Mate Ayerza escribió diarios desde chica pero un día los quemó. "Comencé en la infancia a escrbrirlos. El ritual era una suerte de expiación, una alternativa al vómito que me provoca releerme tan pusilánime y exenta de felicidad". Acaba de publicar su novela que tiene que ver mucho con encontrarse y dialogó con BAE Negocios.

 _ ¿Cómo surgió está novela?

 _ Fue de casualidad mientras hacía trueque con mi profesora de Narrativa. Una hora de flexibilidad y una hora de escritura. Cuando le pregunté por dónde empezaba, contestó con firmeza: novela. Si no jamás me hubiera animado.
 

_¿Cuánto tiene que ver con vos la protagonista?

_Muchísimo. La llegada de los inmigrantes en los barcos fue real. Así como los personajes fundamentales. La línea que separa la ficción solo se bifurca en la trama. Por eso no tenía que cuestionarme si era creíble. En las correcciones tuve que aligerar con hechos cotidianos y nombres de lugares, para menguar la intensidad. Lo malo de esto es: que quién me conoce está buscando a la persona detrás del personaje. Hice un trabajito en el proceso, para superar la vergüenza. Al fin y al cabo todos albergamos un diccionario de sentimientos, pero no siempre se presta. Están quienes  dicen preferir la verdad, pero cuando esto sucede no gusta. Porque no existe tal verdad sino interpretaciones, grises y lados b.
 

_¿Por qué Sangre y dulce de leche?

_ Alude a la sangre, que se veía marronosa dentro de la media ortopédica, cuando se le explotaban las venas a la niñera. Esta le decía a la chiquita que era dulce de leche, para que no se asuste. La sangre habla de un cuerpo vital y doliente, perder un embarazo, dejarse comer por otro o privarse de ingerir.

_Decís Sobreviví a lo que esperaban de mí. ¿Cómo lo reflejas en la novela?

_Los mandatos femeninos son ancestralmente dictatoriales. Madre abnegada, esposa multifacética pero obediente y fiel. Amarse para toda la vida, acatar leyes impuestas por hombres o por la religión.

 _¿Cuánto nos marcan nuestras raíces?

 _Estoy muy agradecida de mi genética, tengo la fuerza para resolver. Pero lo bueno y lo malo nos pasa a todos, y es la interpretación que le damos a los hechos lo que nos potencia o aplasta.

 _¿Podemos escapar de ellas?

 _Negar nunca solucionó algo.

 _¿Idealizamos a nuestros padres?

 _Necesitamos hacerlo, luego los aplastamos para terminar enalteciéndolos. Es un error común juzgar a una generación según las reglas de otra. Los bordes con los que nos asimos ante la incertidumbre van cambiando. Profundidad y espesor son características que solo se logran con los años.

_¿Fue complicado desde lo afectivo escribir esta novela?

_No, lo disfruté, afloró salvaje. Por eso el estilo “sin estilo”. Fue fuerte haberme equivocado al ficcionar, cuando corregía salían los nombres de las personas reales a modo de fallido.En un momento vivía como desde la novela, soñaba co ella. Inventar es mucho más difícil que traducir.

_¿Con qué te parece que el lector se va a sentir identificado?

_Con la franqueza de afrontarse y animarse a sentir. La infancia sin problemas de hambre y aparentemente necia, marca un rumbo libre. La importancia de un afecto constituyente en el recuerdo como sostén permanente. La necesidad de ser protagonista del cambio, afrontando la propia miseria. Y el abandono de la redondez de los finales felices. 

_¿Cómo estas transitando la cuarentena, te permite escribir o por el contrario?

_Escribir exige cierta distancia y estoy poniendo énfasis en el presente. La cuarentena me agudizó la conciencia del ahora. Ya no quiero vivir con los días organizados como entre capas de panqueques aplastándome. Ya me diluí demasiado entre la tristeza, y esta cuarentena me regaló un tiempo precioso con mi hijo, que no pienso despilfarrar yéndome con el pensamiento a ningún lugar fuera de lo esencial.

_El malestar: ¿puede ser motor de la escritura?

 _Si, ese fue el comienzo. Pero ahora escribo desde lo común. Rescato cada amanecer y mientras se calienta el agua el agua para el mate, organizo el desorden que deja la noche predisponiéndome a sentir. O evocar a los afectos que reelijo; aquellos que sonríen al pasar el trapo por la mesada antes de irse a dormir.

_¿Qué te gustaría que los lectores encuentren en la novela?

 _Que no se frustren ante imposibilidad de cerrar con felicidad ninguna búsqueda. Porque lo que vale es la transformación que resulta luego de demolernos.

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