Entre las versiones de Shakespeare para el cine -no es raro que sea uno de los autores más adaptados a la pantalla porque, de algún modo, Shakespeare era un poeta del gran espectáculo- el Otelo de Orson Welles es casi algo aparte. La filmó como pudo durante años entre varios países (de hecho, compitió en Cannes por Marruecos), y para conseguir el dinero, aceptó roles infames en películas imposibles. El resultado es hermoso: no solo Welles recita los textos del Bardo como corresponde, respetando la forma pero integrándole una mirada y entonación "de autor", sino que logra construir otra parábola sobre el poder, el gran tema de su filmografía. Además de esto, todo parece una producción lujosa y grande, aunque mucho se hizo como se pudo, de a pedazos, con atrezzos prestados. Welles, se nota, se divierte a lo Orson para lograr su película contra viento y marea. Y encima lo logra. Está disponible en Qubit. TV y nunca tuvo estreno comercial en la Argentina.