Las noticias que se hacen virales, alcanzan un amplio margen de difusión, circulando, a través de las principales redes sociales, de una forma similar a como lo hace un virus. Pasan de un individuo a otro, como en un contagio, y rápidamente se extienden y se hacen masivas, sin importar que sean mentiras o verdades a medias. Estas noticias se transforman en un mercado de titulares que pretende enganchar nuestra curiosidad. Una forma poco noble de presentar la información.

Históricamente, los medios de comunicación han demostrado ser una vía muy eficiente a la hora de moldear la opinión pública. Gracias a ellos se han creado o destruido movimientos sociales, se han ocultado crisis financieras y se han estimulado corrientes ideológicas. A veces han sido herramientas psicosociales para mantener distraído al público de lo realmente importante. De esta forma y a menudo, los verdaderos problemas que padece la población son difuminados mediante la manipulación de su opinión, consiguiendo una sociedad más sumisa y menos crítica.

La realidad es presentada por los medios después de haber sido sometida a un "encuadre", o sea, a un determinado enfoque que privilegia unos elementos y resta importancia a otros. De este modo, lo que se nos presenta como "realidad" es solo una parte de ella. La atención o el interés de las personas son manipulados y dirigidos, deliberadamente, hacia algunos aspectos.

La manipulación está a la orden del día en el mundo actual. Se manipula desde el poder, desde los medios de comunicación y también en las relaciones interpersonales. Con cierta frecuencia encontramos algún maestro de la manipulación; se trata de una conducta encubierta, que no siempre es detectable para la víctima. Es una forma de chantaje emocional. Se pone en marcha una conducta para inducir al otro a que piense, sienta o actúe -sin darse cuenta- de la forma en que el manipulador quiere que lo haga.

Las personas manipuladoras sufren y hacen sufrir a los demás, desde una personalidad narcisista y maquiavélica. Tienen una permanente necesidad de quedar por encima de todos; no soportan que los demás tengan éxito. Utilizan para su beneficio las debilidades ajenas, detectando y explotando las inseguridades de todos. Maestros de la victimización constante: la "infancia difícil", los "hijos ingratos", la "mala suerte" y otras fórmulas por el estilo son favoritas de estos chantajistas de emociones. Por lo general, se autoproclaman jueces de la vida ajena y se convierten en especies de "guía espiritual".

Una mirada, un gesto o unas pocas palabras pueden ser suficientes para tener a otra persona a sus órdenes. Sin embargo, la manipulación se ejerce alimentando el miedo o mediante el intercambio de favores. Dos grandes formas de manipular o influir. Una se basa en la imposición, mientras que la otra en la conformidad. Ser obedientemente ciego o sumiso en dependencia, lleva a muchas personas a ser manipuladas o coercionadas.

El chantaje emocional está infiltrado en nuestras relaciones, suele hacerse de manera inconsciente y llevado al extremo puede dejar una herida emocional muy dañina para la persona que lo sufre. Hay situaciones donde la razón no puede llegar. Pero donde la razón no llega siempre están las emociones, que nunca nos engañan porque hablan por sí solas.

"Ningún hombre es libre si no es dueño de sí mismo". Una pasajera crisis de depresión, ciertas pérdidas, la incapacidad para tomar decisiones, pueden provocar que algunas personas caigan en un vacío existencial enorme. El miedo que paraliza y el conformismo que acostumbra, pueden ejercer un gran efecto negativo sobre la psicología humana haciendo que cualquier persona se sienta como un invitado a su propia vida y no el dueño de la misma.

Padecemos una especie de subdesarrollo emocional que nos impulsa a ciertas conductas autodestructivas, tanto en nuestra vida pública como en la privada. Para no caer en la manipulación urge un camino que nos permita una manera de ser más sanos; camino que está íntimamente relacionado con el amor y la libertad.

"Cualquier lugar, cualquier tiempo, un hermoso jardín con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos felices y satisfechos. Todo era alegría excepto por un árbol profundamente triste: no sabía quién era.

"Lo que te falta es concentración", le decía el manzano. "Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves qué fácil es?"

"No lo escuches", exigía el rosal, "es más sencillo tener rosas y ¿ves qué bellas son?"

Y el árbol se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín el búho, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:

"Tu problema no es tan grave. No dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas; sé tú mismo.

De pronto, comprendió... "Jamás daré manzanas porque no soy un manzano, ni floreceré porque no soy un rosal. Soy un roble y mi destino es crecer grande y majestuoso. Tengo una misión: quiero cumplirla."

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser dueño de su propia vida. Así, pronto fue respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz."