Los últimos sondeos le otorgan a Mauricio Macri una imagen negativa del 60%, mientras que a Cristina Fernández la considera negativamente un 56% de la sociedad. Técnicamente, para los encuestadores esa es la columna más determinante con relación a las chances electorales de un candidato. No importa tanto el grado de aceptación como el porcentual de rechazo a la hora de calificar las chances de un candidato.

Paradójicamente, el Presidente y su antecesora acaparan todas las expectativas con relación a las presidenciales del año próximo. Más todavía, sus espacios no tienen dudas de que serán postulantes y protagonistas de la contienda. Si la realidad confirma las previsiones -en términos políticos, un año es demasiado tiempo en Argentina-, los argentinos se van a ver obligados a decidir entre dos malos candidatos. Dos figuras que, en condiciones normales, serían consideradas un lastre para sus partidos.

El oficialismo ya cerró su apuesta. Macri, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta irán por las respectivas reelecciones y alientan a sus socios radicales que gobiernan distritos a conformarse con repetir esa aspiración.

En el peronismo, la ecuación sigue abierta. Con más juego de chicanas que intenciones de concreción, tanto desde el kirchnerismo como desde el peronismo "racional" surgen voces que señalan como posible una convergencia de espacios para tornarse invencibles. Está claro que Cristina ya no puede compartir cartel con Sergio Massa, luego de que, entre otras cosas, el ex intendente de Tigre diera a entender días atrás que la ex presidenta debería estar encarcelada. A esta altura, ambos pagarían costos, internos y externos, si deciden forzar sonrisas para un afiche de campaña. Lo mismo corre para Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti y Miguel Pichetto, que completan el cuarteto que busca ponerse de moda como alternativa para Argentina.

Mientras Cambiemos se desgarra en el debate entre los que quieren darle rienda suelta a la Justicia para que avance contra Cristina y los que la consideran vital para soñar con la reelección, la ancha avenida del medio se planta frente a una oportunidad tan posible como difícil.

Massa, capitán de ese barco por peso electoral, deberá hacerle entender a la porción del electorado refractaria a Cristina que sólo él ganaría con autoridad un balotaje frente a la ex mandataria. La alternativa es estrictamente cierta. Una segunda vuelta de Macri contra Cristina sería una quimera para los hoy oficialistas. Los votos del peronismo dialoguista se repartirían sin control alguno. En cambio, aún como una cucharada de "aceite de ricino" (como inmortalizara alguna vez el líder original de Massa), los eventuales votos perdidos de Cambiemos se volcarían íntegramente hacia el tigrense. La chance está, pero no será sencillo para "el cuarteto" convencer a los votantes de Macri de su verosimilitud. Las PASO le podrían dar una mano en ese sueño.