La Casa Blanca sorprendió al mundo polí- tico y empresarial al anunciar que el presidente Donald Trump asistirá a la reunión anual del Foro Económico Mundial, la primera vez que un presidente estadounidense lo hace desde Bill Clinton en el año 2000. Para Trump, que fue elegido con la promesa de arrebatar el control de la formulación de políticas precisamente a la clase de “élites” que se reúnen en la ciudad de los Alpes, es una decisión sorprendente. Entre los asistentes habituales se encuentran el máximo ejecutivo de JP Morgan Chase & Co., Jamie Dimon, el fundador de Alibaba Group Holding Ltd., Jack Ma, y la directora gerente del FMI, Christine Lagarde.

Se suponía que el primer ministro indio, Narendra Modi, sería la estrella de este año (hasta el anuncio de Trump), y probablemente promocionará a su país como un destino de inversión que puede competir con China, cuyo presidente Xi Jinping encabezó la cumbre de 2017.

¿Qué tipo de recepción recibirá Trump? Es difícil de decir. Por un lado, las políticas contra el comercio y la inmigración de Trump son impopulares entre la mayoría del grupo de Davos, que tienden a compartir un cosmopolitismo fácil con independencia de su orientación política individual. Por otro lado, la única característica unificadora de los asistentes al WEF es la riqueza, y dado que los precios de las acciones están alcanzando niveles récord, muchos se sentirán mejor de lo habitual con respecto a sus perspectivas personales. Esto es aún más cierto para aquellos que se beneficiarán de la legislación fiscal que firmó Trump en diciembre, que ofrece amplias nuevas oportunidades para que el 0,01 por ciento proteja sus ingresos. Y luego está la simple cuestión del poder. Trump, aunque sea impopular y esté asediado, sigue siendo el líder del actor económico y militar más importante del mundo, y muchos empresarios tienen mucho que perder si tuvieran una mala relación con Trump.

¿Qué significa esto para el WEF? Tener a Trump es sin duda un gran logro para la organización con sede en Ginebra que dirige el foro. A lo largo de sus cuatro décadas de historia, el WEF y su fundador, Klaus Schwab, han rechazado repetidamente las acusaciones de que el evento es una tertulia irrelevante. El foro del año pasado, que coincidió con la toma de posesión de Trump, pareció especialmente alejado de la política mundial: la atención de todos estaba centrada en los acontecimientos en Washington, donde se estaban tomando las decisiones reales. Sin embargo, si bien la asistencia de Trump atrae la atención, también altera enormemente el año de trabajo de los empleados que organizan el apretado calendario de paneles, discursos y talleres para los asistentes, que incluyen a Sheryl Sandberg de Facebook Inc. y a celebridades como Bono y Matt Damon. También podría traer de vuelta a los manifestantes, ausentes en los últimos años.