Hay personas que se creen los únicos habitantes del mundo. Personas que, pase lo que pase, siempre están peor que el otro y su vida ha sido mucho más dura. Personas a las que deseamos decirles que, si levantan la vista de su ombligo, verán que no son el centro del universo. Habitan en casi cualquier escenario de nuestra sociedad. Tienen el rostro de un directivo de empresa, de una compañera de trabajo e incluso de un alumno de secundaria que ya muestra modales de bravucón y manipulador. Carecen de equilibrio emocional, llaman la atención y no dudan en usar los sentimientos ajenos y los extremos de las emociones.

Los ególatras sienten que son únicos y que hay algo que los hace inigualables

El yo-ismo o arte de mirar solo el propio ombligo, consiste en pasarse la vida hablando en clave de yo. "Yo más", "lo mío es peor", "yo solo sé que siempre me pasan las peores cosas" o "yo soy la persona con peor suerte del mundo". Estas personas se quejan de que no son escuchadas, que nadie las entiende, aunque son las primeras que dejan de escuchar para hablar de sus penas; comportamiento muchas veces inconsciente, única manera de no sentirse solos. En otros casos lo hacen de forma completamente deliberada, demostrando su falta de empatía.

Son personas egoístas y dañinas; se convierten en oportunistas emocionales. Suelen carecer de habilidades sociales que les permitan comunicarse mejor y, sobre todo, entender al otro y ponerse en su lugar. Egoístas de forma consciente, tratan de obtener de los demás un beneficio apelando a la pena. No les gusta la vida que viven y se inventan una realidad paralela. Suelen encontrar placer en el papel de "pobres víctimas". Profundo egocentrismo; ellos son los importantes y el resto está para servirles.

El egoísmo y el narcisismo son perfiles muy tóxicos. Suelen ser personas hipersensibles, con cambios de humor casi constantes. Buscan siempre sentirse importantes; su prioridad es siempre su propia persona. Son hábiles "traficantes de culpa". Lamentablemente los demás dejan de tenerlos en cuenta pues los ven como personajes ridículos que solo buscan aparentar. En el fondo son personas muy frágiles que entienden que la autoestima se construye desde afuera hacia adentro.

Un ególatra puede tener una personalidad encantadora y comportarse como un déspota a la vez; se autoproclama especial y superior a los demás, no acepta la crítica y menosprecia a los otros. Decía Carl Jung que el egocéntrico "es incapaz de aprender del pasado, incapaz de entender eventos contemporáneos e incapaz de proyectarse correctamente hacia el futuro". Porque el ego exacerbado necesita continuamente dar buena imagen, carece de humildad y cae muy a menudo en el ejercicio de la soberbia. Es una máscara que intenta hacer una presentación de cómo a alguien le gustaría ser, en vez de cómo es en realidad. La voz del ego nos confunde y nos aleja de nuestro verdadero ser, impide que podamos sentir desde el corazón, desde la sencillez de nuestras emociones.

Resulta bastante insoportable tener que lidiar con un narcisismo que solo quiere exhibirse y agigantarse ante los demás. Absorbentes, prepotentes, fantasiosos, con necesidades de admiración. Se recrean en su fantasía de éxito, poder, brillantez, belleza o amor ilimitado. Los ególatras sienten que son únicos y que hay algo que los hace inigualables. Es la vanidad de quienes no tienen otra cosa que exhibir. Nadie está más vacío que aquel que está lleno de sí mismo y por eso hay una búsqueda de reafirmación constante. El amor desproporcionado hacia uno mismo no puede tener un buen final. Dijo Aristóteles: "El egoísmo no es amor propio, sino una pasión desordenada por uno mismo".

"Un ratón, mirando por un agujero en la pared vio a un granjero y a su esposa abriendo un paquete. Quedó aterrorizado cuando descubrió que era una trampa para ratones. Fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: "¡Hay una ratonera en la casa!".

La gallina, que estaba cacareando y escarbando, levantó la cabeza y dijo: "Discúlpeme señor Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, pero a mí no me perjudica en nada". El cordero le dijo: "Discúlpeme señor Ratón, pero no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted en mis oraciones". La vaca le dijo: "Pero acaso, ¿estoy en peligro? Pienso que no".

Entonces el ratón volvió a la casa, preocupado y abatido. Aquella noche se oyó un gran barullo cerca de la ratonera. La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, no vio que la ratonera había atrapado una serpiente venenosa que velozmente mordió a la mujer. El granjero la llevó inmediatamente al hospital. Ella volvió con fiebre alta; nada mejor que una nutritiva sopa. El granjero tomó su cuchillo y fue a buscar el ingrediente principal: la gallina. Como la enfermedad de la mujer continuaba, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Para alimentarlos, el granjero mató al cordero. La mujer no mejoró y acabó muriendo. El granjero entonces vendió la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral".

La próxima vez que escuches que alguien tiene un problema y creas que como no te afecta, no es tuyo, piénsalo dos veces.