El 2017 fue, tal como pronosticaban los economistas y el propio Gobierno, un año de repunte económico. Entre enero y septiembre, el producto acumuló una suba del 2,5% y de esta forma superó la caída registrada durante 2016, cuando la liberación del cepo y el tarifazo provocaron un retroceso del 2,2%. Sin embargo, los "brotes verdes" no fueron homogéneos para todas las actividades, y además se vieron empañados por la reaparición de un fantasma noventista: la disparada en el déficit de cuenta corriente, clásico síntoma de que el tipo de cambio está gravemente atrasado.

Lo cierto es que mientras que la construcción avanzó a todo trapo de la mano de la obra pública (hasta octubre había subido 11,6%), la industria sigue en cámara lenta y le cuesta recuperar el terreno perdido ante las importaciones y consumidores que tienen que hacer frente a servicios públicos hasta 1.000% más caros que en 2015. Según el Indec, la actividad fabril en los diez primeros meses subió 1,8%, lejos del 4,6% perdido en 2016.

En tanto, la inversión reaccionó y podría cerrar un 10% arriba en relación al año previo, pero acá también hay luces de alerta porque el alto componente extranjero desplaza la producción local.

Fue, además, un año en donde el Banco Central incumplió la meta del 17% que se había propuesto, a pesar de que su titular, Federico Sturzenegger, reconoce que la política monetaria nunca fue tan tirante como ahora. Es que las Lebac pagan 28,75% contra una suba de precios que el mercado ubica en torno a 16% para los próximos doce meses.

En ese sentido, el tipo de cambio apreciado por la abundancia de dólares financieros provocó que las importaciones volaran 19%, y las exportaciones sólo subieran 1,8%, lo que llevó al déficit de cuenta corriente a triplicarse en un año, al sumar u$s8.683 millones en el tercer trimestre. Así el 2017 cerraría con el rojo más alto desde 1998, al llegar al 4,5% del PBI.

"La sorpresa de este año fue la inversión, que podría cerrar el año con un crecimiento del 10%. La ingrata fue el déficit de cuenta corriente que aumentó muy fuerte por las exportaciones estancadas y las importaciones subiendo fenomenalmente", evaluó Lorenzo Sigaut Gravina, de Ecolatina, en diálogo con BAE Negocios. "Que cerremos con el rojo más alto desde 1998 es una llamada de alerta", advirtió el economista.

Para Sigaut Gravina "el año fue de menor a mayor en términos de actividad" y el año próximo el país crecerá 2,5% y la inflación será del 18%, por lo que no se cumplirán los pronósticos del Gobierno. Donde sí el Ejecutivo tiene más chances con sus proyecciones es en materia de déficit fiscal: la reforma previsional aprobada la semana pasada en el Congreso implica un ahorro importante en jubilaciones, la partida que se lleva el 50% del gasto, aunque este ajuste "seguramente tenga impacto en el consumo masivo, no así en bienes durables", de acuerdo a Sigaut.

Ariel Lieutier, del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala, sostuvo que "a diferencia de otras recesiones que eran más homogéneas, no todos los sectores se recuperaron de la caída de 2016, lo cual habla de una reconfiguración del modelo económico que también se ve reflejado en el empleo. Aumenta en servicios y construcción pero la industria los sigue destruyendo".

Lieutier apuntó que "el frente externo está muy tensionado" por el apalancamiento de deuda del Gobierno. "La inversión viene muy concentrada en la obra pública y la construcción y viene de la mano de la apertura comercial, por lo que desplaza producción local", añadió.

En definitiva, el balance del segundo año de gobierno cambiemita nos muestra una economía en crecimiento que se prolongaría durante 2018, con un fuerte avance de la inversión, aunque con una reacción dispar entre sectores. Mientras tanto, aparecen nubarrones en el frente externo por un tipo de cambio que fomenta las importaciones y desalienta las exportaciones, poniendo en jaque la capacidad de repago del endeudamiento masivo iniciado con la gestión macrista.

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