El idealismo exagerado nunca es bueno, sobre todo cuando trae como consecuencia la frustración nacida en el choque contra la realidad, casi siempre gris, compleja y, muchas veces, decepcionante. Sin embargo los ideales y los sueños permanecen.

Un día común en nuestra vida nos encuentra a menudo- con muchos sueños. Vamos imaginando cómo sería nuestra vida si no fuera la que tenemos, qué haríamos en otras circunstancias. El resto del tiempo se lo lleva la rutina y nuestros quehaceres diarios. Nos encontramos divididos entre lo que somos y lo que nos gustaría ser, entre nuestra realidad y nuestros anhelos.

Somos seres humanos y, por eso, estamos cargados de sueños; estamos ligados a nuestra imaginación, a los proyectos y a las aspiraciones que tenemos cada uno. Somos aquello que soñamos y soñamos aquello que somos: nuestros sueños provienen de la zona más privada de nosotros mismos, del lugar donde también albergamos deseos, traumas, preocupaciones y ganas de crecer en plenitud.

Decía Eduardo Galeano: "De nuestros miedos nacen nuestros corajes y en nuestras dudas viven nuestras certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios otra razón." Por eso los sueños son tan importantes en nuestra vida; tanto como cumplir el sueño, hacerle caso, escucharlo y darle prioridad.

No se trata de una ensoñación ilusoria e irracional, sino de saber hasta dónde podemos llegar, creer que podemos hacerlo y obrar. Hay que atreverse a soñar, a interpretar los sueños y a conocernos sin quedarnos dormidos. Decía Don Quijote de la Mancha "Soñar el sueño imposible, luchar contra el enemigo imposible, correr donde los valientes no se atrevieron, alcanzar la estrella inalcanzable. Ese es mi destino."

Para muchos, Don Quijote es una magistral representación del idealismo más puro. Un hombre que está casi fuera de la realidad y que actúa excéntricamente en pos de objetivos que, al final, solo están en su mente. Para otros expresa el deseo humano de trascender al mundo ordinario para verlo desde una perspectiva superior. No le alcanza el mundo grotesco que lo rodea; no quiere adaptarse. Termina escribiendo una historia que va más allá de comer, dormir y sacar provecho egoísta de cada situación. Cuando ya cansado- recupera la razón, muere.

Cada uno de nosotros abriga una llama que, de vez en cuando, se enciende y nos insinúa que la vida es mucho más. No nacimos solamente para crecer, trabajar, reproducirnos y morir. No nacimos simplemente para aceptar mandatos sociales sobre cómo debemos vivir. Presentimos que podemos ir más allá, aunque no siempre tengamos el valor de elevarnos por encima de lo que somos. Todos seguimos soñando con que algo o alguien despierte ese héroe audaz que llevamos dentro.

No siempre los idealismos, y las pasiones que ellos producen, están bien canalizados. Hay quienes asumen este papel de Quijote en torno a un equipo de fútbol, siendo capaces de morir o matar por "defender" una camiseta. Están los que, desde alguna ideología política o religiosa, se sienten en una cruzada que los hace llegar a cualquier extremo con tal de que triunfen sus ideas. Otros que buscan una sociedad con más justicia, mayor solidaridad o más amor. Sus grandes proyectos son llamados "quijotadas" y nos hacen pensar en idealismos poco prácticos.

Los sueños provienen de nuestra zona más privada

Sin embargo, son personas capaces de salir a luchar por un mundo mejor, sin que les importe si deben enfrentarse con molinos de viento que parecen gigantes o con gigantes que se disfrazan de molinos de viento. Sirve para encaminar los esfuerzos hacia una vida más intensa y enriquecedora. Despierta fuerzas que a veces ni siquiera éramos conscientes de tener. Qué bueno es vivir con sueños e ideales.

El filósofo colombiano Estanislao Zuleta afirmaba: "La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara, como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y por lo tanto también sin carencias y sin deseo: un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrimiento, metas afortunadamente inalcanzables y paraísos afortunadamente inexistentes".

"Érase una vez tres gusanos de seda que ignoraban su futuro como mariposas. Sus nombres: Pesimista, Realista e Idealista.

Se les acercaba la hora de su transformación y empezaron a sentir los primeros síntomas. Su voraz apetito fue desapareciendo, su movilidad menguaba a gran velocidad y, finalmente, sintieron cómo el capullo les aislaba de la seguridad de lo cotidiano. En la oscuridad del misterio de su futuro, tuvieron pensamientos distintos.

Pesimista se dijo que estaba viviendo el final de su vida, y en lo más profundo de su sentir, se despidió de los buenos momentos. Realista se dio ánimo diciéndose que todo aquello sería momentáneo y que, tarde o temprano, todo volvería a la normalidad. Idealista sintió que, lo que le estaba ocurriendo, podría ser la oportunidad para cumplir su sueño más preciado: volar. Y aprovechó la oscuridad para perfeccionar sus sueños.

Cuando los tres capullos se abrieron, dejaron ver tres realidades iguales y distintas, a la vez. Pesimista era una bellísima mariposa, pero había muerto de miedo. Realista era una hermosísima mariposa, pero a pesar de ello, empezó a arrastrarse como cuando era gusano, dando gracias por haber seguido igual. Idealista, recién despierto el día, buscó sus alas y al verlas, su corazón desbordó alegría, emprendió el vuelo, y dio gracias, repartiendo su dicha por todo el bosque".