En estas páginas estamos en contra de la apreciación del cine como “bizarro”. Más allá de lo feo del término (que en realidad significa “intrépido” o “valiente”), eso de reírse de las películas por lo malas que son es malo porque elude el cine directamente. Dedicarse a ver películas malas para burlarse de ellas va en contra del cine. Otra cosa es disfrutarlas realmente o encontrarle valores: ahí estamos en el campo común de la crítica. Asociado al asunto de lo “bizarro”, hay mucha gente que cree que el “cine bizarro” es la Clase B. Es decir, que la Clase B (que hoy existe de un modo menos evidente que en los años ‘40) está llena de “películas para reírse de ellas”. Nada más falso: en ese cine hay obras maestras.

La Clase B era parte del sistema de producción de los grandes estudios. Asignaban un presupuesto grande a sus apuestas importantes, las películas que tenían estrellas, y uno más chico (B) a las otras. Las películas “B” no tenían el mismo lanzamiento y salían de las salas de “estreno exclusivo” muy rápido. En gran medida, eran las películas Clase B las que permitían que funcionara la maquinaria. Pero allí trabajaban muchos nombres importantes de la industria, y se formaban actores, directores, guionistas y productores. El sistema persistió hasta hoy, y gran parte de la producción que hoy vemos de películas originales en las señales digitales y SVOD pueden entenderse como una nueva “clase B”, que entró en decadencia pero no murió nunca cuando la televisión comenzó a producir series y entretenimiento “gratuito” sin que saliéramos de casa.

En la Clase B debutaron John Wayne (cuando aún era el ídolo del foot-ball Marion Morrison), Humphrey Bogart, Clark Gable, Jack Nicholson, Steve McQueen o Sandra Bullock. La clase B nos dio directores geniales como Edgar Ulmer, Jacques Tourneur, Roger Corman, y Corman a su vez le dio la oportunidad de empezar a Peter Bogdanovich, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, James Cameron, Jonathan Demme, Ron Howard, Paul Bartel, Monte Hellman, Nicholas Roeg y muchos más. Bueno amigos: eso es la Clase B.

Estas películas fueron el semillero de grandes estrellas y directores

Así que vamos a recomendar algunas películas “Clase B” porque son geniales, porque se encuentran sin demasiada dificultad (hay en YouTube, por ejemplo, y algunas en lugares más raros como Archive.Org o Eroticage.net) y porque, en varios casos, crearon elementos para el cine.

La más grande “B” es Cat People, de Jacques Tourneur, que no solo es una película de terror sino también uno de los grandes melodramas sobre los celos. Un hombre se casa con una bonita inmigrante de Europa del Este (la bella Simone Simon), con acento extraño, algunas otras extrañezas y un capital erótico que parece darle enormes dividendos. La cosa anda bien pero ella tiene una pequeña particularidad: es muy celosa. No solo eso, también parece que quizás se metamorfosea en una pantera sanguinaria que devora personas cuando está un poco mal. Especialmente a cierta chica rubia que ve un poco deprimido a su marido. Hay una secuencia donde el monstruo persigue a la chica en la vereda del Central Park, en plena noche; otra, donde la encierra en una piscina. En ambas, la pantera no se ve nunca, pero la sugestión, el sonido y el montaje hacen que uno tenga miedo. Tourneur inventó el uso estético del fuera de campo en esa película.

Aunque parezca extraño, Terminator nació como un filme Clase B

Pistoleros del atardecer es una de las primeras películas de Sam Peckinpah. Dos viejos cowboys que se ganan la vida como pueden (Joel McCrea y Randolph Scott) se encuentran con la última chance para salir de pobres, ya en el ocaso de la vida: robar un cargamento de oro. Juntan un equipo no demasiado hábil y, en el camino, ayudan a una chica con padre muy celoso que quiere huír y casarse. Y entonces esa buena acción, o algo así, se les vuelve en contra. Peckinpah narró sin la locura de montaje de sus películas posteriores la historia del final del western con una sólida dirección de acciones y un enorme lirismo. No se nota para nada que se gastó poco dinero.

Terminator, nacida en la Clase B

Corman había visto ¿Quién golpea a mi puerta?, la opera prima de Scorsese. Se la distribuyó después de que don Martin incluyera un par de secuencias eróticas inútiles con Harvey Keitel. Y luego le produjo Pasajeros profesionales (Boxcar Bertha), con Barbara Hershey y David Carradine. Está basada (libremente) en la vida de un sindicalista de los ferroviarios en la era de la Gran Depresión, y tiene algunas secuencias de sexo casi explícito (por pedido de Corman). Es una de las pocas películas sobre luchas sindicales hechas en los EE.UU. y es muy buena, influida un poco por Bonnie & Clyde. Mientras filmaban, Hershey le regaló a Scorsese la novela La última tentación de Cristo, y de allí surgió otra -controvertida y nada “B”- historia.

Otra de Corman es Piranha!, dirigida por Joe Dante con dos pesos con cincuenta. Pero el guión es de Dante y de otro grande del cine independiente, John Sayles, creador de Passion Fish o Matewan, por ejemplo. Sayles es un experto “script doctor” (trabaja con los guiones de los grandes estudios, los analiza y sugiere cambios para que funcionen) y además un hombre comprometido. Todo eso está en Piranha!, que era la ocasión de Corman de montarse en el éxito de Tiburón. Pero salió una sátira sangrienta y política donde los culpables son los que tiran deshechos tóxicos a un río y eso redunda en una invasión de pirañas mutantes. Sigue siendo genial, la Gremlins del agua.

Y por último... ¿Saben que Terminator es una Clase B? Con el apoyo de John Carpenter, Cameron vendió su idea (después de dirigir íPiranha 2 en Italia!; es una buena película con todas las obsesiones del autor, aunque fallada por su bajísimo presupuesto) a Mario Kassar y la hicieron con casi nada de dinero. Y resultó un recontra éxito de taquilla y, bueno, ya saben qué pasó después con Cameron. Delicias de la Clase B.