El riesgo de cambiar una crisis cambiaria por una financiera
El acuerdo con el Fondo
En el informe del staff del FMI que se conoció el viernes la línea se cubre advirtiendo los riesgos de la dinámica de la situación argentina. Pero se avanza en un acuerdo inconsistente y no sostenible por sus proyecciones poco realistas, la rigidez que genera las limitaciones en el uso de instrumentos de política monetaria y cambiaria para enfrentar la crisis y la convalidación de políticas que agravarán la crisis.
El acuerdo con el FMI repite así viejos "errores" tanto del organismo como del país. Hay que recordar que en 2001 el FMI tuvo que crear una Oficina de Evaluación Independiente (OEI), debido a los errores groseros que cometió al apoyar un programa no sustentable en Argentina durante los 90.
Es interesante recordar algunas de las críticas que la OEI efectuó al rol del organismo en la supervisión de Argentina 1991-2001, en su informe del 30 de junio de 2.004, porque muchas de las lecciones del fracaso se siguen repitiendo, siendo corresponsables tanto el Gobierno Argentino como el FMI
Endeudamiento y capacidad de pago
Una de las lecciones de ese informe y que el FMI sigue sin tener en cuenta es la subestimación del problema de la sustentabilidad de la deuda. Según surge de la propia lección 2 del Informe de la OEI, el nivel de deuda sustentable con la plena apertura de la cuenta capital es más bajo que en una economía con regulaciones financieras.
Según el propio Instituto de Finanzas Internacionales la deuda externa total roza el 90%, cifra más elevada que en los años 90. La dinámica del endeudamiento es muy peligrosa no sólo en monto total: hay una creciente dolarización de la deuda lo que expone al país a una gran vulnerabilidad de la misma a variaciones del tipo de cambio.
La creciente emisión de BOTES para financiar al Tesoro y para canjear las Lebacs implica dolarizar la deuda, que se concentra en plazos cortos de creciente dificultad para su renovación. Además se sustituye a acreedores intrasector público por acreedores del exterior lo que dificulta y encarece la futura renovación en un contexto de suba de tasas en EE.UU y mayor aversión al riesgo de países emergentes endeudados. Y hay una mayor exposición de los bancos al sector público. Hay advertencias en el informe del staff que no impidieron la aprobación del acuerdo, más allá de las dudas de algunos países desarrollados miembros del FMI.
En ese contexto es más difícil que haya un regreso del financiamiento voluntario, ya que se percibe que el riesgo es mayor y que los fondos comprometidos por el FMI no alcanzan para recuperar la solvencia. Como reconocía la OEI en 2.004 la "ingeniería financiera" no remplaza políticas adecuadas.
En tal sentido la experiencia internacional refleja que los programas de ajuste con el FMI de los mayores deudores con el organismo, reducen el déficit pero aumentan el endeudamiento, reducen significativamente el crecimiento y aumentan el desempleo y la desigualdad.
En Argentina se ha reducido levemente el déficit fiscal pero crece muy fuertemente el déficit financiero. Los intereses de la deuda han pasado de un promedio de 7% del Presupuesto Nacional hasta 2015 a un 15% en la actualidad.
La experiencia de 2001 también enseña que un ajuste que pretenda llegar al déficit cero, es profundamente recesivo y profundiza el desequilibrio de las cuentas públicas por la pérdida de recaudación. Más allá de un contexto internacional adverso es difícil recrear la confianza con un escenario de desequilibrios crecientes.
Así el FMI no puede sostener que la capacidad de repago de la deuda sea sustentable y el riesgo es transformar una crisis cambiaria en una crisis financiera y de repago de la deuda.
EL FMI no puede convalidar la contabilización de la venta de activos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad como ingresos corrientes. Eso recuerda la penosa contabilización del ingreso de las privatizaciones para maquillar las cuentas fiscales en los años 90, criterio insostenible pero convalidado por el FMI y criticado por la OEI. Se debe preservar el FGS y no desfinanciarlo cambiando la afectación de los impuestos que lo alimenta para privatizar el sistema como se hizo en los años 90, agravándose el déficit fiscal y dejando a muchos argentinos sin cobertura previsional o con jubilaciones miserables y con una mayor deuda pública.
Pérdida de instrumentos. El diagnóstico equivocado y la trampa
Otra enseñanza no aprendida por el FMI y por el neoliberalismo argentino es que resignar instrumentos de pólitica quita grados de libertad para adminsitrar la crisis. Bien lo saben los países desarrollados que pudieron salir de la crisis flexibilizando el financiamiento al Tesoro y la política monetaria. Los límites al uso de reservas para intervención cambiaria y a la política monetaria son un "corset" donde al Gobierno solo le queda acudir al endeudamiento.
El Gobierno está en una trampa. Si estabiliza el tipo de cambio alienta el ingreso de capital especulativo y aumentarán las presiones inflacionarias y se agravará el déficit de cuenta corriente. Si permite la libre flotación se profundizarán las presiones inflacionarias agravadas por los mecanismos indexatorios en tarifas y energía. Hay que hacer una flotación administrada complementada por otras políticas que desliguen los precios externos de los internos y los precios del tipo de cambio. Sólo en ese marco se puede reducir las tasas de interés y volver a líneas de crédito productivas que frenen la quiebra del aparato productivo.
Se debe entender que el principal problema no es el fiscal. El principal problema es de sector externo. Un mundo crecientemente proteccionista impone volver a mecanismos de administración de comercio, que incluyen medidas arancelarias, paraarancelarias y manejo de las licencias que protejan a la industria nacional. Y se debe imponer regulaciones financieras que eviten el libre ingreso y egreso de capitales especulativos.
Hay vida para el acuerdo y tras el acuerdo. Alternativas
EL FMI no puede estatutariamente financiar la fuga de capitales. Para evitar este problema se deben tomar medidas que impidan la hemorragia de una fuga récord y creciente que se suma al déficit de cuenta corriente. Está claro que la devaluación no puede ser la herramienta en un país dolarizado.
Sólo revertir la apertura importadora y recuperar la demanda mejoraran genuinamente la solvencia fiscal vía una recuperación en la recaudación. Se debe complementar con reintroducir ingresos a los sectores concentrados y a los que más se beneficiaron en estos años, para repartir más equitativamente los costos del ajuste.
Todavía se puede administrar la deuda para mejorar su perfil, dejar de dolarizarla y así aliviar las cuentas fiscales.
El margen se agota; si no se cambian las políticas, la crisis cambiaria que agobia al aparato productivo y tiene alto costo social se puede transformar en una crisis financiera y de deuda.
A modo de conclusión y de punto de partida
El acuerdo que merece severos reparos tanto desde la sustentabilidad, eficiencia y equidad como de su viabilidad, tiene inconsistencias y falta de apoyo de amplios sectores políticos y de la sociedad, lo que no garantiza sea mantenido tras 2019. Más aún, es altamente probable que una inflación más alta en 2018 obligue a revisar sus términos como está establecido en la Carta de Intención.
Si el FMI no repasa las lecciones de su fracaso en Argentina y el Gobierno no reconsidera el rumbo, se agravarán aún más los problemas económicos.
La responsabilidad de una oposición que se plantee como alternativa en 2019 es mayúscula. No puede convalidar cualquier propuesta que proponga el Gobierno y/o imponga el FMI como hizo el Congreso en 2001, ni en temas coyunturales ni estructurales que vayan a contramano del crecimiento y la equidad, para evitar convalidar males mayores no sólo en las provincias que ahora gobiernan, sino que además agraven la pesadísima herencia a nivel Estado Nacional que les quedará en el nuevo Gobierno.
* Ex presidente del Banco Central

