"Tengo un tatuaje que dice Todo es ficción, aun la realidad", dice a BAE Negocios Mariana Komiseroff sobre su novela Una nena muy blanca.

—Pocas novelas transcurren en el conurbano, ¿por qué le parece que es?
—No sé si pocas. Sé que cada vez que alguien escribe una novela así, le cabe la aclaración de literatura de los márgenes, literatura del conurbano, se evidencia la otredad. Frente al todo hegemónico, masculino, urbano, del centro, aparece esto otro, un poco como con la literatura producida por mujeres, a alguien le parece que hace falta la aclaración de "literatura femenina", por ejemplo, como una subcategoría. Soy mujer y del conurbano, desde esos lugares escribo pero es molesto tener que aclarar.

—¿Cómo surgió el tema de la novela?
—En un momento me empecé a dar cuenta de que mis amigas de toda la vida y yo teníamos, cada una, una historia familiar tremenda, parecían tragedias griegas por las tramas. Más adelante me di cuenta de que se podía hacer literatura con eso, que había un montón de cosas que nosotras vivíamos que no sólo mucha gente no sabía que eran comunes sino que además resultaban interesantes. Ahora pienso que aunque de nobleza no tenemos nada, tal vez nuestras historias producen identificación y sirven para la "catarsis" de alguna manera.

“En mi diario escribía mentiras porque mi vida no me parecía interesante”

—La relación madre e hija ¿era un tema que le interesaba desarrollar?
—Me interesan las familias. Hasta ahora no pude escribir de otro tema que no fuese ese. La madre apareció al principio sólo como una voz, la pensé como el corifeo, que es el personaje de la tragedia que tiene más poder dentro del coro.

—¿Es más complejo escribir de realidades contemporáneas que la sociedad muchas veces no quiere ver?
—Para mí es difícil escribir sobre lo que no conozco. Si tuviese que escribir ciencia ficción, por ejemplo, sería imposible. No sé imaginar otros mundos, no tengo imaginación.

—¿Cómo definiría a cada una de las hermanas?
—La Ely es una adolescente bastante rebelde que sabe cómo manejarse en el barrio, tiene calle, pero no deja de tener los 16 años que tiene; y, cuando ve que en su partida de nacimiento no figura el nombre de su madre, por momentos imagina mundos mejores y por momentos se derrumba, ahí no la tiene tan clara. La Jesi es la narradora, está entrando en la adultez en un contexto social hostil, entra y sale de trabajos precarios, tiene un novio bastante imbécil y a diferencia de su hermana menor no le gusta su vida, ni la música del barrio ni su casa. Cuando empieza a trabajar en un barrio privado no puede evitar la comparación. Y la Verónica es la hermana tácita, la que no está presente porque se fue, es un personaje al que se le imaginan vidas posibles y se fue hace tanto tiempo que ya nadie recuerda cómo era, se la inventa.

—Una vez terminada, ¿le costó dejar a los personajes?
—No, es un alivio terminar una novela. Es entender un montón de cosas íntimas y, aunque no es el fin que persigo con mi escritura y odio decirlo, la realidad es que puedo sanar muchas cosas. Es un proceso medio psicoanalítico. La vida sin la escritura sería insoportable para mí, aunque a veces me resulte insoportable igual. Bah, no sé. Si fuese feliz no escribiría.

—¿Cuándo supo que quería ser escritora?
—Escribo desde siempre. Cuando me regalaron un diario íntimo a los 9 o 10 lo usaba para escribir mentiras porque no me parecía interesante mi vida, tenía miedo de que alguien leyera una mala historia, ya era consciente del lector. El segundo diario íntimo que me regalaron lo llené de poesías y un tío me lo robó para hacer una maldad, lo recuerdo contándole a mi abuela preocupado "las cosas que escribe esta piba". En la adolescencia seguí con las cartas a mis amigues. Me acuerdo de una que escribí sobre el genocidio y Daniela, una de mis amigas a las que le dedico la novela, me decía "¿por qué mierda me escribís estas cosas?". Yo no sabía por qué. Cuando me di cuenta de que quería ser escritora, o ya era, el novio que tenía en ese momento me decía que lo que escribía era una mierda, así que empecé en la UBA, pero yo había sido madre en la adolescencia y eso es incompatible con la facultad y que no iba a ser escritora estudiando letras y dejé. Con Claudia Piñeiro, en su taller, me di cuenta de que ser escritora para mí era una posibilidad.

Título: Una nena muy blanca
Autora: Mariana Komiseroff
Precio: $499
Editorial: Emece
Páginas: 160