“Este libro lo empecé hace como diez años, lo abandoné, lo dejé plantado un tiempo. Me interesaba mucho la historia de mi papá como inmigrante, las historias de los inmigrantes siempre me conmovieron mucho. Una vez que él murió empecé a buscar en Internet sobre el pueblo en Alemania donde nació y ahí aparece el nombre del campo de concentración”, dice a BAE Negocios la escritora Mónica Müller en su consultorio médico, donde también aprovecha para escribir. “El shock fue tremendo, reconstruí hacia atrás mi relación con mi papá, mi abuela, mi tía; no era esa relación tan idílica, me habían guardado un secreto. Yo había preguntado y me habían dicho que no había pasado nada, ahí supe que nunca me habían dicho la verdad. Empecé a investigar, es tremendo lo que pasó en ese pueblo”, sostiene la autora quien relata la relación con su padre en Argentina de los años ’60, y su regreso a Alemania después de cincuenta años de vida argentina, el contexto social parece revelar en él sentimientos de racismo.

“En el transcurso de escribir la historia de mi papá acá y en Alemania, descubrí todo esto, y todo lo que ya había escrito adquirió otro sentido. Tenía la opción de no decir nada o escribir esto”, señala la autora que de adolescente viajó por primera vez a Alemania a ver su tía.

“El campo de concentración existió, la marcha de la muerte también. Mi tía no podía no saber, era un pueblo de 8.000 habitantes. Las mujeres desnutridas pasaban por la puerta de las casas, les tiraban piedras, caían desplomadas. No podés no saber. De hecho, fueron desenterradas por los americanos años después. Cuando entró el ejército norteamericano los obligó a levantar los cuerpos para enterrarlos en un cementerio, es imposible que no supiera. Todo eso ocurrió por los caminos de un bosque hermoso al que me llevaron sin decirme nada. Tenían la edad para saberlo. Mi tío y mi tía tenían la edad para actuar”, relata.

–¿Y su papá?
–No sé si ellos hablaron de eso alguna vez. Él vivía acá en ese entonces y decía que no pasó nada. Cuando regresa a Alemania 50 años después empieza a marcar más cosas homofóbicas, racismo contra los turcos, judíos, negros, que a mí me resultaban desagradables. Acá nuestros mejores amigos eran judíos y allá era distinto, donde hay una cuestión de xenofobia muy viva. Ese recuerdo teñido de cómo yo lo veía de chica, sólo veía su lado maravilloso, que lo tenía también, pero la distancia y todo el tiempo sin vernos hizo que lo viera con más claridad, y él evidentemente cambió. La mujer con la que se vuelve a casar tenía una hermana nazi. En Alemania, el 13% de los votos fueron para el nuevo partido nazi, con la misma idea de superioridad racial.

–En el libro habla de la culpa...
–La culpa que no tiene sentido, porque yo no tuve nada que ver, ni mi padre. Él estaba en acá y dice que no sabía qué estaba pasando, pero yo ya no estoy segura. Mi abuelo sé que peleó en la Primera Guerra, todo es algo confuso con lo de mi abuelo. Existieron los cómplices civiles, que no podían ir a la guerra y los contrataban para ser guardianes de los campos de concentración. Los legajos de los guardianes del pueblo fueron quemados, supongo que porque estaría incriminada gran parte de la gente. Mi abuelo no podía pelear por una disminución física que le había quedado de la guerra, tenía 40 años, y mi tía tenía 24 años. La mentira es un detonador de hipótesis. Como me mintieron tengo derecho a pensar cualquier cosa. No hay ninguna respuesta.

–¿Qué quería lograr con el libro?
–Si sabés una verdad, tenés la obligación de decirla; ese es un poco el mensaje del libro. Cuando me enteré de que me habían mentido decidí que lo tenía que terminar, buscar la verdad. Me dio alivio escribirlo, me atormentaba este descubrimiento, me atormentaba haber estado en ese pueblo. Mi tía era amorosa. Cuando le pregunté a mi tío, no le gustó nada, reaccionó mal, me puse mal, yo tenía 17 años. Los pueblos hacen silencio en los hechos muy traumáticos. Creo que frente a la sospecha tengo la obligación de decirlo, de investigarlo, si puedo. Me gustaría que al que lea el libro y tenga una sospecha de cuestiones sociales le pase lo mismo.

–Su hermano la acompañó...
–El me ayudó mucho. Me demostró que es más sentimental que yo. Él había guardado todas las cartas de mi padre, yo las tiré cuando se puso xenófobo. Tengo cuatro años menos que mi hermano, él me ayudó a reconstruir cosas, hay cosas que yo no sabía o no recordaba bien, y cosas que yo tenía en claro que habían sido así. Había puntos de mi papá cuando vivía acá que se acentuaron muchísimo en su vida allá. Se recuperó económicamente, pero empezó profundizar esas otras cosas que estaban ahí vivas, flotando sobre el pueblo.

–¿Quiere volver?
–Me dan ganas. El gobierno nacional hizo dos memoriales y no fue nadie del pueblo a la inauguración, hubo un pacto de silencio. Escribirlo me sirvió como para tirar una botella al mar, mis sospechas, lo que pude llegar a saber, no es un ensayo, yo quería contar mi experiencia, mis sentimientos. Un tema que me interesa mucho es el de bancarse la verdad, la mentira te enferma.

–¿Cómo define el texto?
–No soy capaz de escribir un ensayo, pero sí novelas. Es una novela biográfica. De esta forma, parece que permite un acercamiento menos violento al tema.

Título: Mi papá alemán
Autora: Mónica Müller
Precio: $430
Editorial: Seix Barral
Páginas: 288