En las actuales condiciones de la economía de nuestro país, es difícil dejar de mencionar las serias dificultades que atraviesa el sector PyMe, producto de la devaluación del peso, que encarece los insumos importados, las altas tasas de interés, que imposibilitan el crédito, la suba de las tarifas y los costos fijos y la caída del consumo. Pero por todo ello, resulta tanto más valioso mencionar también que muchas pequeñas y medianas empresas siguen haciendo un gran esfuerzo para mantener su apuesta al camino de la sustentabilidad.

De esta forma, la opción por el desarrollo sostenible no es sólo una exigencia ética de la sociedad, sino que también es la forma en que la PyME puede enfrentar, eficazmente, los desafíos del mundo actual.

Hoy queda más claro que nunca, que lo contrario a ser sustentable, es ser insustentable. No hay otra opción. La PyME es sustentable o no lo es, tan sencillo y, a la vez tan complejo, como eso.

Y, asumir plenamente el desarrollo sostenible, obviamente involucra asumir riesgos e inversiones, pero son inversiones que vuelven en mayores beneficios para el crecimiento de la PyME y su comunidad.

No se trata de pedirle a la empresa que renuncie al lucro, que hace a la sostenibilidad económica y financiera del emprendimiento, sino que comprenda que esa sustentabilidad económica depende de alcanzar también la sostenibilidad ambiental y social. Son tres caras de un mismo asunto, indispensables e interdependientes.

Muchas PyMEs hace tiempo que comprendieron esta cuestión y vienen haciendo grandes esfuerzos, con importantes logros, en materia de responsabilidad social y sustentabilidad. Porque la RSE no es solo para la empresa grande; es para hacer grande a tu empresa.

Esto resulta más trascendente aún, cuando comprendemos que la generación de empleo, el ingreso de las familias, el desarrollo y la reducción de la pobreza, en las próximas décadas, estarán más estrechamente vinculados a los pequeños emprendimientos, que a la gran empresa.

Según datos del Consejo Internacional de la Pequeña Empresa (ICSB), este tipo de empresas, pertenezcan al sector formal o informal de la economía, representan más del 90 % del total de empresas, generan entre el 60 y el 70 % del empleo y son responsables del 50 % del Producto Bruto Interno (PBI) a nivel mundial. En nuestro país hay actualmente más de 600.000 PyMEs, que representan más del 60% del empleo, el 45 % de las ventas totales de la economía y contribuyen al 44% del PBI.

Por ello, la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, además de ponderar positivamente el aporte que estas empresas pueden realizar para el logro de los mismos, también determina las políticas públicas necesarias para el impulso y la promoción de las PyMEs.

Estas políticas pasan por “aumentar el acceso de las pequeñas empresas industriales y otras empresas a los servicios financieros y cadenas de valor” (meta 9.3 de los ODS) y “promover políticas orientadas al desarrollo que apoyen las actividades productivas, la creación de empleo decente, la iniciativa empresarial, la creatividad y la innovación, y propiciar la formalización y el crecimiento de las microempresas y las pequeñas y medianas empresas, inclusive a través de su acceso a servicios financieros” (meta 8.3).

Así, es importante destacar los nuevos roles que el Estado debe asumir en la promoción de las PyMEs. El Estado no sólo debe actuar como solucionador de fallos de mercado, tiene que actuar como emprendedor y creador de mercados y generar las condiciones que favorezcan el denominado ecosistema emprendedor

Es indispensable lograr en nuestro país un más amplio segmento de PyMEs operando en condiciones de competitividad internacional que nos permita ganar participación en la exportación de productos alimenticios, autopartes, maquinaria agrícola, muebles y sus partes, manufacturas de plástico y calzado y marroquinería, reduciendo el peso de las exportaciones de cereales en bruto, acero, madera, y cueros.

* Es coordinador ejecutivo del Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad de Buenos Aires.
** Es director del Centro de Ciudades Inteligentes (FCE - UBA)