En los últimos años, es cada vez más fuerte la preocupación por las amenazas climáticas y el calentamiento global, por lo que resuena un pedido de conciencia ecológica desde diversos sectores sociales, productivos y económicos.

Este fenómeno se hizo eco en los últimos días en Glasgow, sede de la COP26, en donde decenas de miles de personas se manifestaron exigiendo que los gobiernos impulsen acciones concretas de justicia climática. Esta preocupación se extrapola a las principales agendas y sus discusiones y análisis se incorporan en disciplinas de lo más variadas. Y las finanzas no son una excepción.

El principal objetivo de cualquier inversor siempre estuvo atado a la maximización de la rentabilidad y la minimización del riesgo, analizando renta económica y las posibilidades tanto crediticias como financieras que pueden incluir diversas variables macroeconómicas del mercado de capitales, o expectativas del ámbito social o político. Recientemente, y de la mano de este fenómeno, es cada vez más frecuente que se incorporen criterios de sustentabilidad a la hora de tomar decisiones financieras.

El mercado de capitales internacional ofrece, cada vez más alternativas de inversión sustentables en donde el inversor pueda tener variadas opciones para sus fondos y, al mismo tiempo, cuidar el medio ambiente.

Los criterios que se incorporaron a las primeras inversiones sostenibles se denominan ESG (environmental, social and governance: criterios ambientales, sociales y de gobernanza). Estos criterios no incluyen únicamente la medición del impacto ambiental sino que también incorporan otros impactos dentro de la economía que permiten que el inversor utilice esta información para la toma de decisiones, lo cual le permitiría validar si sus inversiones van de la mano de sus valores y sus prioridades.

Dentro del criterio ambiental se puede considerar el impacto en el medio ambiente relacionado con la contaminación, el trato hacia los animales y el uso de energía o desechos. Ampliando los criterios bajo un perfil social, incorporamos cuestiones vinculadas con el desempeño de la empresa dentro y fuera de ella, así como también su impacto en la comunidad. Por ejemplo, pueden tenerse en cuenta políticas de inclusión y de perspectiva de género.

En el caso de la gobernanza, se hace hincapié en comprender el funcionamiento interno de la empresa en cuanto a la persecución de objetivos: ¿cómo se maneja el liderazgo?, ¿hay transparencia con los accionistas?, ¿cuál es la política salarial?

A pesar de que esta última hace un tiempo que es considerada dentro de los criterios relevantes para las inversiones, las primeras dos son novedosas y muestran un claro crecimiento de su relevancia.

Las inversiones ESG buscan rentabilidad, pero financiando proyectos que tengan consecuencias positivas para el medio ambiente y para la comunidad, persiguiendo objetivos alineados con la sustentabilidad. Así, mientras invertimos, nos aseguramos de estar financiando proyectos para energías renovables, control de la contaminación y uso de la tierra, entre otros. Es por esto por lo que los fondos de inversión que aseguran criterios ESG en sus inversiones tienen cada vez más adeptos.

En 2020, según el Global Sustainable Investment Review, la inversión basada en estos criterios alcanzó los USD35,3 billones. La pandemia fue clara y sacó a la luz la necesidad de repensar nuestras prioridades y criterios.

Entonces, ¿por qué hoy elegimos inversiones sostenibles? ¿Los inversores buscan impacto en el medio ambiente de manera desinteresada por motivos éticos? Esto, lógicamente, no es así. Además del creciente interés ambiental, las inversiones ESG son rentables. Según el índice S&P 500 ESG de Estados Unidos, calculado por Standard & Poor’s, las inversiones ESG tuvieron un rendimiento del 61,2% en dólares durante los últimos tres años. Esto no solo atrae inversiones sino que crea incentivos para que las empresas incorporen prácticas sustentables y revisen su impacto social (como privacidad de los clientes, políticas salariales, transparencia, etcétera) para atraer un volumen de inversores cada vez más atento y responsable.

¿Tenemos inversiones sustentables en Argentina?

Sí. La Comisión Nacional de Valores autorizó en junio de este año los fondos comunes de inversión ESG. En línea con las tendencias internacionales, la creciente demanda por estos instrumentos y la intención de fomentar la inversión en activos que obedezcan a criterios ambientales, sociales y de gobernanza, Argentina avanzó con esta primera medida.

Estos fondos abiertos son Bull Market Fondo Común de Inversión ASG, Quinquela Renta Mixta Sustentable FCI ASG y ESG ST Fondo Común de Inversión ASG. En estos fondos, al menos el 45% debe estar destinado a instrumentos de renta fija y/o variables que destaquen en la aplicación de prácticas sociales, medioambientales o de gobierno corporativo.

Por otro lado, crece exponencialmente la aparición de bonos verdes. Estos bonos son instrumentos de deuda que buscan financiar proyectos sustentables relacionados con el cambio climático que obedezcan a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En 2007 se emitió el primer bono verde desde el Banco Europeo de Inversiones. En 2021, Iberdrola, el mayor emisor de bonos verdes español, emitió un bono por 2.000 millones de euros, encontrándose con una demanda de mercado de 9.000 millones de euros, cuadriplicando la oferta.

En Argentina, Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA) creó un panel de bonos verdes, sociales y sustentables alineándose a estándares internacionales establecidos por Naciones Unidas. Hoy en día, en este panel se encuentran dos emisoras con valores negociables verdes, cinco sociales y dos sustentables. La última incorporación fue en octubre de 2021: la obligación negociable Techo, etiquetada como social. El proyecto busca crear una fábrica social que brinde soluciones habitacionales para la población vulnerable. La sobredemanda en esta emisión fue de $22,2 millones.

A pesar del innegable crecimiento de la sostenibilidad en el mundo de las finanzas y en el mercado de capitales, existen detractores de este tipo de inversiones. Tariq Fancy, ex director de global de BlackRock (la mayor gestora de inversiones del mundo) tiene una mirada crítica sobre los bonos verdes y las inversiones basadas en criterios ESG. Según su criterio, luego de varios años en el sector, las finanzas sostenibles son un placebo para la humanidad en términos de cambios ambientales: los inversores tienen la conciencia tranquila de estar colaborando en proyectos alineados con sus intereses y creen contribuir al cambio climático. Por esto están dispuestos a pagar comisiones más altas o enfrentar mayores riesgos y el impacto ambiental positivo de estas inversiones está a la vista. Pero, ¿no habrían sucedido de todas maneras por los cambios sociales de paradigma? ¿Aquellas actividades no sustentables no serán igualmente llevadas a cabo por otros capitales? Las empresas o los fondos, que están buscando siempre mayores rendimientos, ¿realmente priorizan los criterios ambientales y sociales?

* Responsable de las licenciaturas en Economía y Finanzas de UADE