Entramos en la recta final de las vacaciones de invierno. Por momentos parecen demasiado cortas y de a ratos se hacen interminables, según el nivel de paciencia y actividad. Para vivir a pleno las ganas de disfrutar con los chicos, es necesario organizarse. Realizar actividades gratificantes, formativas y divertidas, no es imposible. Especialistas en pedagogía y salud comparten algunas reflexiones para que los días sin clases dejen a todos contentos.

"Las vacaciones son una oportunidad para darle lugar a aprendizajes significativos que se adquieren desde otra perspectiva, y otra experiencia distinta a la de la escuela. También es un momento ideal para reforzar lazos al interior de las familias", opina Hugo Martínez, especialista en educación y director pedagógico de Colegium, plataforma de Apps y sistemas de gestión escolar.

A través de actividades en conjunto, salidas, conversaciones o simplemente el compartir los espacios comunes por más tiempo puede mejorar la relación entre las personas que conviven en un hogar.

Reducir el tiempo de exposición a las pantallas para disfrutar otras actividades es todo un desafío.

La música es una de las actividades que recomienda para hacer en grupo. Puede ser, aprender a tocar un instrumento, asistir a un concierto o recital en familia, organizar un karaoke o simplemente poner música con el celular. "Diversos estudios han demostrado que la música mejora nuestro bienestar tanto físico como emocional al hacerle frente a los comportamientos nerviosos o agresivos. Esto sucede ya que el cerebro segrega dopamina, el neuro transmisor relacionado a los sentimientos de alegría, felicidad y emoción. La música reduce los niveles de cortisol, la hormona producida por el estrés”, explica. Y agrega: “la enseñanza musical aumenta el coefi ciente intelectual y ayuda a mantener la lucidez a medida que va avanzando la edad”.

Menciona también la actividad física que potencia la autoestima y permiten aprender a relacionarse con los pares. “No es necesario inscribir a los niños en algún club o que practiquen un deporte en particular, sino que se pueden implementar diversas opciones como bajarse antes del colectivo para caminar un poco más por la calle, o salir a andar en bicicleta en lugar de salir al cine o al shopping”, sugiere.

No sólo pantallas
Computadoras y televisores son un imán contra el que es difícil de competir. Al respecto, Martínez señala: “Para fi jar hábitos saludables en el uso de dispositivos digitales es importante en primer lugar, modelar usos razonables por parte de los adultos. Si en el hogar y particularmente en los momentos de convivencia las relaciones interpersonales son interrumpidas por el acceso individual de cada integrante a su pantalla, va a ser muy difi cil formar hábitos diferentes en los chicos. En segundo lugar, se deben acordar límites en relación al tiempo máximo de exposición a las pantallas”. Cocinar es una idea gratifi cante para grandes y chicos. Enseñar recetas tradicionales de la familia, cocinar en grupo y aprender sobre la composición de los alimentos son algunas de las opciones. “Aprender a preparar comida sana y tradicional permite incorporar conocimientos sobre la alimentación y el cuidado de la salud. Además, es un aprendizaje funcional al futuro adulto de los chicos”, dice el especialista. Cocinar rico y sano La alimentación en vacaciones es a veces tema de inquietud ya que suele aumentar la exposición a alimentos ricos en grasas y azúcares. Al respecto, la Lic. Melany Carlovich, Nutricionista del equipo de Crenyf, recomienda llenar la heladera, alacena y la casa de alimentos saludables, caseros y hechos con los chicos. Preparar budines de frutas y verduras de estación, dips de diferentes alimentos para comer como snacks con verduras (hummus, palta, dip de zanahoria, de calabaza). Por otro lado, si vamos al cine o al teatro y compramos algo para comer, sugiere no optar por las porciones extra grandes sino moderarlas. Llevar bolsitas y dividir el balde de pochoclos entre todos o comprar la porción individual, es de gran ayuda. Preferentemente elegir bebidas sin azúcar y pequeñas.

El ejemplo de los adultos es una de las claves.

Por su parte, la Lic. Cinthia Kwaterka, nutricionista coordinadora de Nutrición de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina, propone sumar a los chicos a la compra de comida y planifi car en conjunto el menú del día, para involucrarlos con los alimentos. Además, cultivar una huerta de vegetales o hierbas en casa es una buena alternativa para enseñarles de dónde vienen los elementos que consumimos e incentivarlos a incorporar variedad. Por último, incorporar creatividad en la cocina: ofrecerles snacks con diferentes formas y colores los va a motivar a consumirlos.

Berrinches y paciencia
En estos días sin clases, muchas veces los padres deben encontrar recursos para manejar la impaciencia cuando los niños pasan por esos momentos de frustración y llanto. “Los chicos y chicas suelen expresar sus emociones sin aplicar los fi ltros que aplicamos los adultos, muchas veces las formas de expresarlas son disruptivas y parecen inadecuadas o desproporcionadas (como el llanto o grito constante). Un rol importante de los adultos es apoyar a los niños en la formación de su desarrollo emocional, considerando en esto la capacidad de expresar y reconocer correctamente sus sentimientos”, destaca Hugo Martínez. Si bien es difícil generalizar sobre cómo ejercer este rol, según puntualiza, un recurso básico es no cohibir la expresión de las emociones pero, a partir del diálogo, intentar identifi car qué emoción se está expresando y si la forma es la correcta.

Aprender a relajarse puede ser una actividad para realizar en grupo en las vacaciones, sugiere, para poder preservar el bienestar a partir del autocontrol y el autoconocimiento tanto físico como mental. “Una de las técnicas que se puede llevar a cabo es sentarse en el suelo o en una silla, cerrar la boca y taparse los oídos con los dedos índices, inhalar profundamente y al exhalar imitar el sonido de una abeja (aumentando o disminuyendo el sonido). Repetirlo tres veces”, propone.

“Muchas veces somos los padres los que nos volvemos locos por querer ocupar ese tiempo con las mil y unas actividades para que los chicos no se aburran, olvidándonos que el descanso y el ocio también son importantes y saludables, tanto para ellos como para nosotros”, indica Carlovich.

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Paula Boente

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