El resultado primario mejora, pero no así el financiero. El resultado primario de enero fue un superávit de $16.658 millones, prácticamente el cuádruple del registrado el año anterior. Sin embargo, la factura de intereses se multiplicó por 2,6, dejando un resultado financiero deficitario en $60.038 millones. Desde el gobierno se mostraron satisfechos con el desempeño fiscal ya que estiman estar bien encaminados para cumplir con la primera meta intermedia, un superávit primario de $6.000 millones para el primer trimestre. Los ingresos siguen creciendo a un ritmo mayor al del gasto (ambos se mueven por debajo de la inflación), pero hay cuestiones que justifican mantenerse alerta. La recesión y unas exportaciones debajo de lo proyectado pueden limitar el aumento de la recaudación, mientras que la rigidez del gasto, el impacto de los movimientos del dólar sobre los subsidios y el año electoral complican el ajuste del gasto primario. A pesar de que cumplir con el equilibrio primario pactado con el FMI es posible (aunque el acuerdo da cierto margen para mantener un leve déficit), el fuerte incremento de los intereses mantendrá el resultado fiscal total en terreno deficitario.

  • La recesión golpea sobre los recursos fiscales. Los ingresos mostraron un aumento de 39% anual, mayor al 27% de diciembre, pero muy por debajo de la inflación (49% anual). Los recursos tributarios se ven golpeados por la recesión (+35,9% anual). Acaso no tanto por el lado del consumo (IVA creció 47% anual) sino más por el lado del mercado laboral. Las contribuciones a la seguridad social se movieron 20 puntos por debajo de la inflación. Los derechos de exportación siguen creciendo a tasas de 3 dígitos (443% en enero), impulsados por las retenciones generalizadas y la depreciación de la moneda. El resto de los recursos se vieron impulsados por las rentas del FGS y por intereses cobrados por plazos fijos del sector público (gracias a los excedentes financieros del Tesoro). El gasto primario volvió a acelerarse. Tras expandirse 22% anual en diciembre, el primer mes del 2019 registró un crecimiento de 33%. La depreciación aumentó el valor en pesos de los subsidios energéticos, incrementando la factura total en un 92% anual. En tanto, las transferencias a provincias también se incrementaron notoriamente (71%) por el subsidio de tasa de los préstamos del FGS (derivados de la Ley 27.260 -Reparación Histórica-). Dentro de los gastos operativos, los salarios aumentaron 25%, mientras que las prestaciones sociales se incrementaron un 33%, a partir de la actualización de la fórmula en el mes de diciembre. Por el lado de los gastos en capital, el salto fue de 74%, destacándose la suba en vivienda (+260,2%) y transporte (+186,5%).
  • El desafío fiscal. Si bien los analistas prevén que se alcanzará el equilibrio primario este año, persisten dudas. Orientar la política monetaria a sostener la estabilidad cambiaria no resulta del todo compatible con el objetivo fiscal. Cuánto más tarde en recortarse la tasa de interés, más tiempo se podría prolongar la recesión, desinflando una recaudación que ya viene floja (crece por debajo de la inflación desde julio pasado). Sumado a ello, los datos del 2018 muestran que la recaudación por retenciones está debajo de lo que se esperaba (se recaudaron casi $58 mil millones en el último cuatrimestre, frente al ingreso estimado en $109 mil millones). Por el lado del gasto, si bien seguirá cayendo, el margen para reducirlo es acotado. El grueso de los subsidios se corrigió el año pasado y más de la mitad de las erogaciones corresponden a prestaciones sociales, indexadas a la inflación pasada. Frente a esto, en caso de alejarse del equilibrio, el gobierno cuenta con dos válvulas de escape que le permiten cerrar el año con casi medio punto de déficit fiscal sobre el producto: los ajustes en el gasto social y de capital, dos variables para tener en cuenta en un año electoral.