Francisco de Paula Fernández González, así se llama, pero Blue Jeans es el nombre con el que firma sus libros y como lo conoce su inmensa cantidad de lectores adolescentes. Cuando empezó a escribir ni siquiera creía que iba a publicar. Desde Carmona ,su pueblo natal, viajaba a Sevilla a estudiar Derecho, gran parte de su familia ejercía esa profesión y parecía que ese debía ser su camino. “Quería estudiar periodismo. Era una nota muy alta (En España a las carreras se ingresa según el promedio), así que me anoté en Derecho. Hasta que vino la época de exámenes, entré en un pánico tremendo y no volví más. Me fui a estudiar a una universidad privada a Madrid periodismo deportivo”, cuenta a BAE Negocios durante su visita a Buenos Aires.

-¿Cómo empezaste a escribir?
-Fue en un Fotolog que en el 2008 sólo lo usaban los jóvenes. Tenía una foto y un texto. Se llamaba Canciones para Paula y todos los días improvisaba un capítulo. Se fue trasmitiendo de boca a boca. Publicar lo veía imposible. Lo único que intentaba era que la gente no se fuera y sumar, haciendo juegos, concursos.

-¿Te pagaban?

-No ganaba dinero. Fuimos los primeros que pasamos de internet a papel y Canciones para Paula, que fue una triologia, después, se publicó. -¿Por qué no usaste tu nombre? -Quería que se hablara del libro y de los personajes; cuanto menos se hablara de mí, mejor. Blue Jeans viene de una canción de un grupo que no conoce nadie. Me gustaba como sonaba y decidí adoptarlo. Y la primer editorial que me publicó lo hizo con el seudónimo, En mi vida cotidiana soy Paco. Para los chicos soy Blue y para la gente de la editorial, también.

-¿Dónde escribís?
-Llevo nueve años escribiendo en la misma cafetería de Callao en Madrid. Escribo todos los días. Ese bullicio me ayudó. Hay días que me hago 30 fotos, firmo sevilletas, pero tengo ese superpoder (se rie) de sacarme la foto y volver al ordenador centrado en la novela otra vez. Ya escribí 11 novelas escribí así. Empecé a ir las cafeterías porque vivía en 20 metros cuadrados. Ahora no puedo escribir en el silencio. Sus libros están catalogados como noveles románticas juveniles. “Las etiquietas están bien para colocarte en las librerías, pero a mí no me gustan. La última triología trascurre en una universidad con chicos y chicas, hay amor y desamor, pero hay otros temas además. En todos mis libros acompaña el corazoncito en la tapa. Las chicas de por sí leen más que los chicos. Pero para mi los libros no entienden de género ni de edades. Pero sí la mayoría que me leen son chicas. En España han puesto mis libros como obligatorios en algunas escuelas y a mi me parece que los chavales deben leer lo que quieren.

-¿Qué hace que una novela sea juvenil?
-Es un debate por qué lo es, si es por la edad de los protagonista, por los temas. Esa respuesta no la se. Nosotros hemos hecho una marca muy potente. Escribo realismo juvenil. Pero muchas veces nos estigmatizan a los que escribimos para jóvenes y nosotros formamos lectores. Los chavales empiezan a leer con los libros que se sienten identificados, con temas de este siglo

-Vos abordas la bulimia, el bulling, el sida. ¿Los incluís con intención de concientizar?
-Depende del tema. Algunos los incluyes porque están ahí y otros temas como el racimos, ahí voy directo y digo esto está mal, y el personaje que mete la pata en ese sentido le va mal. Me escriben chicos que sufren bulling, maltratos, problemas con sus padres, anorexia. .

-¿De dónde sacás los temas?
-Es una mezcla. Tengo contacto diario con los lectores. Gracias a ellos yo he conseguido publicar, yo he cumplido un sueño gracias que ellos lo hicieron posible, ¿cómo no le voy a responder. Yo los siento parte de lo que me está pasando a mi. Hay personajes que han seguido por los lectores. Si alguien me da una idea buena, la uso y lo pongo en los agradecimientos. Además hago un concurso para que 20 de los lectores estén en los agradecimientos en nombre de todos. Esto tiene que estar vivo siempre, están acostumbrados a que constantemente hay novedades. Cuando son las firmas de libros no me voy a hasta que no se va el último. Si la librería cierra, sigo en la calle.