Santiago Cafiero, referente del Grupo Callao y hombre de máxima confianza de Alberto Fernández, afirma a BAE Negocios que se va hacia una nueva etapa de "final de la grieta y de gobierno de coalición". Además admite que Cristina eligió al precandidato a Presidente antes por la gobernabilidad que por lo electoral. Y lanza: "El Callao no es el think tank de Alberto ni un semillero de funcionarios".

—¿Qué cambió en el escenario político con el anuncio de la fórmula Fernández-Fernández?
—Esta lógica de grieta que estaba desde 2015 y antes también, que el macrismo había propuesto como escenario político y electoral, con una Cristina protagónica y candidata. Ahora el Gobierno tiene que recalcular. Y muchos gobernadores, sindicalistas y empresarios sintieron que se dio la apertura que reclamaban y empezaron a tomar contacto. Cristina entendió que el país tiene otros desafíos que los de 2015 y que hay una agenda vacante que necesita representación. Y que quien mejor la puede representar es Alberto Fernández, por sus probados recursos de diálogo, consenso y conocimiento de actores.

—¿Cómo describirías esta nueva etapa? Muchos hablan del final de la grieta.
—Pienso que vamos hacia el final de la grieta y hacia un gobierno de coalición política. Cristina vio que se necesita que la potencia electoral que ella conduce, que es la más importante del país, esté dentro de un proyecto colectivo capaz de tender puentes con otros sectores. Es fundamental construir no solo una alternativa electoral victoriosa sino una alternativa política que gobierne.

—¿Ves un revival del "nestorismo" como afirman muchos analistas?
—La figura de Alberto representa mucho de eso. Kirchner tenía también una idea de unidad nacional. Alberto dice que él supo cómo salir de ese laberinto post incendio del 2001. Y plantea que estamos llegando a un momento no igual, porque no lo es, pero sí similar. Y debemos creer que la política es la que puede resolverlo.

—¿En qué sentido decís que esta crisis no es como la de 2001?
—La de 2001 fue una crisis social, económica y financiera muy fuerte. Hoy hay una crisis social y de empleo, pero no son los valores de 2001, cuando uno de cada cuatro no tenía trabajo, la pobreza tenía niveles más altos y el sistema financiero era menos robusto. Pero es cierto que en términos emocionales se vive una crisis muy similar, porque no hay esperanza ni expectativas.

—¿Creés que Cristina eligió a Alberto pensando más en lo electoral o en la gobernabilidad?
—En la gobernabilidad. Alberto nunca tuvo un perfil electoral.

—¿Se puede convertir en un líder electoral?
—Sí. Va a ocupar ese rol porque la sociedad se lo va a dar. Él despierta expectativa obviamente traccionada por Cristina. Pero sus condiciones para construir consensos se van a conocer también en los que se levantan para ir a laburar todos los días.

“En términos emocionales, se vive una crisis muy similar a la del 2001”

—¿De qué forma fue recibida la fórmula Fernández-Fernández en el Círculo Rojo o el establishment?
—Creo que ahí hay un prejuicio con Cristina y el peronismo, pero no del mercado, sino de clase, de parte de aquellos que componen el Círculo Rojo. No se puede decir que estas crisis son producto de los movimientos electorales de Cristina, o ahora de Alberto. Muchos decían que el anuncio de la fórmula traería volatilidad a los mercados, pero ese lunes el riesgo país bajó, el dólar se mantuvo estable y los bonos subieron. Entonces el problema es Macri, no la oposición.

—¿Cómo te imaginás la dinámica entre Alberto y Cristina si ganan? Se habla de "títere" o de "doble comando".
—Las decisiones las tomará Alberto, es obvio, pero me parece que se planteó como una fórmula de equipo, que tiene las mismas ideas de hacia dónde tiene que ir el país. La idea de "títere" es parte de una estrategia inerte de muchos dirigentes políticos que ahora tienen que recalcular. Pero eso no fue así nunca, ni Néstor lo fue de Duhalde, ni Cristina de Néstor ni Alberto de Cristina.

—¿Entonces qué rol creés que va a tener Cristina? Nadie se la imagina como una vice protocolar.
—Sería una gran pérdida que Cristina ocupase un lugar protocolar. No sé qué rol ocupará. Supongo que de consulta permanente de Alberto, por su experiencia y claridad de pensamiento. No me imagino a una Gabriela Michetti, que no saben cómo hacer para que se calle y mandarla cada vez más lejos.

“El círculo rojo tiene prejuicio de clase con Cristina y el peronismo”

—Alberto había criticado muchas medidas del kirchnerismo. ¿Qué cambió ahora?
—Entendió que se puede convivir con opiniones distintas. Lo entendimos todos, aunque nos haya costado. Alberto sigue diciendo lo mismo sobre la Ley de Medios, el Indec, Justicia Legítima o el pacto con Irán. Y Cristina sostiene su visión y quizás no se ponen de acuerdo. La lógica equivocada de la política es pensar que tenés que coincidir en todo para ir juntos. Ellos dos lo entendieron y suavizaron los límites que nos habíamos impuesto de no hablar con tal o cual persona.

—Él había cuestionado particularmente el manejo kirchnerista del campo y los medios. ¿Cómo podría tratar esos temas en su eventual gobierno?
—Nosotros no tenemos una mirada prejuiciosa sobre el campo ni los medios, ni sobre los periodistas. Pero creo que hoy los principales temas de la agenda no son esos sino cómo salir de la recesión, generar empleo y consumo.

—¿Pensás que serviría llegar a un consenso con gente que hoy está del otro lado de la grieta?
—Sí claro, me parece interesante. Si el diálogo es realmente un ámbito para contribuir mutuamente. Pero los diez puntos de Macri no eran eso sino una estrategia electoral para aislar a Cristina. La invitación a ella a dialogar nunca existió sino que mandó una carta genérica a unos treinta políticos y empresarios. Pero nosotros prometemos diálogo y políticas de consenso. Si hay hombres y mujeres del actual Gobierno que quieren ser parte de lo que viene serán bienvenidos y podrán contar sus experiencias y podremos consensuar.

—Dijiste que te ves ligado a la función pública. ¿Podrías ser candidato u ocupar algún puesto si Alberto gana?
—No, yo voy a estar donde se necesite. Pero lo primero hoy es ayudarlo a Alberto a construir una campaña que se enfrente a la campaña de manipulación de Durán Barba y Marcos Peña. Nuestra estrategia será decir la verdad, lo que pasa y lo que vamos a hacer.

—¿Qué lugar podría ocupar el Grupo Callao en un eventual gobierno de Alberto?
—Hay que entenderlo como un grupo de debate político, que fue derivando a eso por impronta de Alberto luego de ser creado como un grupo técnico, y que seguirá acompañándolo. No es el think tank de Alberto Fernández. Eso suena bien pero no es real.

—¿Podría ser un semillero de funcionarios?
—No, yo creo que no. Por lo menos no está trazado en esa línea. Nosotros creemos que hay que militar el campo de las ideas para construir contrasentido y que no prime el sentido común antipopular que construyó el macrismo.

—¿Lo ves como una reedición del Grupo Calafate?
—No sé. A nosotros nos encanta que nos comparen con el Grupo Calafate. Pero justamente ese no fue un grupo que después puso funcionarios, sino de debate político que discutía contraculturalmente, porque arrancó en 1997, en pleno menemismo y neoliberalismo.

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