argentina hace 100 millones de años? ¿Cómo lucía? ¿Quiénes lo habitaban? ¿Cómo lucirá dentro de 100 millones de años?

Además, las primeras salidas científicas de los chicos suele ser a ver dinosaurios. Las escuelas deberían aprovechar esa excitación infantil, ese asombro para canalizarlo hacia otras áreas del saber y no dejar que se disipe

—¿Obtener la atención en tiempos de tanta tecnología requiere de otros recursos en los libros?
—La imaginación, la curiosidad, el asombro no son sólo capacidades innatas que simplemente "están ahí" . Es necesario que grandes y chicos las ejercitemos, así como ejercitamos los músculos cuando vamos (algunos) al gimnasio. La principal función de los libros es esa: movernos por dentro y por fuera. Sacudirnos.

Los libros físicos nos recuerdan cuán fetichistas somos: cómo, pese a estar tan encadenados a las pantallas, aún sentimos una increíble atracción por objetos físicos, objetos para acariciar, abrazar, oler.

—¿Participaste del armado del libro en relación al diseño y a los dibujos?
—A Jorge González lo conozco hace tiempo. En mi caso, seleccioné las especies de dinosaurios más representativas y él se encargó de armar las escenas.

—¿Qué te gustaría que los chicos encuentren en él?
—Una puerta para conocer la riqueza paleontológica de la Argentina y del mundo, así como ayude a valorar el trabajo de científicos y científicas. También que encuentren en el libro u n medio para enamorarse de las ciencias. Y en especial: que sepan que no hay preguntas tontas o absurdas. No hay nada más lindo que ser curioso, asombrarse frente al mundo , investigar, querer saber más.

—¿Sabemos poco de los dinosaurios?
—Nuestro conocimiento de los dinosaurios es fragmentario: se basa en escasa evidencia fósil. Si bien se confundió durante siglos sus fósiles con restos de gigantes bíblicos o dragones, conocemos científicamente a los dinosaurios hace relativamente poco: menos de 200 años. Hoy se conocen poco más de mil especies.

Hoy se sabe que las aves son descendientes de dinosaurios sino que las aves Son dinosaurios. Sí, Susana Giménez tenía razón: los dinosaurios están vivos. No todas las especies se extinguieron con el meteorito: algunas se adaptaron. Ver una paloma es percibir los ecos de antiguos dinosaurios.

Dinosaurios del Fin del Mundo, de Federico Kukso, fue editado por B de Blok. Precio:  $299.