Empieza este sábado la cita cinéfila del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Es la edición 33, y se puede decir que, vaivenes administrativos o presupuestarios o políticos aparte, ha logrado desde su regreso en 1996 un perfil propio. Mar del Plata es, sobre todo, una cita amable en un lugar que llama a pasarla bien. Y pasarla bien implica también poder pensar mejor lo que se ve.

Hacer una nota de recomendaciones es ocioso por varios motivos. El principal: uno no sabe más que de aquello que tiene potencial, así que el lector debe tener en cuenta en esta nota que todo es riesgo. Eso nos lleva a un segundo motivo: la mejor manera de vivir un festival de cine es sin red, ir a cualquier sala de manera aleatoria y ver qué se encuentra. Dada la calidad de curaduría que tiene esta muestra, es seguro que siempre va a haber algo interesante a cambio de los $ 45 (o $ 25 si se es estudiante o jubilado) que cuesta el ticket.

Eso sí, dos cosas importantes: hay menos funciones por película (dos en general) y dura un día menos, hasta el 17. Así que es bueno mirar bien la grilla antes de lanzarse (se puede encontrar en el sitio oficial, lo mismo que la versión digital del catálogo: http://www. mardelplatafilmfest.com/es).

Ahora, lo que haría el que escribe. En principio, ver los cortos de Maya Deren, una cineasta que está en el origen -junto con Jonas Mekas, por ejemplo- del cine independiente americano. Pero es mucho más que eso: es una de las personas que mejor trabaja la idea del cine como arte de la realidad. Indispensable, pues, para entender mucho de la pantalla contemporánea.

Después, hay varios títulos increíbles en Competencia Oficial. Más allá del nuevo filme de Barry Jenkins (If Beale Street Could Talk), el realizador de la oscarizada Moonlight, van la curiosa y vanguardista obra de terror del argentino Alejandro Fadel Muere, monstruo, muere, que se vio en Cannes, la exquisita obra de Rita Azevedo Gómes Una Portuguesa (atención si no la conocen) y el largo de la francesa Marie Losier Cassandro El Exótico!. Ambas directoras pasaron por Bafici con enorme éxito y aquí traen lo nuevo.

Tampoco me perdería (aunque es complicado, porque son ocho horas de proyección) Dead Souls, de Wang Bing, el cineasta chino que tiene genialidades en el campo del documental (Al oeste de las vías, por ejemplo, otra película larga). Explora la parte invisible de los cambios económicos en su país, es decir desde el punto de vista de quienes quedan al margen de las reformas, y lo hace de modo fascinante.

Este año la sección Estados alterados, que tiende a la experimentación y lo más radical, se transformó en competencia. Aquí hay que ir al azar (aunque quien esto escribe conoce lo que ha hecho Flavia de la Fuente, que presenta La ciudad y los patos, y seguramente la verá) porque cada película implica un desafío. Para otra clase de cosas está el cine de todos los fines de semana.

Hay dos películas únicas que no deberían perderse. Una es la versión restaurada del clásico argentino El último malón. Es una auténtica joya que va a sorprender a más de uno por su mirada respecto de los nativos argentinos y su no poca épica. La otra es Out of the present, de Andrei Ujica. Es la historia real de un astronauta que pasó mucho tiempo en la estación MIR. Despegó como soviético y volvió a la Tierra cuando la URSS ya no existía. La película es absolutamente brillante y el propio Ujica estará en Mar del Plata.

También andará por allí Léos Carax, un realizador con pocos largos pero importante, porque implicó la articulación entre la naciente crítica cinematográfica de los años 80 y el nuevo cine francés de entonces. Aquí casi no se han visto su primera y su última película (Boy meets girl y Holy Motors, respectivamente) pero sí Mala Sangre y Los amantes de Pont Neuf. Solo la secuencia musicalizada con “Modern Love” de David Bowie en Mala Sangre -y la jovencísima Juliette Binoche- valen una visita.

Otra película imperdible es The Last Movie, la mejor que hizo como realizador el también actor Dennis Hopper, muy superior -créanme- a Busco mi destino o a Vigilantes de la calle. Es en gran medida un filme maldito, y quedó bastante olvidado, y lo que vamos a ver es la versión restaurada, lo que implica prácticamente verla por primera vez.

Seguramente Bruno Dumont puede considerarse uno de los directores más serios del cine de hoy. Podemos además contar sus obsesiones alrededor de la violencia, la religión y ciertos tiempos lentos pero siempre tensos. Pues bien, el año pasado presentó una delirante serie llamada P’tit Quinquin y este año va con cuatro episodios de 50 minutos cada uno sobre las andanzas también delirantes del mismo personaje, crecido, que ahora se llama Coincoin. El asunto se llama Coincoin et les z’inhumaines y promete ser punto alto. Otro delirio es Mandy, protagonizada por un Nicolas Cage en estado de desate absoluto y dirigida por Panos Cosmatos, que incluye ultraviolencia, gritos y una cantidad de elogios de la crítica internacional pocas veces leída. Esa función se va a llenar.

Imperdible es también Burning, del maestro del melodrama surcoreano Lee Chang-dong, película que anduvo por Cannes y que fue seleccionada para los Oscar que viene. Y no falta el otro amigo surcoreano, Hong Sangsoo, que ya es un clásico en estas pampas (deberíamos plantear una retrospectiva: tiene muchísimos fans) que aparece con su última producción (hasta el momento de escribir estas líneas, porque filma de a dos o tres películas por año), Hotel by the River.

Y mi debilidad (perdonen la primera persona) es el chino Jia Zhangké, y se verá Ash is purest White. Si me quieren saludar, andaré en esa función.