Desde el oficialismo siguen insistiendo que la causa de la crisis actual es el déficit fiscal primario. En el día de las famosas conferencias (el 3S), tanto el Presidente como el flamante súperministro de Economía, repitieron una y otra vez este concepto. Así, Macri sostuvo que "hasta que la Argentina no tenga un presupuesto sólido los argentinos vamos a estar expuestos a cualquier tipo de crisis externa" y que "tenemos que hacer todo lo posible para equilibrar las cuentas del Estado". Dujovne, por su parte, manifestó que "la Argentina arrastra desde hace 70 años un déficit fiscal crónico que nos ha arrastrado a situaciones de crisis" y que el déficit fiscal argentino fue el culpable de que nuestro país haya estado más expuesto a los vaivenes del sistema financiero internacional que otros países de la región.

Sin embargo, el déficit externo brilla por su ausencia en los discursos oficiales. Sobran fundamentos y evidencia empírica para afirmar que el concepto es equivocado y peligroso. Para ello, podemos remitirnos a la propia historia económica argentina o bien a la comparación con países de la región comparables a nuestra economía. Así, podemos observar en el cuadro siguiente que lo distintivo del caso argentino es el déficit externo (es decir, el déficit de cuenta corriente), y no el déficit fiscal.

Los números hablan por sí solos. Argentina es el país de la región con mayor déficit externo (salen muchos más dólares del país de los que ingresan) y eso es lo que lo lleva a tener que afrontar un elevado riesgo país y, por consiguiente, un alto costo en el endeudamiento. Por otro lado, es posible observar el correlato de esta situación en la inestabilidad cambiaria: nuestro país es, por lejos, el país que más ha devaluado la moneda de la región (excluyendo a Venezuela).

Por otro lado, al remitirnos a la última crisis argentina del 2001 se observa que en los trimestres previos al estallido el déficit fiscal primario era bajo, mientras que no lo eran el déficit fiscal financiero (que contempla los intereses de la deuda) y el déficit de cuenta corriente. Esto nos lleva a alertar sobre un error conceptual por parte del propio Ministro altamente preocupante: el déficit externo es el que está detrás de la corrida cambiaria y la depreciación del peso, y ésta provoca automáticamente el aumento del déficit financiero al aumentar el monto en pesos de los intereses de la deuda externa. Asimismo, la inflación actual se explica, más allá del componente inercial y el arrastre por el aumento de tarifas, por el salto del tipo de cambio: es un hecho que los precios aumentan a pesar de estar reduciéndose el déficit fiscal primario.

Las metas de equilibrio fiscal primario con déficit financiero creciente lo único que demuestran es una reasignación del gasto público: desde los gastos primarios (educación, salud, ciencia y técnica, obra pública, etc) hacia el pago de intereses de la deuda. En el siguiente gráfico se puede observar cómo, a pesar del déficit cero proyectado para el año próximo, el déficit financiero será del 3,3% del PIB.

El factor ausente en la política del gobierno es el más importante: falta una política de desarrollo que intente apaciguar la restricción externa de la argentina. Una política orientada a generar exportaciones de alto valor agregado en una economía mundial de alta competencia y dominada por las grandes multinacionales. Se requieren de políticas y estrategias ofensivas que busquen obtener mayores rentas en el comercio internacional y lograr de una vez por todas cerrar la brecha externa. Por el contrario, la idea oficial de que ordenando la macroeconomía alcanza para que las fuerzas del mercado contribuyan al desarrollo nacional es a todas luces equivocada.

El problema no es que argentina tiene déficit fiscal "desde hace 70 años". El problema es la restricción externa. Finalmente, para alivianar la restricción externa existen dos alternativas: una devaluación que contrae la economía y cierra el agujero externo a costa de reducir la calidad de vida de sus habitantes o una política de desarrollo estratégica que logre correr la frontera de la restricción externa. El Gobierno parece que ya eligió su camino. La historia y la evidencia internacional no juegan a su favor.

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