Sintiéndose expulsados, primero por la última parte del gobierno de Hugo Chávez Frias y después por la presidencia de Nicolás Maduro, o por estudios, desde hace casi una década, miles de venezolanos eligieron Argentina como destino para vivir. La migración venezolana se convirtió en record histórico en 2018 y desplazó a los inmigrantes del resto de los países de latinoamérica.

Si bien hay muchos destinos en el mundo que los reciben, en los últimos tres años se radicaron unas 70.000 personas en el país ¿Pero quiénes son y cómo llegaron los venezolanos que eligieron Argentina para vivir?

Según un estudio realizado durante el 28 de octubre y el 11 de noviembre de 2018, por el Organismo de las Naciones Unidas para la Migración (OIM), un 47% debió usar medios terrestres y aéreos para llegar al país, un 53% viajó solo, el 66% es soltero, el 50% tiene un nivel de estudios universitarios y el 38% declaró haber sufrido estrés durante el último año.

Este estudio que fue en base a una encuesta realizada a másde 300 personas venezolanas que ingresaron a la Argentina durante ese período, se llevó a cabo en cuatro puntos de monitoreo de flujo que fueron el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini Ezeiza de Buenos Aires, el Puente Internacional Tancredo Neves Puerto Iguazú de Misiones, el Puente Internacional Horacio Guzmán de La Quiaca, Jujuy y el Paso Fronterizo Cristo Redentor de Mendoza.

La encuesta está enmarcada dentro de las acciones del Plan de Acción Regional que la OIM comenzó a desarrollar en 2018. "Se trata de una herramienta que se está desarrollando en varios países de la región de manera simultánea. Esto nos permite monitorear los flujos migratorios, contando con información de calidad y comparable a nivel regional, para dar respuesta a las necesidades específicas de las personas venezolanas que han salido de su país", explicó Mariana Beheran, socióloga y coordinadora de la unidad de investigación de OIM quien contó con el apoyo de la Dirección Nacional de Migraciones para realizar esta tarea.

Esta es la segunda ronda de encuestas, la primera fue en julio de 2018, y esta vez observaron “una escasa diferencia entre varones y mujeres, siendo levemente mayor la proporción de varones. Con respecto a las edades y condiciones de salud, es mayoritaria la presencia de personas en edad laboral activa que afirma no poseer problemas de salud ni requerir medicamentos dia ­ riamente. La mitad de las personas en ­ cuestadas cuenta con nivel educativo universitario y un 8% con estudios de posgrado”, describió Beheran.

Según los resultados de la encuesta más de la mitad de las personas cuenta con dependientes económicos que en su mayoría se encuentran en la República Bolivariana de Venezuela. Y si bien es mayoritario el grupo de personas que viaja sola, quienes viajan acompañados lo hacen en su mayoría con miembros de su familia. Los hijos e hijas el grupo más significativo de los familiares acompañantes.

Muchos se encontraban trabajando cuando decidieron irse de su país, otros lo venían planificando desde hace años, y otros tantos lo hicieron cuando lograron juntar el dinero y armar el itinerario por tierra y por aire, como le sucedió a gran parte en los últimos años, desde que comenzó el éxodo.

En principio, entre los papeles que se les exige a los venezolanos que ingresan a nuestro país con intenciones de residir, están el documento de identidad, el ingreso por un paso habilitado, el certificado de carencia de antecedentes penales de su país y de la Argentina gestionado ante el Registro Nacional de Reincidencia y la constancia de domicilio. Pero eso no es lo único que ellos necesitan para poder lograr la travesía de llegar.

Cómo llegaron y por qué

Samuel David Ruzza vino a Argentina en 2012. Es ingeniero electrónico y acá trabaja en salas de cine. Ese año había venido de vacaciones y enamorado de Buenos Aires, al momento de pensar en opciones no lo dudó.

“Vine en avión, en ese momento la situación no estaba tan mal, se podía viajar con tranquilidad. Dejé a mi madre, a mi padre, y en ese momento estaban todos mis primos que son como mis hermanos. Pero unos años después se fueron también. De todos mis primos con los que crecí no quedó ninguno allí. Tengo dos aquí, una está en Estados Unidos, otro en Perú y los otros tres en España”, contó Ruzza..

Cuando vino a Argentina Ruzza cuenta que “en ese momento empezaba a escasear la harina, el azúcar, no como al nivel de ahora que no hay nunca. Por ahí te ­ nías que esperar unos días o una semana. Todo se estaba empezando a deteriorar solo que después escaló muchísimo más rápido, se deterioró cada vez más y derivó en lo que es ahora”, aseguró.

Como Ruzza hay otros tantos que decidieron dejar su tierra. Orlando García es de Mérida, una de las principales localidades de los Andes venezolanos. Llegó a Argentina en 2014. Hacía tres años que vivía en una pieza porque su realidad económica no le permitía alquilar un de ­ partamento en Caracas donde trabajaba como ingeniero.

“Me gradué en 2010 y estuve trabajando tres años. En ese momento todavía más o menos la cosa estaba bien pero por 2012 se empezó a ver el tema de la es ­ casez y no se conseguían las cosas. Des ­ pués de que muere Chávez y llega Maduro ahí se empieza a acelerar la situación. No me daba el sueldo para alquilar un departamento porque era costosa la vida en Caracas y decidí venirme para acá”, contó al diario Crónica García.

Cuando Orlando tomó la decisión de venir a Argentina “en ese momento no había mucho problema en cuanto a vue ­ los. Había más vueltos que conectaban a Venezuela con el resto del mundo. Yo pagué mi pasaje en bolívares con mi tarjeta de crédito de allá. Era un boleto que relativamente se podía pagar, ahora eso es impensable”, aseguró.

Más de la mitad emprende el viaje a Argentina solo

Orlando fue de la última camada que pudo salir del país organizando el viaje. “Ahorrando, planificando, comprando el boleto con seis meses de anticipación. Después del 2014 se hizo cada vez más complicando todos los temas, el viaje, el ahorrar, los papeles”, contó.

Desde que Argentina se convirtió en uno de los destinos deseados para la migración venezolana, muchos años pasaron y muchas cosas cambiaron. El viaje que antes se podía planificar y acceder con tiempo hoy ya no es tan simple. De viajar sólo en avión ahora se le suman tramos o todo por tierra Los papeles que antes podían tramitarse sin problemas para entrar y vivir en regla, ahora tienen sus dificultades. Cuando antes podían solos, ahora necesitan vender sus pertenencias y contar sí o sí con la ayuda de otros.

Se alejan de sus casas, de sus familias, de sus trabajos, de sus vidas cotidianas buscando otra opción distinta a la que conocen o viven. Deciden cruzar miles de kilómetros para llegar a una nueva tierra donde tendrán que esforzarse tan ­ to o más que los habitantes locales. El desarraigo, la nostalgia y la pelea diaria les pone desafíos permanentes.

La historia de Alfredo

Alfredo Rubén Leal Perdomo tiene 37 años está casado y llegó junto a su esposa en abril de 2016. Estudió filosofía e hizo un master en políticas públicas en Venezuela. Y acá, como si fuera poco terminó una especialización en Museos y Manejos de Colecciones en la Universidad de Buenos Aires. Actualmente es secretario en un consultorio odontológico.

“Cuando decidimos con mi esposa venir, teníamos como referencia a mi cuñada que ya estaba instalada en Buenos Aires. Teníamos la referencia de que la integración era más sencilla, sabíamos que los venezolanos eran bien recibidos”, contó Perdomo.

Económicamente Alfredo y su esposa estaban en una buena situación. “Daba clases en la universidad y trabajaba como jefe de planificación para la gobernación del Estado Lara y daba clases. Mi esposa tenía una empresa de accesorios de mujer. Hacía dos años que nos habíamos comprado una casa, teníamos nuestro auto, pero lo que veíamos para nosotros ya era muy cuesta arriba. Yo cuidaba de mis padres y se nos estaba haciendo difícil cubrir nuestra vida como pareja más poder ayudarlos a ellos”. Al momento de decidir venir “Fuimos bastante reservados, no vendimos la casa, la cerramos, pusimos rejas, candados y cubrimos todas las cosas. Vendimos el auto., algunas otras cosas y con eso, más los ahorros que teníamos, financiamos nuestra venida a Buenos Aires. Compramos los pasajes y nos vinimos”, aseguró Alfredo.

El nivel educativo es alto, según el informe de Migraciones

Según contó Alfredo, en aquella época todavía se podía realizar vuelos directos. “Vinimos en Viasa, la línea aérea del Estado venezolano. Ya estaba siendo bastante difícil poder conseguir un vuelo, poder pagarlo, por los altos costos. Estábamos atentos y estuvimos meses esperando que anunciaran que abrían vuelos. En cuanto liberaron la página montamos el viaje en quince días”, aseguró.

Desde que llegaron a la Argentina Alfredo y su mujer no volvieron a Venezuela. “Cuando tuvimos la oportunidad de viajar teníamos claro que lo mejor que podíamos hacer no era regresar nosotros a Venezuela sino traer a nuestros papás para que tomaran un descanso de toda la situación tan dura que se vive allá”, contó.

La pareja, que ya está muy instalada en la Argentina, no tiene hijos. “Parte del costo de la migración es que no tenemos hijos aún. Cuando estábamos en Venezuela era lo que esperábamos. Ya teníamos la casa, el auto, teníamos nuestros trabajos, estábamos en teoría firmes pero la situación del país no lo permitió, luego nos vinimos para acá y esperamos este año encargar para ver si traemos más porteños al mundo”, contó esperanzado.

Migrar, “psicológicamente tiene un peso muy tremendo”, aseguró Alfredo pero “ha significado conocerse, y aprenderse en distintas situaciones” y la idea de él es “poder seguir adelante”.

La historia de Elisar

Desde Barquisimeto, capital del Estado de Lara, Elicar Rafaela Pérez Ruiz llegó a Argentina cuando tenía 23 años, a fines de enero de 2018. Licenciada en música recibida en Venezuela, hoy trabaja en una tienda de ropa en Argentina.

“Elegí Argentina por su cultura, por lo bien que se desenvuelve la música y el arte, porque es un país que recibe muy bien a la gente de todas partes y porque también teníamos a alguien que nos iba a recibir acá”, contó Elicar quien tenía algunos amigos y primos ya viviendo en el país.

Ella no vino sola, lo hizo con su novio Rafa cuando llevaban un año e pareja. Hoy ya hace dos. “Fue como una medida de alerta, si dejábamos pasar el tiempo después no ibamos a poder venir. Mi novio vendió su carro, yo mi flauta traversa, parte de la familia que teníamos fuera nos dio un poco de dinero y ahí reunimos y nos vinimos”, explicó.

Más del 80% de los migrantes se radicó en Buenos Aires

El camino que tuvieron que hacer les llevó días. La combinación fue tanto por aire como por tierra. “Atravesamos Brasil en avión, desde nuestro Estado hasta la frontera en avión y parte por tierra: Pasamos la frontera por tierra, después tomamos un avión hasta Foz do Iguazú en Brasil, y pasamos por tierra hasta Puerto Iguazú Argentina. De ahí por tierra hasta Buenos Aires”, describió.

Ambos se consideran “bendecidos” porque no les faltó comida y no perdieron tiempo. “Si se nos retrasaba algo perdíamos todo el itinerario pero lamentablemente no es la suerte de todos. Fue un poco más rudo de lo que pensábamos pero dentro de todas las cosas nos salió bien. Sabíamos que nos estábamos enfrentando a una aventura y había que vivirla”, contó aliviada.

Cada traslado, cada trasbordo tiene sus tiempos, tardaron muchas horas en el aeropuerto de Brasil. Un retraso que los tomara por sorpresa y podían perder alguno de los vuelos que ya habían sacado con anterioridad. “Fue todo de bastante estrés. También en la frontera de Venezuela con Brasil son como 18 horas, fue tedioso pero después de que salimos de Venezuela fue más tranquilo”, contó.

Argentina nos ha recibido muy bien. Nos consideramos bendecidos porque en otros países hay venezolanos que no tienen la misma suerte”, concluyó Elisar.

La historia de Zulay

Es licenciada en Estudios Internacionales especializada en el área de Derechos Humanos, Zulay Meléndez tiene 27 años y actualmente está desocupada. Llegó a Argentina el 5 de marzo de 2018.

“Necesitaba salir del país por la situación en Venezuela. Dejó de ser fácil el día a día, mantenerse y ayudar a la familia. Y uno mismo se empezó a ver muy encerrado en la casa, por la inseguridad, por los problemas económicos”, contó la joven licenciada.

La realidad de todos los días fue lo que la impulsó a elegir Argentina como su nuevo hogar. “ Venezuela es un país donde todos los días está pasando algo nuevo, todos los días está pasando algo y eso te mantiene en un nivel de estrés muy alto. La verdad es que no fue una decisión ni fácil ni rápida de tomar”, aseguró.

A Zulay a diferencia de otros, le llevó mucho tiempo organizarse cuando la opción de salir se volvió como la única opción. “Fue una cuestión de años de ir manejando la idea porque si algo no tenía, y a muchos venezolanos les pasa lo mismo, eran experiencias cercanas de personas que habían salido. Me llevó mucho tiempo y esfuerzo visualizarlo, pensar que eso era posible y hacer un plan al respecto”, contó.

Fue un proceso de mucho tiempo de investigar para saber qué necesitaba para poder venir al país. “Investigué muchísimo para estar bien preparados con mi novio. Es un trabajo previo muy grande. Por el tema de la seguridad de no sentirse ilegal porque estar a la sombra nunca fue una opción”, explicó.

Todo fue un esfuerzo para ellos y les costó. “No estábamos en una buena situación económica, pero creo que lo último que hizo en lo personal sintiera que ya era el momento era la inseguridad porque ya después de las siete de la noche no podías salir, estabas encerrada en tu casa. Fueron las condiciones totalmente adversas las que hicieron que empezáramos a armar el plan”, explicó.

Entre lo que pudieron vender y juntar compraron los pasajes. Y con otro poco, pudieron tener algo para vivir e instalarse. “Nosotros llegamos acá con un poco menos de 800 dólares para ambos. Estuve trabajando unos ocho meses para una inmobiliaria en Estados Unidos, y ganaba poco para lo que ganan las personas en ese puesto, pero para la situación en Venezuela era bastante, eran cien dólares”, contó.

Esos 800 dólares que pudo juntar fueron el punto inicial para la vida en la Argentina.