Una controversia traza rasgos sobre el deteriorado escenario del empleo argentino. En rigor matemático alerta, al decir de laboralistas y dirigentes sindicales, la proporción indirecta del rubro plataformas de servicio: a mayor labor o actividad menos derechos.

La pulseada se desarrolla entre la vertiginosa expansión de estas empresas (Rappi, Glovo, Uber, entre otras) y los reflejos más lentos de las estructuras para su normativa. Sin perjuicio de que otros trabajadores, que cumplen tareas similares, avanzaron algunos pasos, como quienes trabajan con sus motos. Es decisión gubernamental alentar la creación del trabajo vía plataformas sin colocar frenos regulatorios excesivos (ver recuadro). La "uberización" de la economía es tal que en lo que va del año por Rappi ya pasaron, aunque no necesariamente continúan allí, más de 20.000 personas. Dicha firma, con matriz colombiana desde 2015 y llegada a la Argentina en 2018, es una de las principales que opera en nuestro país y también en México, Brasil, Uruguay, Chile, Perú. "Desvinculando" o "despidiendo" al personal que activó una medida de fuerza semanas atrás. El Gobierno admitió, ante una consulta de BAE Negocios, que ya hizo foco en la temática y se propone regulación con la premisa de que la normativa no quite posibilidades de crear fuentes de trabajo. Entre los principales reclamos del sindicato en ciernes está que las empresas se hagan cargo del pago de monotributo, el seguro contra todo riesgo y que los consideren trabajadores y no socios. "Como está planteada hoy la actividad, es un problema social, laboral, económico y fiscal", reseñó Juan Ottaviano letrado de la Asociación de Personal de Plataformas (APP). Acota que ninguna de las potestades que hacen a la condición de un trabajador registrado se cumplen hoy en compañía alguna de ése sector.

"La reacción de las plataformas es profundamente antisindical. Esto muestra a las claras la necesidad del rol del Estado para reunir a las partes para buscar soluciones. El punto de partida está claro: las empresas no aceptan que se genere una organización de empleados". En la era de los algoritmos que no solo se activan para ubicarnos en las redes sociales con otros semejantes de pensamiento similar al nuestro, sino en uso y desarrollo de todo tipo de preferencias, las plataformas trazan recorridos a quienes pedalean llevando pedidos o con algo de alivio tripulan sus motos. De allí que Ottaviano consideró que para cualquier análisis hay que comprender que la extensión del fenómeno de las app es global y no respeta fronteras: "Por lógica en economías recesivas o con alta demanda de trabajo su crecimiento es más intenso y veloz". Cuentan también los estudios que realizó la OIT, bajo la etiqueta "el trabajo que viene", corroborando que Latinoamérica es tierra fértil para estos desarrollos. México, San Pablo, Bogotá y Buenos Aires son algunos ejemplos.

"La discusión de fondo no es el reconocimiento a una organización sindical, va mucho más allá y se define en cuanto a si el Estado se expedirá a si estas modalidades son o no trabajo", puntualizó el abogado para destacar que la meta de los trabajadores es lograr su personería como sindicato. "Hay que tener mucho cuidado porque el riesgo es alto. En las app se cumplen tópicos básicos del trabajo, actividad, con personas que generan ingresos para cada una de las plataformas. Esto por un lado merece protección social y por lo tanto merece que las empresas ingresen los fondos correspondientes para que sus trabajadores tengan la protección social que deviene por su condición de empleados".

Sin dejar de apreciar que hay un núcleo de inmigración ávido de lograr empleo para sostener su vida aquí, tanto Ottaviano como otros especialistas en derecho laboral aconsejan atención al léxico. Acto seguido recuerdan que "desvinculación" no significa lo mismo que "despido" y la utopía de "ser nuestro propio jefe" puede leerse también como la "soledad del trabajador" ante un mercado laboral que no se caracteriza por estos días ni en cuanto a piedad o solidaridades manifiestas.