Todos podemos ser héroes. Es más, todos lo somos en potencia, esperando un momento en el que podamos llevar a cabo una acción heroica. Es cuando muchos descubren que son capaces de hacer cosas inimaginables.

En general, las personas que se involucran en el heroísmo cotidiano comparten algunos rasgos de personalidad, como la empatía y el afecto sincero. De hecho se preocupan bastante por la seguridad y el bienestar de otras personas. Tienen una habilidad especial para ver las cosas desde la perspectiva de los demás. Son competentes y se sienten seguros en sus más altos valores. Teniendo en cuenta estas características, muchos expertos creen que es posible que las personas aprendan a ser héroes.

Sin embargo la vida nos enseña, a veces de manera violenta, que mientras estamos ocupados salvando el mundo, nuestra propia casa demanda cuidados que solo nosotros podemos brindar. No podemos permanecer de brazos cruzados.

Esperar a que alguien venga a salvarnos es un tremendo error porque nadie sabrá hacerlo mejor que nosotros mismos. No es preciso que nos pongamos un traje especial ni que luchemos contra enemigos con poderes especiales. Solo hay que estar atentos a uno mismo, quererse y cuidarse. Ser nuestros propios héroes nos ayudará a mejorar la autoestima y facilitará el camino hacia nuestros sueños. Habrá que concluir entonces que nuestra felicidad depende de nosotros y, en definitiva, de nuestra heroicidad.

Un héroe toma decisiones, elige qué hacer y hacia dónde ir. Prefiere ser dueño de la actitud con la que va a enfrentar el día o las cosas que irán sucediendo. Deja de dar protagonismo a esas voces interiores que no lo dejan avanzar y lo anclan a la zona de confort.

Es necesario, además, nuestra valentía en la lucha contra los enemigos, contra nuestros enemigos: todo lo que nos atrapa en el malestar y nos empequeñece. Los miedos, la desconfianza, los conflictos y, sobre todo, la crueldad con que, a menudo, nos tratamos a nosotros mismos. Tomar conciencia de lo que sucede y transformarlo nos ayuda en la grandiosa tarea de convertirnos en nuestros héroes. La clave no está fuera sino en el interior de cada uno. Es la capacidad de visibilizarnos y darnos la importancia que merecemos, ofreciéndonos nuestro mejor apoyo. Porque solo hay una persona que nos acompañará siempre, ya sea para bien o para mal y somos nosotros mismos. Los verdaderos héroes no son los que luchan contra los monstruos ni vuelan por las nubes, sino aquellos capaces de salvarse a sí mismos cada día con la intención de hacer su vida más plena, derramando felicidad a quienes lo rodean.

Hay que tener cuidado. Las personas que no luchan por conseguir sus sueños suelen decirles a los demás que tampoco cumplirán los suyos. ¿Cuántas veces nos detuvimos en una parte del camino porque alguien nos dijo que no siguiéramos, que nunca alcanzaríamos nuestro objetivo? Profesores, padres y madres, hermanos, amigos, empeñados quizás sin darse cuenta- en hacer de alguien un completo inútil. Asesinos de sueños. Miradas de compasión, de burla, de incomprensión ante el esfuerzo descomunal que pequeños y grandes héroes realizaban por conseguir algo.

Como afirmaba Edison, "los que dicen que es imposible no deberían molestar ni interrumpir a los que estamos intentándolo". Pues podemos hacer lo que queramos si lo intentamos lo suficiente, porque querer no significa poder, pero desde luego que ayuda. Lo decía Séneca: "no es porque las cosas sean difíciles que no nos atrevemos. Es porque no nos atrevemos que las cosas son difíciles".

La canción "Héroe" de Maríah Carey proclama: "Y como un libro el corazón, nos enseña que hay temor; que hay fracasos y maldad, que hay batallas que ganar y en cada página el amor nos convierte en luchador. Y descubres lo común, no hay un héroe como tú".

Pues sí, alguna vez nos va a tocar ser nuestro propio héroe o nuestra propia heroína. Cada uno lo será en su propia historia. Ante grandes riesgos, el instinto de supervivencia nos conducirá a no bajar los brazos y a despertar el coraje. Eso es vencer: no darse por vencido sin intentarlo. Se requiere dejar a un lado la identidad de víctima, esa situación de vulnerabilidad donde la autoestima está totalmente fragmentada. Tomar las riendas y convertirnos en artífices de nuestra propia realidad, para crear nuevos horizontes como auténticos héroes. Podemos.

"Había una vez dos niños que patinaban sobre una laguna helada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación. De pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua, quedando atrapado. El otro niño, viendo que su amigo se ahogaba bajo el hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró romper la helada capa, agarró a su amigo y lo salvó.

Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaban cómo lo hizo, pues el hielo era muy grueso. "Es imposible que lo haya podido romper con esa piedra y sus manos tan pequeñas", afirmaban.

En ese instante apareció un anciano y dijo: "Yo sé cómo lo hizo". "¿Cómo?" "No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo".