Sin pudor ante el riesgo de comentar obviedades corresponde remarcar que los recursos de la seguridad social no se constituyen desde el Presupuesto Nacional sino desde los fondos que conforman los aportantes. En términos de urgencia en crisis no puede existir otra prioridad que salvar a los seres humanos que padecen el sistema. Un camino viable para fundamentar, con elementos de la economía, lo apreciamos en el uso del flujo del Fondo Sustentable de Garantías (FGS). Asumimos que la opción es opinable pero se trata de un fondo anticíclico y estamos ante una emergencia mayúscula, la cual se ilustra en cuanto a que no pueden subsistir aquellos que están dentro del sistema. La estructura de reparto requiere que se haga efectivo, es obvio que esta acción tiene que ser temporaria, que hay que rediscutir el fondo y ver los problemas de la arquitectura del sistema y otros tópicos que nadie está analizando.

Urge construir escenarios a una década, dos o 30 años para considerar cómo evoluciona la pirámide poblacional. Recalcamos, no se está haciendo nada parecido, por el contrario se habla con una liviandad sorprendente, que solo tiene que ver con apoderarse del FGS y nada más.

Respecto a las organizaciones que representan a trabajadores activos es imperioso que formen conciencia sobre un punto decisivo: las personas que tutelan serán mañana jubilados. Mantenemos un fluído y constante diálogo con ellos donde tratamos de que se asuma la conciencia respecto a algo tan delicado pero aún así no alcanza. Entre las consecuencias directas o no está la espantosa reforma previsional sancionada en diciembre del año pasado donde se conformaron los pilares de lo que exige el FMI: la consagración del principio de los “contributivos puros”, entendiendo por estos a los trabajadores que cumplen el requisito de años de aportes para acceder a su beneficio el tema central. Fue una máscara el supuesto 82% móvil sobre las mínimas, lo que concretó es qué derecho tienen unos y otros, porque ya no habrá quienes tengan 30 años de aportes una disminución que no solo ocurre en este país. Tal ofensiva conlleva a que incluso las organizaciones sindicales validen la precarización.

Más allá de lo que se declama en contra, este mal fenómeno avanza sobre el trabajo formal. El pilar del trabajo registrado, una amplia franja hasta hace alguno años, está rezagado y rumbo a una cercana condición de residual. Dichos factores hacen que la jubilación en si misma se convierte en un abismo, lo cual deriva en que una persona que trabajó durante 30 o cuarenta años, por definición o números, dejó de ser un trabajador si de derechos reales se trata.

No arribaremos a solución alguna que donde la política no imprima decisiones acordes a la gravedad de la coyuntura. La situación de la Argentina hoy complica más cualquier alternativa porque consideramos desde nuestra labor que ameritó experiencias internacionales de que la concepción en vigencia se trazada desde el capitalismo puro, estamos en una consideración pre capitalista.

* Defensor de la Tercera Edad