A las novelas de la escritora ecuatoriana María Fernanda Heredia se las encuentra en los catálogos para niños y adolescentes, los lectores más exigentes. Sin embargo, ella dice no escribir pensando en la edad del lector. Es más, cuando tenía 25 años y escribió su primeros cuentos desde su lugar de mujer adulta, se sorprendió cuando el editor dijo que los iba a publicar para niños de 4 y 5 años. Ella recorre las escuelas, y charla con los chicos. En su última visita a Buenos Aires también lo hizo. En su novela "La lluvia sabe por qué" la protagonista es víctima de ciberbullying .

"La puerta de entrada a la historia es la escena de una reunión de amigas, una travesura, una foto que empieza a atravesar de pantalla en pantalla. Un acto tan normal, tan habitual en la vida de un adolescente se convierte en la peor pesadilla en la vida de la protagonista. Pero este es el pretexto para entrar. Lo que me convoca como escritora es la necesidad de seguir abordando el tema de la soledad", dice a BAE Negocios la autora, y agrega: "La soledad que experimento por la pérdida de mi abuela, se la termino contagiando a la protagonista para hablar de la soledad. Cuando uno pierde una abuela deja de ser niña, pierdes esa mirada de ese ser para quien serías eternamente una nena, ese día crecemos a las malas. Esa escena de la foto que va destruyendo la dignidad de Lucía (la protagonista), la sensación de desnudez, de soledad, de desprotección, la travesía que en algún momento a todos nos acompaña que es la soledad".

—¿Cómo se capta la atención de los adolescentes?
—No es una búsqueda deliberada de que el lector llegue a sentirse dentro de la historia. No trabajo pensando en el lector, aunque soy consciente que puede llegar a sus manos, pero no escribo pensando en los adolescentes. Creo que el lenguaje, la complejidad de la historia, terminan siendo pertinente para los adolescentes. Me siento honesta al decirte que escribo pensando qué es lo que me está desgarrando y casi siempre pasa por esos temas que me han acompañado toda mi vida: intentar traducir la soledad, la vulnerabilidad con la que nos enfrentamos al mundo, lo frágiles que nos sentimos adultos, adolescentes y niños. En Quito, donde yo vivía, la lluvia es protagonista. Es un elemento que me enfrenta a mis emociones, la tormenta o la paz de una llovizna,ese momento de la vida que está encapotado y que desata una tormenta, es el sacudón y al mismo tiempo es la promesa de que ya pasará. Al menos eso es lo que necesitaba decirme cuando perdí a mi abuela. El lector no se encontrará con páginas y páginas hablando del ciberbullying, si sobre la desnudez, si sobre la falta de elementos para defendernos sobre la tormenta que nos a ha caído encima.

—Usted visita las escuelas
—Voy y dialogo con los adolescentes, esta novela es una historia que sale de mi propia necesidad de entender y procesar una ausencia. La metáfora de la tormenta cala muy hondo en el lector, se sienten tocados porque saben de qué hablo cuando me refiero a la soledad, al desgarro. Si les digo, tu y yo vamos a tener más de una oportunidad en la vida para pisotear la dignidad de una persona, para multiplicar ese veneno con un mensaje. Borralo, callate, no lo digas.

En la adolescencia, la literatura puede ser una palmada en la espalda

—¿Escribe pensando en un tema?
—No, si en una emoción personal que no me deja en paz. Esta novela el inicio de metabolizar el dolor ha sido muy fuerte y muy bello. Ya han pasado seis años, mi abuela tenia 87 años, estaba muy lúcida pero las fuerzas la habían abandonado. Dejarla ir, en las últimas paginas de este libro le digo dale vete, me quedo con tu refugio. Estoy convencida que esas memorias que te devuelven a una infancia feliz son las que te salvan de los momentos más complicados.

—¿Cuál es el rol de la literatura?
—Ser ventana, ser espejo. La literatura no solo me dio un pasaporte fantástico a que no estaba condenada a vivir una sola vida, en la adolescencia puede ser la palmada en la espalda. No te va a ayudar a resolver nada, pero te devuelve la certeza que no estas tan sola como piensas, ni eres la única persona que está sufriendo. Estaba en Bogotá presentado una novela para los niños con un tema que me convoca los monstruos en la vida, sobre que viven tan cerca, que no son gigantes con dos cabezas, hoy el monstruo es el padrastro, el vecino, el profesor. Al salir de la presentación encontré una notita que decía algo así como esa historia se parece a la que le pasa al alguien que yo conozco y firmaba con una inicial. Un lector que lo está sufriendo desde un momento vital que esta desprovisto de herramientas por su edad.

—¿Por qué eligió escribir?
—Cuando arranco un libro me pregunto quien soy y quién seré al final, a veces hay respuesta, otras una nueva pregunta. Solo así aprendo a saber qué rayos hago aquí y de qué se trata esto de vivir.