Con un libro, con el celular o, mucho mejor, en compañía de los propios pensamientos errantes, cenar solo en un restaurante es una experiencia cada vez más elegida por legiones de clientes en países de Europa, Asia y Estados Unidos. La tendencia está despuntando en Argentina y los chefs locales ya le subieron el pulgar al nuevo hábito.

Ese oasis gastronómico personal es un regalo reconfortante que muchos ven como una oportunidad de encontrar un poco de quietud y disfrutar más intensamente la salida gourmet.

Tiempo atrás, se estigmatizaba al comensal solitario y no muchos se animaban a plantarse con decisión ante la mesa tendida para uno. Hoy, en cambio, estos "valientes" son vistos con beneplácito por los chefs y hasta existen restaurantes diseñados para animar esta modalidad de clientes. La tendencia fue incluida en la lista 2018 del observatorio gastronómico de Healthia Certification.

En Amsterdam hizo punta hace unos años Eenmaal, el primer restaurante para personas que prefieren comer sin compañía y sumergirse en una "desconexión personal". En holandés, su nombre significa "Una vez", por su modalidad pop-up, itinerante. Su espíritu se define como un "proyecto creativo sobre la soledad en la sociedad". Tras su apertura inicial temporaria en 2013, el mes pasado reabrió sus puertas.

La propuesta que llega desde Asia puede ser más extrema. El restaurante "Ichiran" se ubica en Japón, Hong Kong y Estados Unidos, no tiene mesas, sino recintos o cajas llamadas "cabinas de concentración de sabores" para una sola persona, un estilo similar a un locutorio que propone aislamiento con el entorno.

Pero más allá de estas versiones conceptuales, también en restaurantes menos especializados se ven clientes individuales en tablones comunitarios, mesas de dos o barras generosas

El solo dining es una partitura cada vez más escuchada en el ámbito local. Los chefs consultados por BAE Negocios ven con buenos ojos la tendencia.

“En pubs y gastropubs en Europa es súper común y en Argentina por suerte es cada vez más frecuente. Tiene que ver con la costumbre de la persona, pero también con lo que propone el local tanto a nivel carta de comidas y bebidas como a nivel disposición del mobiliario, música, ambiente, etc”, señala Manuel Miragaya, socio, chef y sommelier en Growlers. Según comenta, esto se ve en la cervecería. “Hay mucha gente que viene sola. Algunos vienen a comer solos y disfrutan ese momento así, y otros vienen a comer solos, pero también a conocer más gente”.

Por su parte, Alfredo Sansone, dueño de Puerta del Inca, restaurante con lo mejor de la gastronomía peruana implantado en un pasaje histórico de San Telmo, destaca el cambio de época. “La tendencia es positiva. Hoy por hoy es solo un tabú tener que ir a comer acompañado. Creo que la tendencia ya está llegando a la Argentina”, apunta.

Aunque son muchos los que se animan, en porcentaje de reservas la proporción es baja. “Es muy normal y frecuente que pidan mesa para uno más allá de que hoy en día casi no hay reservas de este tipo. Son comensales que eligen el lugar y vienen directamente. Acá muchas veces prefieren y disfrutan más de comer en la barra”, señala.

Lucas Hurtado, socio de Luzmala Bar, coincide en que son muchos los clientes individuales pero pocos reservan para una persona con anticipación: una de diez reservas son de estas características.

“En los restobares con coctelería, como el nuestro, pasa mucho que venga gente sola ya sea a tomar o a comer. En especial lo hacen en la barra, porque disfrutan de la charla con los bartenders, de ver el ir y venir de las preparaciones, el movimiento de la barra durante el servicio y el ambiente que se genera alrededor de todo eso”, indica.

Como pez en el agua

No pocos chefs sienten un halago extra por tener clientes solitarios que eligen comer en su restaurante, ya que no fueron arrastrados hasta ahí por amigos o parejas.

Quien se sienta a comer solito con su alma en el restaurant de Sydney “Fire door”, puede recibir de premio sorpresa una gran pecera con un pez dorado. Según el sitio australiano Goodfood, el chef y dueño del local Lennox Hastie, entrega temporalmente esta mascota por la noche como una forma de darle la bienvenida a quienes comen por su cuenta. Las ondulaciones rojizas de este pez siamés bautizado Ember evocan las llamas y destellos de los carbones encendidos en la cocina de esta parrilla. “En realidad es un cumplido enorme para mí como chef y dueño de restaurant cuando alguien viene y come solo en mi local”, destaca Hastie.

El professor Charles Spence, investigador de la Universidad de Oxford y autor de “Gastrophysics, The New Science of Eating,” en una entrevista realizada por Businness Insider apunta a los smartphones como uno de los factores que contribuyeron a abrir paso a esta tendencia. “Tenés tu propio entretenimiento. Uno puede estar tan ocupado sacando fotos de la comida como comiéndola”, dice. Y destaca también que los empresarios del sector se dieron cuenta de que había ahí un nicho de negocio y están tratando de explotarlo con mesas destinadas a este público.

Si bien para muchos comer de a uno o en alegre montón no cambia la experiencia culinaria, otros sí ven un aditivo especial.

“Creo que una comida se disfruta más solo, ya que el foco se encuentra en la comida y bebida, en vez de en la charla o en el acompañamiento”, sostiene Hurtado, de Luzmala Bar.

En Growlers, la atención favorece a quienes se entregan al monólogo gastronómico. “Muchos disfrutan el momento de comer solos. En nuestro caso no es sólo por tener propuestas de comidas, sino por el tipo de servicio que favorece al que viene solo. Por ejemplo, quien viene a Growlers el momento de abonar se da al realizar el pedido, eso hace que cuando el cliente terminó su cerveza y comida, se puede levantar e irse si así lo quiere”, explica Miragaya.

Lejos de los tiempos en que el cliente en mesa de uno era visto como “rarito”, disfrutar en silencio de un banquete individual es un placer que cada vez más personas se animan a regalarse.

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