Cuando mañana martes 9 se reúnan las delegaciones de ambos estados coreanos, para definir la participación de los jóvenes patinadores sobre hielo norcoreanos Ryom Tae-Ok y Kim Ju-Sik en los Juegos Olímpicos de invierno de febrero próximo, nadie cree que los altos funcionarios se limiten a reservar el hotel para los dos postadolescentes. Durante 2017 la tensión en Asia Oriental ha escalado, hasta plantear el riesgo cierto de una guerra nuclear, por lo que el diálogo entre Seúl y Pyongyang despierta enormes expectativas, sobre todo por la ligazón que el presidente norteamericano ha impuesto entre la distensión en Corea y las relaciones económicas de su parte sur con Estados Unidos.

El pasado viernes 5 los dos gobiernos han anunciado su acuerdo para reunirse al más alto nivel este martes y concertar la participación de los dos únicos atletas norcoreanos calificados para los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebrarán del 9 al 25 de febrero en Pyeongchang, 126 km al este de la capital surcoreana.

La reaproximación se hizo posible, cuando en su discurso de Año Nuevo el presidente de Corea del Norte, Kim Jong-un, avisó, por un lado, que sobre su escritorio tiene siempre disponible el botón nuclear, pero, por el otro, manifestó el interés de su gobierno en enviar atletas a Pyeongchang. La respuesta positiva del Presidente surcoreano Moon Jae-in no se hizo rogar. En rápida sucesión ambas partes agendaron en los días siguientes este encuentro. Para mejorar el clima, entonces, Estados Unidos y Cora del Sur cancelaron el jueves las maniobras militares anuales que debían realizarse en marzo próximo. En estos ejercicios toman parte cientos de miles de efectivos, por lo que son percibidos por el Norte como una provocación.

Se trata de la primera reunión entre ambos estados desde diciembre de 2015 y representa un importante triunfo para el presidente surcoreano Moon Jae-in, quien asumió en mayo pasado, después del juicio polí- tico que depuso a su antecesora por corrupción, y ha llevado desde entonces una prudente línea para distender el vínculo con el Norte. En el mismo contexto se supo extraoficialmente que en el último semestre ha habido varias reuniones secretas entre representantes de ambas repúblicas, en las que los delegados del Sur buscaron alentar a sus compatriotas del Norte a enviar deportistas a los Juegos Olímpicos.

A pesar de que medios y analistas conservadores –tanto en Corea del Sur como en Japón y EE.UU.- inmediatamente advirtieron que Corea del Norte sólo busca ganar tiempo, que nunca ha abandonado su objetivo de conquistar militarmente el Sur y que Seúl debe guardarse de hacerle demasiadas concesiones, una encuesta realizada en el Sur inmediatamente después del discurso de Kim mostró que el 76% de los ciudadanos apoya que deportistas norcoreanos participen en los juegos de febrero.

El peso de la sanción

Desde Washington, el presidente Donald Trump consideró el martes que la propuesta de Kim es una muestra de que las sanciones “y otras presiones” impuestas a Pyongyang estaban empezando a tener un impacto. “Quizás sean buenas noticias, tal vez no, ya veremos”, escribió en Twitter.

Luego de que, en cumplimiento de las sanciones impuestas por la ONU, barcos surcoreanos interceptaron en aguas internacionales respectivamente en septiembre y diciembre navíos de terceros paí- ses que llevaban petróleo y gas para Corea del Norte, el gobierno de este país probablemente percibió que debía modificar su conducta internacional. Sin embargo, las sanciones también tienen costos para Estados Unidos. “Un corte total en los suministros de petróleo reduciría drásticamente la producción de alimentos para la población civil”, explicó esta semana David von Hippel, del Instituto Nautilus de Seguridad y Sostenibilidad, en un reportaje para NBC News. “Si otros países no donan alimentos, el bloqueo va a producir una hambruna”. De hecho, tanto Rusia como China han permitido oficiosamente que camiones con hidrocarburos abastezcan a Norcorea.

A pesar de los resquemores subsistentes sobre las intenciones de Kim, un análisis cuidadoso del anuncio de Corea del Norte del 3 de enero sobre la reapertura de la comunicación con el Sur indica la seriedad de su ofrecimiento: reconoce en pie de igualdad al gobierno de Corea del Sur, compromete al presidente Kim en la búsqueda del diálogo y prevé que nuevos encuentros pueden seguir al de este martes.

Paz por pickups

Entre tanto, el viernes pasado las delegaciones de Estados Unidos y Corea del Sur completaron la primera ronda de negociaciones sobre la revisión del acuerdo bilateral de libre comercio de 2012. Al levantarse de la mesa, los representantes de ambos países reconocieron que “todavía hay mucho que discutir” para alcanzar un nuevo acuerdo. El déficit comercial de EE.UU. en su intercambio con Surcorea se duplicó desde la firma del acuerdo. En 2016, por ejemplo, más del 90% de las pérdidas se originaron en el sector automotriz. Desde que asumió la presidencia hace un año, Donald Trump sacó a su país del Tratado de Libre Comercio para Asia y el Pacífico, impuso nuevas negociaciones con Canadá y México sobre la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés) e impulsó la renegociación del acuerdo de 2012 con Corea del Sur. Particularmente en este caso los negociadores norteamericanos tendrán que buscar un equilibrio entre las prioridades que les impone la agenda doméstica y la necesidad de contener el programa nuclear norcoreano. Trump tiene prisa en lograr un nuevo acuerdo con Corea del Sur, para usarlo como ejemplo en las negociaciones sobre el NAFTA y poder presionar a China, para que limite sus exportaciones hacia EE.UU. Para Washington es prioritario mantener el arancel del 25% sobre las importaciones de pickups surcoreanas, que, según el acuerdo vigente, debía ser eliminado hasta 2019. Los dos mayores exportadores de estos vehículos son Hyundai y Kia, que dependen completamente de estas exportaciones, dado el pequeño tamaño del mercado local. A su vez, Surcorea se defiende de las importaciones norteamericanas con una serie de barreras no arancelarias que los estadounidenses quieren derribar.

Las empresas surcoreanas sospechan que Washington pretende subir la cuota de 25.000 vehículos por fabricante que hoy pueden entrar a Corea y obligar al país asiático a subir el actual límite de emisión de dióxido de carbono que los estadounidenses consideran discriminatorio.

Obviamente, se podrá especular durante años sobre el motivo del acercamiento entre ambas Coreas que, por lo que se ve, no es tan repentino. Lo real es que Seúl y Pyongyang se re- únen este martes, para acordar el modo de participación de los atletas del Norte en los Juegos Olímpicos de invierno, al mismo tiempo que Seúl y Washington discuten cómo mantener el tratado de libre comercio de 2012 reduciendo la exportación de pickups a Estados Unidos.

Si Trump quiere demostrar que es capaz de negociar a lo macho para proteger la producción norteamericana, deberá compensar a Hyundai y Kia por las pérdidas que sufrirán. El único mercado alternativo en condiciones de absorber este exceso de producción es el chino. ¿Está dispuesto Beijing a actuar como garante de las negociaciones de paz en la península coreana comprando las camionetas que ya no se encaminarán allende el Pacífico? Si es así, Donald Trump, Xi Jinping, Kim Jong-un y Moon Jae-in habrán realmente revolucionado las formas de la diplomacia mundial.

*Especial para BAE Negocios

  • Turismo en DMZ

La Zona Desmilitarizada de Corea (conocida como DMZ por sus siglas en inglés) es una franja de seguridad militar establecida tras la firma del alto al fuego de la Guerra de Corea (1950-1953). Y en los últimos tiempos se convirtió en un destino turístico muy visitado, especialmente entre los extranjeros. En el Parque Imjingak (Parque Nuri de la Paz) se exhiben reliquias históricas de Corea y artículos bélicos utilizados durante la guerra. El parque es capaz de albergar a 25.000 personas y tienen lugar diversas actuaciones. Tiene miradores y un jardín con 3.000 molinetes.

  • 21% disminuyó el índice de deserciones norcoreanas

El número de norcoreanos que desertaron a Corea del Sur cayó un 21 por ciento en 2017 hasta su mínimo desde la llegada al poder hace seis años del líder Kim Jong-un por los controles fronterizos, según datos del Gobierno surcoreano. En total, 1.127 norcoreanos llegaron al Sur el año pasado comparado con los 1.418 que lo hicieron en 2016. La cifra de 2017 es la menor desde que llegó al poder en diciembre de 2011 el líder norcoreano Kim Jong-un, que ha reforzado desde entonces fuertemente los controles fronterizos para evitar las huidas. El número máximo de desertores se alcanzó en 2009 con 2.914, aunque las cifras han ido a la baja.

  • 7,4% se redujo el superávit interanual de Corea del Sur

El superávit por cuenta corriente de Corea del Sur se redujo un 7,47 % interanual el pasado noviembre hasta los 7.430 millones de dólares por el fuerte aumento del déficit en la cuenta de servicios, según datos del Banco de Corea (BoK). El déficit en la cuenta de servicios, que mide los pagos por exportación e importación, se incrementó un importante 80% con respecto a noviembre de 2016 hasta situarse en los 3.270 millones de dólares. La ampliación del saldo negativo en responde al aumento del número de surcoreanos que viajaron al extranjero y el de los servicios comerciales extranjeros, indicó el BoK.

  • 3,9% fue el crecimiento del PBI en Corea del Norte

La economía norcoreana fue impulsada por la minería, que creció un 8,2% sobre todo por la producción de carbón y plomo. La industria manufacturera se expandió un 4,8%, mientras que el sector de suministros públicos (agua, electricidad y gas) se disparó un 22,3%. El comercio exterior se incrementó un 4,7% hasta los 5.600 millones de euros, un 90% del cual se intercambió con China. La inversión en el programa de armamento nuclear -en 2016 se llevaron a cabo dos pruebas atómicas y más de 20 disparos de misiles- también dio un empujón a la economía, según el Banco de Corea con sede en Seúl, ya que Corea del Norte no publica datos.

  • 7,7% se incrementó la inversión extranjera directa

Corea del Sur registró volumen récord de inversión extranjera directa en 2017 gracias al interés en el sector de tecnologías de la información pese a la crisis generada en la península por el programa armamentístico del Norte. Para todo 2017 se cerraron acuerdos de inversión valorados en unos 22.940 millones de dólares, lo que supone un 7,7 por ciento más con respecto al volumen de 2016, según un informe publicado hoy por el Ministerio de Comercio, Industria y Energía. La cifra fue de unos 9.360 millones de dólares, tan solo para el periodo octubre-diciembre, lo que supone también un récord histórico trimestral.