Es verano y el amor está en el aire. Los besos y coqueteos se intercalan con helados de todos los gustos, zambullidas en la pileta y nuevas aventuras. Un nuevo shopping mall se instala en el pueblo de Hawkings, Indiana, y todos quieren visitarlo. Pero no es la única novedad. Algo oscuro empieza a asomar.

La acción de esta tercera temporada de la serie creada por los hermanos Duffer transcurre un año después de los eventos ocurridos en la entrega anterior, tras la pesadilla del demogorgon y los secretos desentrañados sobre el Laboratorio Hawkins. No es mucho lo que se puede adelantar de la trama celosamente resguarda de spoilers por Netflix (pidió especialmente evitar revelaciones).

El misterio y las entidades siniestras de inframundos tendrán por supuesto un rol fundamental en la historia, de la mano de nuevos enemigos, pero en esta temporada cobra especial protagonismo el paso a la adolescencia. En clave "coming of age" (subgénero narrativo que aborda las etapas del crecimiento) los personajes deberán lidiar con los problemas de esa despedida gradual de la infancia.

Romances, amigos despechados, padres preocupados y hormonas alborotadas generarán tensiones en la pandilla. No todos están en la misma: Eleven y Mike se besan todo el día, mientras Will, por ejemplo, sigue aferrado a los juegos de rol. Dusty regresa de unas largas vacaciones y espera que todo siga igual en la pandilla. En el mundo adulto, Joyce lidia con las insinuaciones del policía David, mientras atraviesa el duelo por la pérdida de su ex, muerto violentamente en la temporada anterior. Hay una nueva incorporación al elenco: Robin, interpretada por Maya Hawke, hija de Uma Thurman y Ethan Hawke

La serie tiene el mérito de saber acompañar el crecimiento de sus actores protagonistas, encontrando nuevos ángulos y sin perder la esencia de la historia, que tiene uno de sus fuertes en la amistad.

Esos raros peinados nuevos
Otro de sus sellos inconfundibles es la nostalgia ochentera. Esta vez, los Duffer, fanáticos confesos de esa década, se dan realmente todos los gustos. Peinados estrambóticos, colores vibrantes, diseños geométricos, ídolos de la época como Ralph Macchio (Karate Kid), clásicos temas lentos y canciones de Madonna para cantar a los gritos.

Por supuesto, no faltan como siempre las referencias cinematográficas. Terminator, Volver al Futuro (que se estrenó precisamente en 1985), Alien y ET, son algunas de las películas que aparecen en escena. Más allá de las menciones explícitas, en esta temporada sobrevuela también un aire a las entrañables comedias adolescentes al estilo John Hughes, director de El club de los cinco.

Esta vez la serie tiene mejores resultados en estos ingredientes -la nostalgia ochentera y las tramas de la adolescencia-, mientras que la historia de ciencia ficción, si bien siempre efectiva y de a ratos ingeniosa, empieza a percibirse más repetitiva y debilitada. El humor está más presente también en esta temporada, especialmente en algunas de las líneas narrativas.

Estrenada un cuatro de julio, Día de la Independencia de los EE.UU., el condimento patriótico se integra fuertemente a la mezcla. En un año en que aún persistía la guerra fría, los directores hacen alusión al juego de espías. En contrapartida con el imaginario soviético, el shopping mall muestra su despliegue de marcas (literalmente aparecen varias en escena) y consumismo. Las banderas de Estados Unidos también tienen más de un cameo.}

Verano caliente, amistades en tensión y nuevos problemas en el pueblo

El centro comercial en sí es todo un protagonista de la historia. Es el lugar donde transcurren buena parte de las acciones y también el eje de tironeos con los comerciantes del pueblo que luchan por su subsistencia. Además, intrínsecamente unido al vagabundeo y la exploración adolescente, con decenas de horas ingiriendo bebidas azucaradas, es punto de encuentro de los amigos. Fue tópico de más de una película y videoclip en los años ochenta.

Aún no está claro si habrá una cuarta temporada, pero por ahora los fanáticos tienen unos cuantos capítulos para disfrutar. Stranger Things regresó, sin grandes novedades, pero con su fórmula perfeccionada que siempre resulta entrañable, nostálgica y entretenida.

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