En la Argentina hay infinidad de empresas familiares cuyas historias hoy son ejemplo de esfuerzo y perseverancia. Y el caso de los Lagruta no sólo no escapa a esa estirpe sino habla a las claras de la visión de futuro que tuvo Luis Fasoli cuando en 1915 llegó al país proveniente de Mandello del Lario, una localidad de Lecco en la región de Lombardia, Italia para establecer los pilares de lo que hoy es Rafaela Alimentos y ser hoy un emporio de fiambres y carne vacuna.

Pero para conocer más, hay que remontarse 102 años atrás. Don Luis, como se lo conocía en el barrio ya traía consigo el conocimiento para hacer los embutidos desde su pueblo natal. De ahí el nombre de Lario, tal cual se conoce a sus fiambres en las góndolas.

Su venta empezó en las calles de Rafaela, provincia de Santa Fe. Y como era en esa época éste se hacía de puerta en puerta. Con la canasta a cuesta, Fasoli caminaba llevando sus salames y se los ofrecía a cuanta persona se le cruzaba. El negocio comenzó a crecer a tal punto que la demanda llegaba desde el norte del país. Para abastecerlo, un vagón del tren paraba en el pueblo y se llevaba los productos de estricta receta italiana.

Recetas que quedaron escritas en un pequeño cuaderno de tapa negra de 15x10 y guardada celosamente por sus descendientes bajo siete llaves.

“El recetario es una reliquia la cual tiene todas las fórmulas que él aplicaba y donde hoy nosotros mantenemos en la elaboración del fiambre italiano”, afirmó el nieto y vicepresidente de la compañía Carlos Lagrutta, quien reconoce a la vez que “a través del tiempo contratamos tecnólogos para mejorar su proceso, pero siempre con influencia de nuestro fundador frente a otras empresas que siguen los gustos españoles”.

Así es como poco a poco Don Luis fue adquiriendo los terrenos linderos a su casa de toda la vida y que hoy con 70.000 metros cuadrados da empleo a cerca de 800 personas para producir 3.000 toneladas de fiambres por mes.

De esta forma y después de haber sorteado la crisis de 2001, el presente lo encaran con metas para el mediano y largo plazo. Primero, y tras algunas malas decisiones del gobierno anterior que perjudicaron la actividad, el ejercicio fiscal actual tuvo un incremento del 7% respecto del 2016 al cerrar el año con una facturación de $3.000 millones, según se reconforta.

Ahora la empresa va por más. Habiendo ya conquistado el interior del país, la meta ahora es ingresar fuertemente en Buenos Aires donde su competidor Paladini le lleva la delantera.

Resulta que si bien están en la Capital Federal y sus alrededores, dichas ventas sólo significan el 12% de sus ingresos. Para aumentarlas hay que pensar en grande. Por eso “hemos decidido invertir u$s50 millones para hacer una planta nueva que suplante a la actual”, sostuvo Lagruta.

Se trata de un plan directorio a 10 años cuya primera etapa tendrá un desembolso de u$s8 millones que permitirá obtener una mayor eficiencia que nos lleve a ser más competitivos y que estará operativa a fines de 2019. “La idea es transformar una serie de líneas dentro de la planta vieja para luego incorporarla a la nueva, esto no significa crecer sino mejorar el proceso de los alimentos”, adelantó uno de los responsables de la firma.

El crédito, una preocupación

El dinero que se destinará a la inversión no fue fácil conseguirlo. “En la Argentina no existe aún el crédito si los bancos no reciben una garantía real. Con lo cual el emprendimiento, es jugarse todo a garantizar con cosas que estaban en otra canasta”, reconoció Lagrutta. La empresa debió hipotecar sus bienes para acceder al préstamo. Este es un tema difícil de resolver en la Argentina.Por otro lado Rafaela Alimentos tiene otra línea de negocio cuando, para sostener el negocio en sus comienzos debió convertirse en carnicero. La materia prima más importante de los fiambres en aquel momento era la carne vacuna. Hoy prevalece la de cerdo. Esto hizo que abriera algunas sucursales, pero finalmente todo se canalizó en una sola ubicada en la localidad de Casilda. Donde trabajan 400 operarios y se faenan 8.000 cabezas de ganado por mes.