Debutó hace dos años y sorprendió con su enfoque diferente. No es una tira más sobre asesinos seriales: se centra en los primeros avances de los estudios pioneros sobre la psicología criminal. Así, con una fórmula que cambia las escenas sangrientas por debates teóricos y entrevistas con los condenados, Mindhunter se ganó un lugar destacado en el universo disímil de la oferta de streaming. Claro, tenía una ventaja adicional: la visión de David Fincher.

Ahora, esta creación del director de Pecados Capitales, El club de la pelea y Red Social vuelve renovada, con la misma maestría pero mucho más para contar. En esta segunda temporada, que se estrenó el viernes pasado por Netflix, la historia se traslada del trabajo de oficina en el sótano a participar mucho más en la calle. A medida que las teorías desarrolladas por el equipo formado por los detectives Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany) junto a la psicóloga Wendy Carr (Anna Torv) ganan fuerza y prestigio, los agentes son convocados a participar en la resolución de un caso que conmociona al país.

Esta vez, el relato se muestra más desdoblado y sinuoso que en la entrega anterior, pero, aunque se desfleca en varias subtramas, Fincher nunca pierde el hilo para armar la trenza de lo que está contando. Así, durante la temporada se abordan también las vivencias privadas de los protagonistas: las experiencias sentimentales de la Dra. Carr, la recuperación de Holden de la crisis nerviosa con la que colapsó en el final de la temporada pasada y, sobre todo, un problema familiar que Tench debe enfrentar en medio de las tensiones por sus exigencias laborales.

Sin perder la esencia de la propuesta, Finch vuelve a poner en escena entrevistas con algunos de los mayores asesinos seriales de Estados Unidos. Alerta spoiler: junto con el regreso de alguna cara conocida, se da el gusto de incluir nada menos que al personaje de Charles Manson, charlatán que no resulta tan revelador para la investigación pero brinda a Holden una dedicatoria tan genial como escalofriante.

El director de Pecados capitales despliega una vez más su talento

Búsqueda implacable
Los asesinatos de Atlanta, un caso real que conmocionó a los Estados Unidos, es central en esta temporada. Los detectives viajarán a esa zona a contribuir a la caza del criminal contando como herramienta con sus teorías sobre el perfil de los asesinos seriales. La trama gana algo de ritmo de thriller con este ingrediente. No será una investigación fácil de transitar. Los protagonistas lidian con las trabas del sistema y sus estudios de vanguardia se verán cuestionados constantemente, especialmente por las fuerzas policiales. Deberán aferrarse entonces a sus creencias para sostener su corpus de trabajo, porque como les advierte el propio ED Kemper, el asesino gigantesco que le da un abrazo a Holden sobre el final de la temporada anterior, “todo lo que saben de los asesinos en serie proviene de aquellos que lograron atrapar”.

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Paula Boente

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