Un equipo económico sin un Messi y que no siente la camiseta
"...las reiteradas crisis que sufrieron los países que implementaron una liberalización financiera a ultranza que indefectiblemente producen endeudamiento y crisis como pasó en Argentina en la dictadura del 76 y en los años 90, como pasó en tantos países emergentes, y aún en países desarrollados..."
Texto de mi renuncia a la Presidencia del BCRA 9.12.15
Creo necesario recordar este pequeño extracto de mi carta pública de por qué renuncié a mi cargo teniendo mandato hasta 2019 con acuerdo del Senado de la Nación, antes de la asunción de Macri, porque la historia marcaba claramente las consecuencias de lo que iba a suceder. Ahora resulta más evidente para la ciudadanía los costos de la política económica y financiera del Gobierno, que se han multiplicado por innumerables errores y horrores de gestión en la administración de la política monetaria, financiera y cambiaria desde diciembre de 2015 a la fecha.
Los argentinos vivimos una corrida cambiaria y una fuerte devaluación que fue provocada por el Gobierno combinando una inflación que se espiraliza con una recesión en ciernes.
Es claro que el contexto internacional no es el responsable de esta situación. A diferencia de otros episodios, no se observa ningún país que tenga una devaluación del 20% anual ni una suba del riesgo país como Argentina.
Si bien es cierto que ha subido la tasa de interés en EE.UU, dicha suba gradual era absolutamente predecible desde hace 18 meses, cuando Dondald Trump fue electo Presidente y resultaba clara su política fiscal y las consecuencias sobre el nivel de las tasas. Por lo cual no puede aducirse ni sorpresa ni mucho menos achacarle la responsabilidad al mundo de las consecuencias de lo sucedido.
Es claro que haber decidido aumentar los déficit fiscal y de cuenta corriente, mediante la liberalización financiera y comercial y creer que se podía financiar externa y eternamente era una irresponsabilidad manifiesta, irresponsabilidad de haber fomentado una apertura financiera y comercial en un contexto de proteccionismo y alta volatilidad financiera global. Déficits que se amplificaron por la reducción de impuestos a sectores exportadores que tuvieron el doble premio de la devaluación y la baja de retenciones y por la apertura importadora.
Más allá de la estrategia económica era claro que la política cambiaria y financiera requería gradualismo y pragmatismo. Se pagó muy caro una apertura financiera de shock que aumentó la inflación y los costos de los servicios, sin ninguna contrapartida favorable en inversiones ni exportaciones. La liberalización debió ser gradual y no total.
Además se permitió que los exportadores no estén obligados a liquidar las divisas en el mercado de cambios local, renunciando a un flujo de ingresos genuino y cambiando esa fuente de ingresos por dólares “prestados” a altas tasas y de alta volatilidad, que se van luego de hacer sus grandes diferencias.
En cuanto a la implementación de las políticas, haber multiplicado por 4 el stock de Lebacs generó una fenomenal bicicleta financiera de altas tasas en dólares que amplificaron los desequilibrios.
Nunca se debió haber permitido que los inversores especulativos fueran los principales tenedores de Lebacs, desplazando a los bancos que son sus tenedores naturales, para administrar una política monetaria con mayores grados de autonomía y estabilidad. Para peor se concentraron los vencimientos en licitaciones mensuales y se autorizaron cortísimos plazos reduciendo el plazo mínimo de 90 a 30 días.
El Banco Central pretendió imponer una libre flotación de la moneda, generando condiciones para aumentar la volatilidad en un país, donde los agentes económicos tienen profunda aversión a movimientos bruscos del tipo de cambio. No se puede hacer política monetaria y cambiaria como en países de baja dolarización y menor incidencia del tipo de cambio en las expectativas. Luego intervinieron tarde y mal. Sin contundencia y corriendo al tipo de cambio desde atrás, perdiendo reservas sin detener al tipo de cambio.
También fue absurdo pretender bajar la inflación con las tasas de interés, en un país de un sistema financiero poco profundo donde el canal de la tasa tiene poca efectividad y cuando por el otro lado se convalidaban fuertes aumentos de tarifas que alimentaban mayores precios, atraso cambiario y déficits.
La política de tasas fue cambiante e inconsistente. Luego de la penosa conferencia del 28 de diciembre, donde se obligó al Banco Central a bajar las tasas, las expectativas de devaluación superaban a la tasa de interés fomentando la dolarización.
Si el Banco Central hubiera intervenido antes en la curva de tasas de futuros, mejorando las expectativas, hubiera podido reducir la demanda de activos dolarizados y evitando despilfarrar más de 8.000 millones de dólares en dos meses, sin siquiera detener la devaluación y la corrida.
En estas semanas los errores de comunicación y la percepción de apelar a manotazos de ahogado fueron muy evidentes, alimentando la desconfi anza del público, generando así por mala praxis una tormenta perfecta.
Mañana martes hay un fuerte vencimiento de Lebacs. El viernes muchos inversores ya salieron fuertemente, como en las semanas previas, pero con tasas cercanas al 100%. Si bien muchos inversores renovarán parcialmente lo que vence, es esperable que el Gobierno pase la gorra y pueda cerrar “decorosamente” en monto y tasa la licitación, dando salida por el mercado secundario.
Pero el partido se juega cada día más allá de la licitación y se agotan tanto el tiempo cómo el margen de maniobra. Hay perspectiva de nuevas subas de tasas en Estados Unidos y la presión sobre el tipo de cambio, dado el contexto, va a continuar. Está claro que Messi y compa- ñía no juegan en este equipo y que nos jugaremos el Mundial con un rejuntado y con algunos que parecen no “sentir” la camiseta.
Por cierto, acudir al FMI implica adoptar políticas de ajuste y devaluación que no son el remedio necesario, profundizando la recesión y afectando la solvencia. Si no se cambia de políticas todo ingreso de fondos se fugará por diversos canales del balance de pagos como ocurrió estas semanas.
¿Qué hay que hacer para detener la corrida y revertir los déficits que ya no son financiables por el mercado? Hay que revertir la apertura importadora y financiera. Los detalles de las políticas adecuadas serán material de la próxima nota.
* Director de la consultora Cinfin

