Desde el origen de los tiempos el pronóstico forma parte de nuestro ser, en especial de nuestro instinto de supervivencia y - en nuestro existir social- de la vocación de liderar. Adelantarse a los hechos con inteligencia, cálculo de probabilidades y antelación suficiente, convierte al líder en estadista. Por el contrario, errar en la predicción circunscribe al pronosticador a la categoría inferior de los clásicos - confinados al callejón de las profesiones olvidadas- charlatanes de feria y adivinadoras que leen la bola de cristal, la borra del café, las líneas de la mano, etcétera.

La Biblia , la Torá y el Corán se encuentran impregnadas de pronósticos y profecías. La sabiduría griega y el método científico aristotélico convivieron con le Oráculo de Delfos.

Los no tan modernos tarots y horóscopos occidentales y chinos, año a año, se ubican entre los best selleres de los primeros meses del calendario.

Todos queremos leer el diario del lunes durante la semana anterior. Todos queremos saber que número saldrá en la Lotería. Claro que el método científico acumula una considerable cantidad de datos para intentar concluir que el resultado obtenido será una relación de causa-consecuencia infalible.

El Nobel de Economía Kahneman relativiza la toma de decisiones que se desvían - inexorablemente- por los sesgos personales del decisor. Da lo mismo que sea charlatán, científico, cura, rey de copas, caradura o polizón.

En esta columna del Suple, nos referimos en muchas oportunidades a las bajas expectativas de Theresa May de lograr el Brexit y, en especial, al movimiento social y político que, muy de a poco, reclamaba un nuevo referendum para rechazar la salida británica de la Unión Europea.

Cuando la parafernalia anticomunitaria de las islas amenazaba con la salida compulsiva de la Comunidad, recurrimos a la metáfora sobre las películas de terror de Boris Karloff para diagnosticar las iniciativas del Premier Johnson.

Desde el intento de disolver el Parlamento, hasta intentar el sábado pasado imponer su propio acuerdo de salida, conforman el derrotero del líder euroescéptico que necesita ahora tiempo. Más Tiempo. Eso necesita para que no se le derrita el mandato nacional y populista que los instaló en Downing Street.

En el Reino Unido también se pronostica, pero ahí son estrategas expertos en procastinación.

Son especialistas en la cuestión. En las dos guerras mundiales supieron aguantar y posponer los embates finales contra las potencias centrales hasta la llegada de la caballería yankee, por cierto nada rústica.

Desde este mágica tienda prefiero ver un nuevo referendum antes que un Brexit exitoso. Pronóstico reservado, que es una suerte de pronosticación procastinada. Igual que en Argentina. Eso sí, Las Malvinas son nuestras, y la UE alienta la desconolización de los territorios de ultramar. Ese es mi sesgo europeísta.