Hablar de la industria editorial es hablar de la producción de un bien que, como pocos, lleva intrínseca una doble característica: el libro es significado, pero también es mercancía; el libro tiene un valor simbólico, pero también un valor económico. Es conocimiento y cultura, pero a la vez es industria y trabajo. En este segundo polo, el cuantitativo, es donde los efectos de la crisis no dan tregua. Según los informes que publica la Cámara Argentina del Libro (CAL), una de las dos entidades que agrupa a agentes del sector, la producción de ejemplares en el país cayó de 2015 a 2018 un 48,2%, el lanzamiento de novedades casi un 15% en el mismo período y las ventas, aproximadamente, 40 puntos.

Diana Segovia, gerenta de la CAL, asegura que los números de 2019 son aún peor: "La producción siguió cayendo. Lo novedoso ahora es la terrible reducción de las tiradas, en 2015 el promedio era 3000 ejemplares y ahora es de 1600. Pero hay algo peor, la mayor parte de las novedades en estos ocho meses del año tuvieron una tirada de 1000 ejemplares; si tenemos en cuenta que en el país hay más de mil librerías, lo que nos indica es que los lanzamientos ni siquiera llegan a cubrir un ejemplar por librería".

Dicha cifra cuantitativa revela varias cuestiones cualitativas: por un lado, que el libro está llegando muy poco al interior del país; por otro, que el editor está siendo muy prevenido y, finalmente, que el mercado del libro ofrece menos porque la demanda es claramente inferior. Si bien no existen informes oficiales sobre las ventas de ejemplares, la CAL realiza un seguimiento mediante sondeos y encuestas a sus socios libreros: "Todos nos hablan de una caída del 35% o 40% en los últimos 4 años y, lamentablemente, continúa en esa línea", agrega Segovia. Frente a esta coyuntura que parece no tocar fondo, los distintos actores de la cadena del libro (editores, distribuidores y libreros) buscan diferentes alternativas para visibilizar, promocionar y vender sus títulos.

Ferias municipales

Algunas ferias, como la de La Matanza o Berazategui, son organizadas por las Secretarías de Cultura y/o Educación del municipio y llevan varias ediciones en su haber; otras, cuentan con la co-organización de la Fundación el Libro, como la de Rosario, que volvió a realizarse luego de muchos años de ausencia o como las de Merlo y Malvinas Argentinas que comenzaron a desarrollarse con esta crítica situación del sector editorial. Los distintos eslabones de la industria del libro quieren estar presentes.

Para Oche Califa, Director Institucional y Cultural de la Fundación El Libro, las distintas ferias, sin importar su tamaño, funcionan como un energizante porque encuentran públicos que habitualmente no suelen tener un libro a mano: "Nosotros las consideramos como grandes acontecimientos culturales y promocionales que activan toda la cultura sobre la que pivotea el libro y sostenemos que es una oportunidad para acercar este bien cultural a segmentos sociales que no tienen con él una relación habitual. Sin dudas, las ferias tienen la posibilidad de ensanchar el anillo lector", agrega.

Los números hablan por sí solos. Los primeros días de septiembre se realizó la Feria del Libro de Avellaneda, según los organizadores más de 25.000 personas visitaron durante los cuatro días los más de 50 stands presentes. Actualmente, en simultáneo, se están llevando adelante la 12ª edición de la Feria del Libro de La Matanza, con más de 100 actividades gratuitas y cuya edición pasada contó con más de 350.000 visitantes y la 1ª del municipio de Malvinas Argentinas. Del 3 al 13 de octubre será el turno de la 3ª Feria del Libro en la ciudad de Merlo, a la que el año pasado concurrieron más de 170.000 vecinos y del 5 al 14 tendrá su oportunidad el municipio de Berazategui, solo por mencionar algunas.

Para los libreros y editores locales es una oportunidad especial. Oche Califa remarca: "Una de las condiciones que tenemos en todas las ferias que co-organizamos es que el librero radicado en el municipio tiene prioridad a la hora de elegir el stand y paga la mitad de lo que abonan los demás por el mismo espacio. Nosotros intentamos que esto le sirva al que está todo el año trabajando en el barrio. Son 10 o 12 días donde puede aumentar la recaudación diaria y servirle como revote para su librería una vez finalizado el evento".

Otra herramienta diseñada por la Fundación para aumentar las ventas de los expositores en estos eventos y facilitar el acceso a los libros son los Chequelibros: un voucher que se le entrega a cada chico que visita la feria con su escuela por el valor de $100. Este sirve como ayuda para adquirir cualquier título en cualquier stand, y son los organizadores quienes solventan este costo en un 80% mientras que el 20% restante recae sobre el librero o editor.

Pero más allá de las ferias, las librerías, como último eslabón de la cadena, viven esta crisis de manera multicausal: Por un lado, el derrumbe de las ventas; por otro, los aumentos de los servicios públicos y de los alquileres de los locales; y, por último, el histórico reclamo de todos los actores del sector -que este año fue escuchado- para la exención del pago del IVA los dejó afuera por no mencionarlos dentro de lo que se considera la cadena de distribución del libro. Sobre este último punto, la CAL está trabajando, por ahora sin éxito, por incluirlas en este beneficio fiscal.

Consecuencia de este panorama, unas 50 librerías tradicionales han cerrado en los últimos tres años y otras han sido absorbidas o compradas por grandes cadenas o han debido mudarse para reducir sus espacios y disminuir así los gastos, según estiman desde la Fundación el Libro.

Compras estatales

Además de la caída de las ventas en el circuito comercial (librerías, kioscos, supermercados, etc.) motivada por la disminución del poder adquisitivo, las editoriales sufren en los últimos años la discontinuidad o eliminación de distintos programas gubernamentales que beneficiaban al sector mediante la compra de libros.

Desde hace 15 años el Ministerio de Educación adquiría gran cantidad de ejemplares de libros de texto para repartir en todos los colegios públicos del país. Pero, desde 2016, este programa se encuentra discontinuado. En cifras, significa un duro golpe para las editoriales denominadas texteras: mientras que en 2015 las compras del sector público alcanzaron los 8 millones de ejemplares, este año apenas superaron los 600 mil ejemplares, una disminución del 93%.

"Es drástica la reducción de las compras de libros que realizaba el Estado; tanto la de textos escolares como la de literatura infantil complementaria, mediante el Plan Nacional de Lectura. En algunos casos han suplantado esta falencia los municipios, pero de todos modos no compensa en absoluto (por su volumen) los números que ejecutaba el Ministerio de Educación de Nación", reflexiona Oche.

Así como con las ferias, parecen ser los programas de promoción de la lectura jurisdiccionales quienes dan un pequeño respiro al mundo del libro. Uno de los casos es el de la Ciudad de Buenos Aires, que con su proyecto "Leer para crecer" mantuvo la entrega de libros de castellano e inglés en los colegios públicos porteños, mercado indispensable para las editoriales especializadas en libros de texto. El otro, es el programa "A la escuela, mejor con libros" del Municipio de La Matanza, que comenzó a ejecutar esta política en 2016 con la compra de 360.000 ejemplares para el nivel primario y amplió su llegada hasta adquirir más de un millón de ejemplares este 2019 para las escuelas del municipio.

Planes editoriales y puestos de trabajo

La mayoría de las editoriales, desde las más pequeñas hasta las más grandes, han recortado su plan editorial: entendido como el proyecto de novedades que se lanzan al mercado durante el año. Según Diana Segovia las casas pequeñas que antes editaban 9 o 10 títulos ahora hacen 7 y las grandes editoriales que superaban holgadamente las 50 novedades bajaron en promedio un 20% sus lanzamientos.

Si se analiza año tras año los informes de la CAL puede observarse como en los últimos cuatro períodos la caída de novedades lanzadas al mercado por las Editoriales Comerciales alcanza el 15%: mientras que en 2015 fueron 9.933, en 2016 disminuyeron a 9.806, en 2017 alcanzaron las 9.841 y en 2018 cayeron a 8.540.

Esta disminución de los planes editoriales como consecuencia de la crisis que vive el sector, deja la dramática secuela de la disminución de puestos de trabajo en la industria del libro. Según el último informe de la Cuenta Satélite de Cultura, elaborado por el Sistema de Información Cultural (SInCA), el sector de "Libros y Publicaciones" perdió 2.280 trabajadores registrados entre los años 2016 y 2018, sin contar aún los despidos ocurridos durante 2019, con los cierres, entre otras, de las editoriales SM y Vicens Vives. "Seguramente sabremos reponernos de esto, pero mientras tanto hay muchas víctimas", agrega Oche.

No culpemos al e-book

Los menos nostálgicos intentan reducir esta situación de la industria del libro papel a un supuesto avance a nivel global del libro electrónico. Falso. Por un lado, la producción de e-books en Argentina se ha mantenido constante desde el año 2012; y, por otro, países como España, líder del sector a nivel mundial, ha incrementado la venta del libro en papel el último año.

En Argentina, en 2018, apenas el 19% del total de los libros lanzados al mercado se publicaron en versión digital (3.044 publicaciones), de los cuales el 41% no tenían un valor comercial y se distribuían de manera gratuita. Por lo tanto, apenas 1.200 nuevos títulos podían ser adquiridos en formato digital en el mercado editorial. "No hay para nada un traslado del libro papel al e-book. La producción de publicaciones digitales continua estable desde hace varios años. Sí, hay un fenómeno que dentro de este contexto de crisis creció y fue la autoedición, pero el producto final es el libro en papel", asegura Segovia.

Por su parte, para terminar de derribar el mito de la muerte del libro tangible o la mutación de un soporte al otro como fenómeno mundial, según el último informe de la Federación Española de Gremios de Editores, las ventas de libros en papel se incrementaron un 2% frente a la disminución de 0,1% de los libros digitales; y, si se toman ambos formatos, la participación del e-book en las ventas es mínima: representa un 5%, frente al 95% del libro tradicional.

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