Una frágil tablita cambiaria
Las dificultades de pretender el control de la inflación vía agregados monetarios y de las herramientas para controlar la corrida
El nuevo acuerdo del gobierno con el FMI luce tan endeble como el primero que debió renegociarse a sólo cuatro meses de su firma. El adicional de u$s19.000 M para el resto del mandato de Mauricio Macri termina de cerrar los requerimientos de divisas para cumplir con el pago de la deuda externa pública hasta fines de 2019. Sin embargo, tal como advertimos en una nota anterior titulada "¿Hay riesgo de default?", los desembolsos no son suficientes para cubrir el déficit externo del sector privado donde el déficit comercial, las deudas privadas, las utilidades de las multinacionales y la fuga de capitales demandarían unos u$s50.000 M adicionales, en un escenario optimista. De esa cifra, los nuevos fondos del FMI apenas alcanzarían a cubrir unos u$s12.000 M, con el consiguiente riesgo de una pérdida masiva de reservas.
Como contrapartida del adelanto de fondos, el gobierno se comprometió con el FMI a implementar un brusco ajuste de las cuentas públicas que incluyó el cierre de 10 ministerios y la elaboración de un proyecto de presupuesto con déficit cero para 2019. La aprobación del presupuesto en un congreso donde el oficialismo no tiene mayoría, genera un riesgo de default político al acuerdo. Aún de ser aprobado, el deterioro de las condiciones económicas y sociales que genera la política económica acordada con el FMI, inclina la cancha en contra del oficialismo de cara a las elecciones del año próximo.
Existe un riesgo de default político del acuerdo que se firmó con el Fondo Monetario
El gobierno también se comprometió a mantener congelada nominalmente la base monetaria e implementar un nuevo sistema de intervención cambiaria de bandas móviles. La idea de controlar la inflación por la vía de congelar los agregados monetarios, no parece acertada. La suba de los precios de los últimos años tiene componentes inerciales que no cederán ante una restricción monetaria. Mucho menos cuando el actual programa económico garantiza seguir impulsando la inflación por la vía de bruscos aumentos de tarifas y una devaluación de, por lo menos, el 3% mensual de acá a fin de año.
Respecto a la nueva política cambiaria, el establecimiento de bandas móviles donde la única relevante es la banda superior, es un esquema similar a la "tablita cambiaria" implementada por Martínez de Hoz en tiempos de la última dictadura militar. La evolución del dólar sería en torno a los $44 pesos en septiembre, $45,3 en octubre, $46,7 en noviembre hasta los $48 hacia fin de año. La evolución en 2019 dependerá de si se mantiene la tasa de devaluación del 3% mensual proyectada para este año.
El establecimiento de un límite a la devaluación diaria y mensual, busca dar una mayor certidumbre al rendimiento que generan las inversiones en pesos a los inversores internacionales. Así, si una LECAP tiene un rendimiento del 4% mensual, quien la suscribe tendría asegurado un rendimiento en dólares de, por lo menos, el 1% mensual. El objetivo de dicha política cambiaria es disminuir el ritmo de la corrida cambiaria, al incentivar las inversiones financieras en pesos tanto de los locales como de los fondos de inversión internacionales.
Para mantener la tasa de depreciación en torno al 3% mensual, el FMI sólo permite al BCRA poner a disposición del mercado unos u$s150 M por día. La cifra luce baja en relación a los u$s250 M diarios que viene perdiendo en promedio el BCRA en los últimos meses. De las 64 jornadas cambiarias vividas luego del primer acuerdo con el FMI, en 29 de ellas las reservas cayeron por encima de los u$s150 M, en 9 jornadas las reservas cayeron en más de u$s500 M, y en 4 lo hicieron en más de u$s1.000M en un sólo día. ¿Qué pasará cuando se repita una jornada donde la demanda de reservas supere los u$s150 M?
Las nuevas autoridades del BCRA no parecen haber preparado una respuesta ante ese escenario que luce como el más probable. De esa manera, la tablita cambiaria parece sostenerse en bases endebles que difícilmente puedan restablecer la bicicleta financiera y aminorar el ritmo de la corrida cambiaria.

