Después de la columna del lunes pasado en la que señalamos el fenómeno del corsi e recorsi de las PPP en España, podríamos fundar un espacio con ese nombre para analizar las relaciones en y con el viejo continente. Historia circular, cíclica o pendular. Rumiante. Esta vez, el joven maravilla, súper capacitado y tecnológico, el presidente de Francia, Emmanue4l Macron, se vistió con uniforme clásico de De Gaulle para agriarle el fin de la gira a su parónimo argentino Mauticio Macri.

La agencia Reuters utilizó como paratexto de sus imágenes y artículos de información y opinión para cubrir el encuentro presidencial franco-argentino la frase: “El acuerdo permanece bloqueado por la inflexible posición de Francia en defensa de su sector agrícola- ganadero”. Una oración que cualquier navegador o buscador de internet puede localizar en forma indistinta, en la Parí de enero de 2018 o de 1966, y pronunciada por el presidente francés de turno. La referencia al acuerdo, esta vez, es alusiva al pacto entre la Unió Europea y el Mercosur que no logra avanzar en estos últimos 13 años y que el argentino pretende destrabar.

Más de medio siglo atrás, otro presidente francés, el general De Gaulle, también en “defensa” de su producción agrícola ganadera, suspendió la Política Agraria Común (PAC) que la Comunidad Económica Europea (CEE) proponía llevar adelante con la utilización de un sistema de toma de decisiones, que en aquella “Europa de los Seis” no exigía unanimidad. El jefe de la Resistencia Francesa (en el exilio) retiró sus representantes y dio espacio a lo que se conoció como la crisis de la silla vacía. No podía presentarse ante el campesinado local aceptando una PAC en la que no creía, ni había votado.

Inmediatamente exigió la reposición de la unanimidad para la aplicación de políticas que pudieran afectar “intereses nacionales”, instalando una especie de sistema de veto que demoró la puesta en marcha de la toma decisiones comunitarias, diferenciadas del derecho internacional público por su no exigencia de unanimidad.

El Acuerdo de Luxemburgo de enero de 1966 retrotrae el avance comunitario para los procedimientos de toma de decisiones de la CEE a la estructura de su fundación y la mantuvo hasta la siguiente década cuando De Gaulle ya no ejercía la presidencia.

El acuerdo está bloqueado por la inflexibilidad de Francia. ¿Es 2018 o 1966?

La salida del poder del héroe francés de la Segunda Guerra también permitió la incorporación del Reino Unido a la CEE, que había sido rechazada por Francia en 1963 y 1967. Historia circular.

El romanticismo de las internacionales (socialista, socialcristiana, socialdemócrata, etc.) cedió a las recetas nacionalistas como método de legitimación del poder interno de los estados soberanos. Murieron la utopía y el compromiso mundial de progreso social común que ni la lucha de clases ni el mundo bipolar pudieron resolver.

Ralentizado el Brexit, Francia no recupera su esplendor

Ralentizado el Brexit, Francia no recupera su napoleónico esplendor. Alemania es la locomotora de la economía europea y Macron se esfuerza por no perder, al menos, la influencia política de su país como socio fundador de la actual UE. Días antes de recibir al Presidente de los Argentinos, se paseo por el centro de su territorio para ratificarle a sus hombres de campo la voluntad política de rechazar los tratados que permitan la llegada de carne argentina (y del Mercosur) a Europa. Mientras recita letras de Le Pen adentro de su frontera, proclama la carne francesa como una marca europea superior a sus viñedos, repite el idioma internacional de los derechos humanos que usaba Sarkosy para rechazar el ingreso de Turquía a la UE hasta tanto no reconozca el Genocidio Armenio. Macron va formando su liderazgo. En la ronda que sigue en Bruselas entre la UE y el Mercosur, tiene otro socio para taponar el comercio alimenticio interzonas, Polonia se suma en la nueva Europa como potencia agropecuaria.

Todo igual que año a año en la ronda Doha, la Oorganización Mundial del Comercio sigue sin incorporar el tema en la agenda internacional del comercio, que siempre habla (solo) de libertad para la circulación de la producción industrial y tecnológica, negocio central de las grandes potencias.

Agenda cíclica y pendular. Por transgénica o transoceánica, la UE no se traga nuestra carne. Seguirán masticando el problema. Rumiantes.

Especial para BAE Negocios