Ningún camino está exento de obstáculos. La dificultad aparece casi a cada paso y puede ser una excelente oportunidad para crecer. Sin una gran experiencia en superar dificultades y en capitalizar fracasos nadie está capacitado para cosechar éxitos notables. Las personas de éxito no se han rendido y han seguido aprovechando sus errores. Decía Michael Jordan: "He fallado más de 9000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 juegos. 26 veces han confiado en mi para tomar el tiro que ganaba el juego y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida y eso es por lo que tengo éxito".

La experiencia de equivocarse hace reflexionar sobre la verdadera naturaleza de las circunstancias y ayuda a la transformación y al crecimiento. Colabora también en la propia capacidad de recuperación. Lo conflictivo es que no siempre se confía en tener las herramientas y opciones necesarias para arreglar las distintas situaciones. No se confía en el propio poder, en ese enorme potencial interior. La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito, porque somos distintos y cada uno de nosotros solucionaremos el mismo problema de forma diferente.

Goethe dijo poéticamente: "La paloma protesta contra el aire, sin darse cuenta de que es lo único que le permite volar". En la vida, para crecer, hay que ir superando obstáculos. Después se quiere más. Más altura. Más nivel. Más dificultad. Más vértigo. Más cosquilleos en el estómago. Más adrenalina. Y lo que en un principio era pura supervivencia o un mero camino para conseguir un objetivo se acaba convirtiendo en una forma de vida.

Un problema es una oportunidad y un fracaso puede ser el comienzo de un triunfo. De todos modos, el triunfo y el fracaso, en realidad, son instantes pasajeros, casi accidentes del destino. Lo realmente importante son los procesos. "No me juzgues por mis éxitos, júzgame por las veces que me caí y volví a levantarme", llegó a decir Nelson Mandela. El éxito necesita años de trabajo, de fallos y decepciones silenciosas. Lo cierto es que nadie comete errores voluntariamente, sino por falta de conocimiento o paciencia. En vez de ver y juzgar los errores como algo malo y negativo, hay que empezar a valorarlos como ocasiones para aprender a hacer las cosas de una manera mejor.

No importa lo que cada uno haga en su vida; por norma general habrá momentos en que las cosas no salgan según lo planeado, momentos en que todo parece estar funcionando en contra. Momentos en que da ganas de darse por vencidos y abandonar la lucha. Pero la energía y la persistencia conquistan todas las cosas. Talento y conocimientos sirven de poco, si no se es persistente. El primer tropezón sirvió para que aprendiéramos a caminar, la primera vez que nos caímos sirvió para que aprendiéramos a andar en bici y la primera vez que confiamos en un amigo y nos traicionó, sirvió para que fuéramos más inteligentes.

Séneca escribió: "No hay hombre menos afortunado que aquel al que la adversidad olvida, pues no tiene la oportunidad de ponerse a prueba". Lamentablemente la mayoría de la gente gasta más tiempo y energías en esquivar los problemas que en tratar de resolverlos. Las dificultades tienen la función de hacernos ver que es urgente reducir la velocidad y el ritmo de nuestra vida, que debemos centrarnos en las prioridades y volver al equilibrio emocional.

El éxito necesita años de trabajo, de fallos y decepciones silenciosas

Nos pasamos la vida adquiriendo conocimientos, hábitos y costumbres. Y toda esa experiencia influye, y mucho, en lo que finalmente somos o creemos ser. Todo, absolutamente todo, ha supuesto un esfuerzo y una dificultad al empezar. "Difícil"; esa es la palabra de la que a veces nos hemos aferrado para no intentar lo posible. Pero, como diría Viktor Frankl, "si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento".

"Había una vez un hombre que tenía cuatro hijos. Él buscaba que aprendieran a no juzgar las cosas tan rápidamente; entonces los envió a cada uno, por turnos, a visitar un árbol que estaba a gran distancia. El primer hijo fue en invierno. El segundo fue en primavera. El tercero en verano. El cuarto en otoño. Cuando todos ellos regresaron, los llamó y les pidió que describieran lo que habían visto.

El primer hijo mencionó que el árbol era horrible, doblado y retorcido. El segundo lo negó, diciendo que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas. El tercer hijo no estuvo de acuerdo; el peral estaba cargado de flores, tenía aroma muy dulce y se veía muy hermoso. El último de los hijos dijo que estaba maduro y lleno de vida, pero marchitándose por tanto fruto. Entonces el hombre les explicó a sus hijos que todos tenían la razón, porque ellos solo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol. Y les dijo que no deben juzgar por solo ver una de sus temporadas, que la esencia puede ser medida al final. Si se dan por vencidos en el invierno, habrán perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano, y la satisfacción del otoño. No juzguen la vida por solo una estación difícil".

Ver más productos

Miles de personas llegaron a la Plaza de Mayo desde distintos puntos de Capital y Gran Buenos Aires.

17 de octubre: una lealtad eterna

Francisco inédito: el silencioso camino de fe que lo llevó hasta el Vaticano

Francisco inédito: el silencioso camino de fe que lo llevó hasta el Vaticano

#ElChacal, el personaje que te informa.

Cómo surgió #ElChacal, el personaje que te informa y divierte

En cronishop.com.ar podés encontrar algunos de los mejores vinos y espumantes del mercado.

¿Cómo atraer a los Millennials al mundo del vino?

Francisco sacó al jefe de su custodia

Francisco sacó al jefe de su custodia

Ver más productos