Bueno, a ver... estamos en verano, el mundo más o menos que se detiene en estas fechas y lo que necesitamos a la hora de mirar contenidos audiovisuales (léase “películas”, porque va a ser más fácil y el calor nos pone un poco vagos) es que nos levanten el ánimo. Que nos refresquen en el sentido literal y literario del término. En esta página, lo habrá adivinado ya el lector, lo que hacemos es recorrer el cine de diferentes maneras, por temas, directores o géneros. Y a veces darnos algunos gustos hablando de lo que nos gusta. Dado que parece que se nubla y quizás, además, vengan unos días pesadísimos, dado que probablemente tenga aire acondicinado y TV (o un buen ventilador, por qué no), vamos a recomendarle películas que hacen feliz a la gente, que permiten que uno se sienta con más ganas para, después, salir si quiera al supermercado en busca de piedritas para los gatos, algo que es casi tarea épica en plena canícula.

Muchas de estas películas se encuentran en los servicios de streaming ( Netflix, Qubit, Amazon o el alquiler de Flow o Movistar, por ejemplo) aunque algunas, no. En ese caso, no recomendamos piratear incluso si hay copias excelentes y se consiguen con bastante sencillez los subtítulos para ellas. No lo recomendamos en lo más mínimo. Que le quede clarísimo.

Una de las películas favoritas del autor es Calles de fuego, una obra de Walter Hill de la primera mitad de los años ochenta que fue un fracaso en las taquillas pero no, curiosamente, en las bateas. Su banda de sonido, llena de canciones originales (busque en YouTube “Tonight is what its means to be young” o el hit “I can dream about you”) se volvieron himnos en aquellos años aunque pocos vieron este filme con Diane Lane haciendo de cantante de rock, Willem Dafoe como el diabólico villano que la rapta, y Michael Paré como el muchachito que va a rescatarla junto con el novio empresario -Rick Moranis- y una chica soldado dura y de buen corazón -Amy Madigan. Hay mucha acción, todo es evidentemente artificial y el rock recorre, con la producción del gran Ry Cooder, toda la película. La adrenalina que genera es enorme.

Si está con chicos adolescentes, y si nunca vieron una película de Spielberg de los 80, es el momento de una introducción con la genial Super 8 de J. J. Abrams. La película es Stranger Things bien hecha (y antes). Un nene pierde a su mamá. Más tarde, trata de filmar una película para un concurso con sus amigos del barrio y la chica que le gusta. Pero mientras filma, un tren descarrila y aparece un monstruo extraterrestre. ¿Pero es un monstruo realmente? ¿O es una víctima de una conspiración? Aquí están Gremlins, E.T., Jurassic Park, Volver al futuro y el cine mismo y la infancia y los ochenta para crear un hermoso cuento sobre amistad, familia y amor (y la necesidad de sanar heridas y decir “adiós” cuando es inevitable). Levanta el ánimo aunque genera lágrimas.

Siempre viene bien una cuota de Tom Cruise. Están todas las Misión: Imposible. Pero también la hermosa y poco valorada Jack Reacher -la primera, ojo, la de Rosamund Pike y el villano interpretado por Werner Herzog, sí, esa, la dirigida por Christopher McQuarrie. Por un lado es un thriller de suspenso con una conspiración detrás. Por otro, es una reflexión sobre el cine y el punto de vista (el atentado contado dos veces y la información que Jack/Cruise extrae información debería pasarse en todas las escuelas de cine del mundo). Lo más interesante es que cada secuencia de acción tiene un humor notable producto de que sabemos que Cruise va a ganar pero no cómo. Sonrisa casi criminal.

Vamos con un musical. Moulin Rouge! fue un éxito en su momento y hoy muchos se olvidaron. Lo que la hace extraordinaria a esta extravagancia monumental del australiano Baz Luhrmann consiste en su coctelera pop, en que dice que va a contar una triste historia de amor, lo hace, la llena de lugares comunes conscientes y da vuelta todo como un guante con brío y con versiones extraordinarias de la mejor música del siglo, con autores que van de Mariano Mores a Madonna, de Elton John a Kiss. Y además Ewan McGregor es el actor que mejor canta en las películas sin ser efectivamente un cantante (le pisa a veces los talones Hugh Jackman, pero ese tiene entrenamiento en teatro musical). Pruebe porque, además, Nicole Kidman nunca estuvo más linda.

Ah, una con Cruise y una con Kidman, lo que nos recuerda una de las pocas películas que hicieron juntos. En realidad aquella en la que se conocieron: Días de trueno, de Tony Scott. Esa también es para estos días: es la historia de corredores de autos que se enamoran y chocan y se pelean y vuelven a correr, narrada no solo con brío sino con una extraordinaria y nada correcta creatividad por el Scott bueno (en ese tiempo no lo sabíamos, ahora sí). La secuencia en la que Cruise explica la succión de los autos en una carrera con dos preservativos en la pierna desnuda de Kidman después del sexo es una lección de puesta en escena monumental.

Y como siempre, no puede faltar una cuota de Kevin Costner a la hora de mirar películas y optar por una sonrisa. Los intocables puede ser, quizás uno de los filmes más optimistas del oscuro y magistral Brian De Palma. Puede ser Waterworld, que tiene secuencias maravillosas de aventura física pura. Pero quedémosnos con la versión de Robin Hood a pesar de la melosa canción de Bryan Adams. Es un Robin maravilloso, humorístico y confiable; Mary Ellizabeth Mastrantonio, una Marian valiente. Morgan Freeman, un invento ingenioso. Pero nada de esto funcionaría bien del todo si no hubiera un villano monumental: ese villano es Alan Rickman, un genio que vamos a extrañar siempre.