Un cuerpo de crónica en la introducción a la entrevista: Corrientes y Uruguay punto de encuentro. Jueves, horas después del asalto a una joyería de la zona que incluyó una balacera far west, en el marco del "cambio de doctrina" que impulsa el Gobierno. Pizzería La Americana, una mesa y la gentil disposición del personal para dejarnos hacer las fotos. Nos faltaba un balón para reflejar, en imagen, el fútbol que abarcará las preguntas y respuestas. Sin esperarlo y cordial, apareció el jefe de medios digitales de Crónica, Esteban Godoy, con la Brazuca 2014 que se trajo del Mundial de Brasil. Área de tribunales porteños, un señor de traje bajo apariencia de abogado, que saboreaba dos empanadas y un vaso de moscato, se nos acercó. "Al flaco (Carlos Stroker) lo tengo de Crónica Televisión, el muchacho de gorrita (Ezequiel Ferández Moores) escribe en La Nación. ¿No?". Acto seguido limpió su boca con una servilleta de papel y se despidió con una consulta puntual: ¿cuándo y dónde sale la nota?

Un silbato imaginario para abrir el juego:

-¿Fútbol pasión de multitudes o el fútbol es popular porque la estupidez lo es?

CS: -Pasión de multitudes, como dicen en la película El secreto de sus ojos. Uno puede cambiar lo que fuere menos el sentimiento por la camiseta y el juego.

EFM: -Es una pasión popular y siempre el poder la va a manipular; sea desde la política, los sectores económicos, los medios y más. Lo cual no quita que el fútbol, pese a todo, siga siendo de la gente, le sigue perteneciendo.

-¿Entonces el fútbol es espejo también de lo que acontece en la realidad del país?

CS: -No siempre es el reflejo de toda la sociedad. Sí hay destellos sobre momentos y sectores políticos. Por ejemplo, durante la dictadura se cantaba en las canchas en contra de los militares. Ya en democracia lo hacían contra los ajustes que decidían los gobiernos de turno. En el último San Lorenzo-Boca se cantó contra la política económica. Pasó, pasa y pasará, la política tiene impacto en lo que se canta en una tribuna popular.

“Ginóbili es un ejemplo sobre cómo se debe jugar en equipo” Stroker

EFM: -Es tentador decir que sí, incluso es tomar un atajo hacerlo. Creo, sin embargo, que los caminos no son tan lineales. En 2001 la Argentina cumplía su mejor eliminatoria para clasificar a un mundial. Era candidato incluso a ganar la Copa en Japón-Corea. Llegaron muchos periodistas extranjeros, de los medios más importantes y me hacían la misma pregunta: ¿cómo se combina que este país está explotando política y económicamente y puede ser campeón mundial?
Nuestros columnistas y editorialistas aventuraban que lo único que restaba para que esta nación desaparezca de la faz de la Tierra era una eliminación en primera ronda del mundial. Y pasó. Lejos de desaparecer, Argentina comenzó a recuperarse económica y políticamente. De ahí que aún en la tentación de los análisis, estos muchas veces fallan.

-Bilardismo, menottismo, bielsismo, carusolombardismo, ¿fenómenos que se dan en política?

CS: -Sí, desde ya. Se juega como se vive. Quizás en un campo de juego no se expresa lo social, pero sí en las tribunas, ahí somos parte de una solidaridad manifiesta. El tipo que es malo, no me refiero a calidad técnica o atributos, no te va a pasar la pelota en una cancha si es compañero y como rival no dudará en pisarte.

EFM: -Volvemos a la tentación de la etiqueta. Hay personajes referentes. Sucede que, a la vez, ese referente tiene sus contradicciones, lo cual hace a su condición de persona, es lógico. La vida no es una línea recta, no trascurre a 120 kiló- metros por hora por ese trazo. Porque hay montañas, lagos, bajadas y obstáculos en la vida. Napoleón dijo que “a veces hay que retroceder dos pasos para avanzar uno...”

-¿Deporte cuestión de Estado o nos rendimos ante la globalización?

EFM: -Hoy la globalización domina todo. Pero sigue siendo curioso que el deporte necesite de la aldea, la patria chica, del barrio. Sobre todo en el fútbol esa patria chica, que Lamadrid no desaparezca y siga en pie, te brinda una pertenencia, identidad, figuras que necesita el fútbol para expresar: somos esto.
Alguna vez, con sabiduría, alguien expresó que en el deporte conviven el circo y el templo. No es todo circo, no es todo templo. Supongo que se necesita esa convivencia.

“El Mundial 78 jamás le perteneció a Videla, aunque él lo quisiera” F. Moores

CS: -Es cuestión de Estado. Debe serlo siempre, el Estado es fundamental, su intervención-presencia es decisiva para aspectos puntuales de la vida de un país, y claro que entre ellos está el deporte.

-Entonces, ¿a ese Estado, a esta política, le hace falta un Emanuel Ginóbili?

CS: -Claro. Un deportista que deslumbra a los 40 años con su frescura no sólo es necesario para la política sino también a sectores que están vinculados con la vida del poder y no tienen un Manu. Alguien que te deslumbre con una jugada, pero sin egoísmos; Ginóbili es referente de la solidaridad en pos de su equipo. Puede resolver y puede ayudar a que otro lo haga, lo hace sin ningún egoísmo, es referente solidario de su equipo.

EFM: -Nunca me gustó ni creí en el modelo perfecto. Creer que todos vivimos en pos de una pureza. Después, cada uno decide hasta dónde le va a llegar el barro. Porque estamos en él, necesitamos un salario, el que se nos paga no coincide con nuestra aspiración y etcétera. No creo en ideales en la política, me interesan quienes están más atentos al interés popular.
Ginóbili, su compromiso con el juego, es de las mejores expresiones de lo que puede ser el deporte. A cualquier edad, puesto, desde el banco, titular, frente a cualquier rival. Juega en un deporte colectivo y arrastra a sus compañeros desde su compromiso. Es extraordinario y deslumbra por contagio. Es uno de los tipos que más admiro en el deporte. Aún cuando su compromiso social sea de pequeña expresión; y me pasa lo mismo con Messi. Desde ya que con una adhesión social más relevante serían más que superhéroes.

-En los ’80 Les Luthiers ironizaban que en el país “el que piensa pierde”. ¿Tiene vigencia hoy?

EFM: -No lo sé. Es difícil generalizar, representar lo que “la gente” piensa. Cuando escribo, comento o analizo, no tengo ni idea para quién lo hago. Trato de no subestimar ni sobreestimar. Necesito estar informado sobre lo que escribo, hacerlo de un modo ameno. Si algo me interesó, quiero que también le suceda al lector o al oyente. Qué pasa después, no lo tengo muy claro. Trabajo y me gano la vida con el periodismo desde hace más de cuarenta años, entonces infiero en que quizás lo hago bien.

CS: -A nivel deporte hay que pensar siempre. Defiendo esa actitud, no hay que ser mecánico. Por eso hablamos de equipos vertiginosos a los que les falta alguien que piense. En la vida es fundamental la reflexión, tomar una pausa y pensar aunque nos quieran hacer creer que no está de moda.

-¿Duele el Mundial 1978?

CS: -Siempre. Por el momento en el cual se dio. Vengo de un lugar donde sabía qué estaba sucediendo y escuchar en aquellos tiempos que “los argentinos somos derechos y humanos”, teniendo la certeza del contraste de tanto padecer, deja heridas que permanecen.
Si el campeonato se hubiera logrado en 1994, otra sería la historia. Insisto, la Selección no tiene que ver con el contexto.
Me dolía ver que un equipo que volcó en la cancha un sentimiento colectivo era aprovechado por dictadores. Nada le quita méritos futbolísticos a esos campeones, porque se jugaba de una forma como no se vivía.

EFM: -Carlitos Ferreira lo definió en un poema, como un “carnaval insensato”. Creo que es una figura posible. Sucede que el fútbol, aún en medio del dolor, es de la gente. Jamás le perteneció a Videla, aunque él lo quisiera.

Y es final del juego/charla, Ezequiel Fernández Moores (@DiganmeRingo) y Carlos Stroker (@ CarlosStroker) se abrazaron en la despedida. Antes negaron formar parte del renacentismo periodístico nacional. “Me gustaría ser Da Vinci (Leonardo), pero no inventé nada. Me conformo con agradecerle a Gutenberg (Johannes), me encanta escribir en papel”, reseñó Fernández Moores. Stroker gambeteó el elogio con una cuestión temporal: “¿Renacentista? Mirá, no cites muchos lugares donde trabajé porque los lectores van a sacar cuál es mi número de documento” (carcajadas).

Recuerdos mundiales que todavía duelen

En 1978 el universo futbolístico del país se dividía en menottistas y lorencistas, desde el exitoso Boca de Juan Carlos Lorenzo. No se avizoraba todavía la génesis del bilardismo universal. Al desgarrador trascender de lo hecho por la dictadura, antecedió la prescindible discusión mediática de estilos futboleros. “Pensar que gritábamos goles a metros de la ESMA”, se arrepentía mi finado padre respecto de nuestra asistencia al Monumental. Stroker explicó que él sabía lo que sucedía, Fernández Moores admitió que aún lo altera el uso y abuso dictatorial de Argentina 78. Ambos eximen a la Selección de César Luis Menotti del capítulo tenebroso para la primera Copa Mundial que ganó Argentina.

Abarcaron el 6-0 a Perú. “Si algo se arregló desde el poder, jugadores y entrenador no lo sabían y jugaron”, comentaron. La Selección ya había goleado a los de Chumpitaz y Oblitas en el verano de ese año, en Lima. Detalles respecto de la final, duele algún pisotón al fair play que luego consagró en AFA José Pekerman. Se dejó a Holanda varios minutos bajo la presión del público, a la espera de rival y del juego. Luego hubo un reclamo por el yeso/vendaje de Rene van de Kerkhof. El preparador físico de Argentina, Ricardo Pizzarotti, invitado a la mesa de Mirtha Legrand, el lunes posterior a la consagración, admitió risueñamente que habían apelado al “lorencismo”.

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