El 2 de mayo de 1982, el crucero ARA General Belgrano era hundido por el submarino británico HMS Conqueror. A las 16:23 de ese día, el comandante Héctor Elías Bonzo daba la orden de abandonar la nave que había sido torpedeada y que irremediablemente terminaría en el fondo del océano Atlántico. Entre los hierros retorcidos, quedaron atrapados los cuerpos de 323 héroes.

Pocos minutos antes de las 17, su quilla impactaba con el lecho marítimo para descansar eternamente a 4200 metros de profundidad. Un sitio conocido como la “zona abisal”. Una especie de limbo, donde todo es silencio y quietud. Con una presión de 300 atmósferas, no hay colores ni plantas. Solo algunos peces con características monstruosas. Ahí fue a parar el ARA Gral. Belgrano hace 37 años.

¡Viva el crucero, viva el Belgrano, viva la Patria!

Arriba, entre las olas, otra batalla comenzaba: la pelea por la supervivencia. En el momento en que el buque desapareció de la superficie y terminaron de gritar “¡Viva el crucero, viva el Belgrano, viva la Patria!”, el rugido del océano y el gélido viento se encargó de recordarles a todos que lo peor no había pasado. Eran apenas 72 cascaras de nueces huérfanas en un mar embravecido.

Algunas balsas estaban sobrecargadas con 30 personas y otras subocupadas con no más de 3 tripulantes. Al principio estaban atadas unas con las otras y después tuvieron que cortar las sogas porque podían rajarse. Solos, a la deriva, con vientos de 120 kilómetros por hora y en el peor de los mares. Los piratas cobardes responsables de la masacre, se retiraron sumergidos, igual que como llegaron.

Viven

Fueron interminables esas 48 horas, algunos rezaban, otros lloraban y otros simplemente se morían. Los buques argentinos Gurruchaga, Bahía Paraíso, Bouchard y Piedrabuena se dirigieron al área del hundimiento ni bien recibieron la noticia. En mitad de la tormenta que azotaba al Atlántico Sur, cuatro aviones que participaron en el rescate divisaron una gran mancha de aceite y poco después pudieron ver las balsas de color naranja. El 5 de mayo comenzaron a llegar los primeros supervivientes al puerto de Usuahia.

Los otros olvidados

Los barcos que participaron de la búsqueda y rescate de los sobrevivientes del ARA Gral. Belgrano pasaron rápidamente al olvido. Solo el remolcador ARA Gurruchaga es conservado y aún continúa en servicio. Los demás terminaron oxidados o reducidos a chatarra.

Cuando comenzamos a escribir esta nota, nos imaginábamos que a tan nobles naves, la Armada Argentina se había ocupado de darles un retiro digno y que tal vez, solo tal vez, alguna la podíamos encontrar hoy como un museo flotante; como ocurre con embarcaciones con similar historial en otros países. Pero no. En vez de memoria encontramos oxido.

El Capitán de Fragata (RN) Fernando Morales. Alguien que además de ser un experto en estos temas, es veterano de Malvinas, un “héroe” como versa su documento nacional. A propósito de su documento, ahí también indica que cumple años el 2 de abril, así que ese día de 1982, se levantó con el anuncio de recuperación de las islas y a las 2 de la tarde se estaba embarcando rumbo al archipiélago. Una jornada que no olvidará nunca. Todavía recuerda el llanto de su madre, novia y hasta la despedida de su perro.

Vergonzoso

Recibe a Crónica en su oficina: “El particular enfoque de este artículo, viene a poner énfasis en la suerte corrida por las distintas unidades navales que acudieron en auxilio de los marinos sobrevivientes al naufragio del crucero ARA General Belgrano. Por distintas circunstancias de ellos poco y nada queda. De la misma manera que el destructor Santísima Trinidad, un emblema de la Operación Rosario, sufrió un vergonzoso naufragio, originado no por la acción del enemigo ni por ningún bravo temporal, sino por la desidia de quienes lo tenían simplemente que vigilar en la propia base naval de Puerto Belgrano”, reflexiona.

Morales asegura que cuando volvió a pisar suelo continental, eso fue en la tarde del 14 de junio 1982, recibió como único mensaje de bienvenida la visita en su camarote de un suboficial de inteligencia naval que lo alertó sobre la conveniencia de no contar nada de lo visto, oído o vivido en la zona del conflicto. En ese instante se comenzó a forjar en su mente la idea de que la gesta de Malvinas se encaminaba a caer en más trágico de los destinos: el del olvido. “Si ello no fue así, es solamente por el tesón que los propios ex combatientes, soldados y cuadros, junto a los familiares de los caídos”.

El perito naval le contó a Crónica que “muchas veces al analizar los grandes huecos que presenta la preservación de la memoria acerca de lo ocurrido en Malvinas, se dice a la ligera que ello es seguramente por la falta de experiencia en materia de cuestiones bélicas. Pero, conservamos con rigurosa precisión la campaña libertadora del general San Martín. Sus granaderos son perpetuados generación tras generación manteniéndose vivos nada menos que como custodia presidencial. Los propios patricios remedan la defensa de Buenos Aires curiosamente frente también al adversario Inglés, cuando ni siquiera existía la patria. Pero Malvinas es otra cosa; por más que los Veteranos nos esforcemos, en el colectivo social, más allá del valor, el heroísmo y el sacrificio, subyace la idea de ´la guerra de la dictadura`, dictadura que también organizó un mundial de fútbol, pero claro en esa ocasión ganamos y como colectivo social, no somos muy afectos a asimilar las derrotas”.

Sobre la desidia con que fueron tratados esos trozos de historia flotantes, el experto naval dijo: “Es muy cierto, los buques que asistieron al Belgrano cuando ya herido de muerte se proyectó hacia las abismales profundidades del Atlántico Sur, se fueron desgranando victimas del paso del tiempo, la falta de presupuesto y tal vez la ausencia de interés. De la misma manera, los sucesos vividos por miles de argentinos y un puñado de argentinas en aquellas latitudes, tiende a empalidecer, a medida que los protagonistas, nos vamos poniendo viejos e inexorablemente nos encaminamos al final de nuestra existencia. Va quedando poco tiempo para escribir una historia malvinera oficial utilizando como materia prima a nuestras propias mentes y recuerdos”, sentenció.

Sobre si la situación puede llegar a cambiar y finalmente los ex combatientes recibirán el reconocimiento histórico que el país entero les debe, Morales dice que “por el momento no parece haber demasiado interés en hacerlo, los discursos, las medallas y las pensiones, son en la mayoría de los casos merecidos, pero de ninguna manera son suficientes. Tal vez un oportuno llamado a la reflexión, evite que así como el óxido termina hundiendo o desintegrando a las naves, el olvido y la indiferencia, haga lo mismo con nosotros antes de tiempo”.

Otra gran deuda

Solo dos instituciones mandaron cadetes a la guerra: el Ejército que hizo egresar antes a la promoción de su actual jefe, y la Armada que envió a los cadetes de la escuela de náutica que ya estaban embarcados haciendo sus prácticas finales. ¿Por qué hablamos de otra deuda? El pabellón de la escuela de náutica está condecorado por el congreso debido a la defensa que hizo la institución a la ciudad durante las invasiones inglesas hace más de 200 años, pero jamás nadie pudo lograr que la condecoren por su defensa de la soberanía argentina en Malvinas.

Los buques que ayudaron a los tripulantes del Belgrano

ARA Bahía Paraíso

Fue construido para la Armada Argentina en los “Astilleros Príncipe y Menghi SA”, de Dock Sud. Fue botado el 3 de julio de 1980 y entró en operaciones el 12 de noviembre de 1981. Encalló y naufragó el 28 de enero de 1989, frente a la base Palmer de los Estados Unidos en la isla Anvers del archipiélago Palmer en la Antártida tras chocar con una roca. 

ARA Gurruchaga

El ARA Francisco de Gurruchaga (A-3) es un aviso-remolcador de la Armada Argentina. Sirvió a la Armada de los Estados Unidos, con el nombre de USS Luiseno (ATF-156). Fue entregado oficialmente a la Argentina en 1975. Durante la Guerra de Malvinas operó desde la Isla de los Estados. Rescató 390 tripulantes del ARA General Belgrano. Actualmente sigue en funciones en la Agrupación de Lanchas Rápidas, del Área Naval Austral. n A 

ARA Bouchard

El ARA Bouchard (D-26) fue un destructor construido en Estados Unidos en 1941 e incorporado a la Armada Argentina en 1972. Regresó a la Base Naval de Puerto Belgrano de su última navegación el 14 diciembre 1983 y fue desactivado a partir de marzo de 1984. En 1988 se autorizó su uso como blanco para tiro naval.

ARA Piedrabuena

El ARA Piedrabuena (D-29) fue un destructor de la clase Allen M. Sumner construido en los Estados Unidos. Fue botado el 5 de marzo de 1944 en los astilleros “Bath Iron Works Corp.”. En 1974 fue comprado por el Estado Argentino. Rescató 18 balsas con 278 personas del Belgrano. El 18 de enero de 1985, el Piedrabuena fue desarmado y borrado del registro naval por el decreto número 305/85. El 15 de septiembre de 1988, el buque fue designado como blanco. El 6 de noviembre el Piedrabuena fue hundido mientras que era remolcado por el ARA Alférez Sobral en un ejercicio naval. El impacto fatal fue realizado por un misil Exocet MM 38 disparado por la corbeta ARA Espora.