Pocas cosas cambiaron tanto con el nuevo milenio como el ecosistema en el que se mueve el periodismo. De piezas cerradas y calibradas, objeto de papel, panorama informativo o noticiero, pasaron a circular en objetos abiertos e instantáneos capaces de ser completados por un colectivo en progreso constante: las redes sociales. Así, las páginas del diario, los dos o tres minutos del informativo de la radio o la hora del noticiero, pasaron a formar parte de una catarata informativa contante, desbordante y asfixiante, no sólo imposible de abarcar sino contaminada.

Palabras más, palabras menos, ese es el punto de vista de Ignacio Ramonet a la hora de hablar de la explosión del periodismo y el jaque en que se encuentran los medios tradicionales a partir de la irrupción de internet. Y va más lejos al estimar que la superabundancia de información contaminada desorienta a la opinión pública, impidiéndole conocer qué otra información fidedigna y calificada se le oculta.

Para colmo de males aparecieron la posverdad y las fake news o noticias falsas, construidas con toda intención sobre nuestros prejuicios. Pronto, saturados de información, creemos que estamos plenamente informados.

En aquella catarata informativa imposible de abarcar es que trabajamos todos los días en la construcción y mantenimiento de una balsa de madera que intenta navegar bravos mares.

Desde la web del diario, desde Twitter, Facebook o Instagram, suponemos una oportunidad para llegar a los ciudadanos, a nuevos públicos, que puedan conocer otras realidades. No es difícil porque mientras un equipo dedica su tiempo a la difusión de la información tratando de acertar en los algoritmos, la estructura tradicional pone su empeño en la investigación y la reflexión, sin perjuicio de la inmediatez, pero abiertos a textos largos y complejos, es decir, pensando en los lectores.

No tenemos el resultado de partido de fútbol de la fecha, ni la última pelea mediática, no abarcamos el todo sino que nos concentramos en aquello que puede servir para revelarnos quiénes somos, dónde vamos y qué podemos hacer para cambiar las cosas.

La seguimos en nuestras redes sociales.

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