Por el estreno de Wi-Fi Ralph, la continuación de la exitosa película animada de Disney Ralph, el demoledor, pasó por la Argentina el realizador de ambos filmes, Rich Moore. Moore no solo es un hombre “de Disney” sino que pertenece a una generación que cambió de manera definitiva la animación y la abrió para toda clase de público desde mediados de los ochenta. Su trabajo en Los Simpson (entre muchos episodios clásicos, dirigió “Llamarada Moe” y “Marge vs. el monorriel”), El Crítico y Futurama, además de permitirle ganar premios como el Emmy, llamaron la atención de John Lasseter, quien lo invitó a realizar películas animadas en Disney. Es uno de los responsables de tres de su mayores éxitos recientes: las dos aventuras de Ralph y Zootopia.

“Para mí, lo impresionante de la animación, del humor y de la sátira es que podés hablar de temas que nadie quiere tocar, de tópicos muy complejos -dice Moore- a través de un entretenimiento que muchos creen que es ‘para chicos’. Vas como adulto a ver una película animada, te sentás y decís ‘báh, es para chicos’ y de pronto te quedás paralizado porque algo te llamó la atención, algo te hizo pensar. Así como las dos películas de Ralph tienen que ver cono el lazo entre el hombre y la tecnología, Zootopia era una película sobre el racismo. Y cuando termina, el adulto se queda pensando en eso. Esa es la clase de películas que me gustaban desde joven y las que me gusta hacer”.

—¿Fue difícil lograr Con Wi-Fi Ralph una película totalmente autónoma y distinta al tratarse de una secuela?
—Ralph, el demoledor era una película redonda, que terminaba perfecto. Con mi codirector Phil Johnston estábamos convencidos, aunque también creíamos que ese mundo y esos personajes eran perfectos y podían tener más vida que la que dejaba ver la película. La amistad entre Ralph y Vanellope estaba clara. Pero nos preguntamos qué pasaría si esa amistad no fuera permanente, si Ralph no pudiese comprender deseos de Vanellope. Ahí había mucho para contar.

—En el primer filme el punto de vista dominante es el de Ralph; aquí es el de Vanellope, y en general un punto de vista más femenino.
—En la primera película, el personaje de Ralph termina haciendo un enorme cambio. Pero Vanellope no cambia demasiado, vemos mucho menos de ella. Había mucho para contar ahí y nos preguntamos “¿Qué tal si Sugar Rush [El juego de video donde “vive” el personaje] no fuera el destino de Vanellope? ¿Qué tal si quisiera algo más?” Nos pareció muy divertido además eso de que Vanellope es, también, una “princesa de Disney” y que se relacione con las otras “verdaderas” princesas. Pero creo de todas maneras que el personaje central sigue siendo Ralph. Tiene que aprender de diferencias más allá del cariño. Incluso tiene que comprender ese “punto de vista femenino” para lidiar con su propia inseguridad.

—¿Cómo fue crear visualmente el universo de Internet para la película?
—Sin dudas ese fue el mayor desafío. Cuando pensamos en una continuación, también imaginamos que el universo de los juegos de video eran más el pasado, una especie de nostalgia que se cerraba en sí misma. Pero Internet es hoy, es lo que pasa ahora. Hasta que logramos una idea a partir de la cual trabajar para crear ese mundo pasaron por lo menos nueve meses. Obviamente hablamos con especialistas e hicimos un montón de investigación. Pero el problema era que Internet es muy abstracta: ¿cómo mostramos eso? ¿Qué hacemos, un montón de rayos, de luces, qué? Vimos grandes servidores reales y eran un desastre de diseño. O una matriz de puntos sin interés. Entonces surgió la idea de que fueran capas sobre capas sobre capas, algo que creciera como un árbol, con edificios gigantes, siempre en movimiento, con esos pequeños personajes que son la representación de los usuarios. Resultó una forma visual totalmente adecuada para la película, un universo autónomo y gigantesco, siempre creciendo.