Guardianes de la Galaxia es ese objeto raro de filme de gran presupuesto que la crítica ha saludado de modo unánime, incluso la más especializada. Porque en lugar de ser una película de superhéroes es una demostración de amor por la infancia a partir de la pérdida, de por qué nos refugiamos en los amigos y en la fantasía cuando el mundo se vuelve contra nosotros. Todo narrado con mucho humor y secuencias magistrales para nada exhibicionistas. No son necesarios niños para verla. Y emociona.