Investigan la producción de hortalizas con aguas reutilizadas
La Estación Experimental Agropecuaria Mendoza del INTA investiga el uso de aguas grises para regar hortalizas de consumo fresco
El cambio climático, la escasez de agua y el incremento demográfico son los factores que motivaron que la Estación Experimental Agropecuaria Mendoza del INTA comenzara a experimentar el riego con aguas residuales para vegetales de consumo crudo -prohibido hasta ahora- en un estudio que tendrá sus primeras conclusiones luego del invierno del año 2027.
Frente a la escasez hídrica que genera el cambio climático y el aumento poblacional, la reutilización de agua de efluentes para uso agrícola adquiere cada vez mayor importancia, especialmente en regiones con recursos hídricos escasos como la provincia de Mendoza, ubicada en la llamada diagonal árida sudamericana, donde las precipitaciones anuales promedian los 200 mm con los que deben irrigar una fuerte actividad agroindustrial. Y es, exactamente por eso que Mendoza es pionera en el uso agrícola de agua de efluentes a partir de un sistema de plantas depuradoras y zonas agrícolas conocidas como Áreas de Cultivos Restringidos Especiales (ACREs).
Eugenia Galat, doctora en agronomía y coordinadora del proyecto de reuso de aguas de la Estación Experimental Agropecuaria Mendoza del INTA, explicó a BAE Negocios que "Mendoza es un desierto y transita una de las sequías más prolongadas de su historia, hecho que está dificultando continuar con la producción". Si bien en la provincia tienen antecedentes, "los efluentes cloacales de la zona metropolitana de Mendoza son tratados en dos plantas de tratamiento de dos departamentos del norte provincial, y una vez que salen de allí sirven para regar en los ACREs", agregó Galat.
El riego con aguas de segundo uso, denominadas grises, ya se hacía en vegetales utilizados para la industrialización de los mismos, lo que está haciendo el INTA Mendoza -ahora- es experimentar el uso de estas aguas para eventuales productos de consumo fresco. La investigadora agregó que "los vegetales y hortalizas de consumo fresco que no requieren una cocción para su consumo no se pueden regar con este tipo de agua por los riesgos para la salud pública.
La normativa establece qué tipos de cultivos se pueden y cuáles no. Muy sintéticamente, dice que los cultivos que se consumen en fresco no se deben regar con estas aguas grises. Lo que estamos haciendo, ahora, son ensayos en los ACREs para evaluar si se puede ampliar la cantidad de cultivos habilitados para ese tipo de riego", y si logramos que puedan ser aptos para consumo humano en crudo habiéndolos regado con esas aguas.
Galat explicó la investigación: "estamos ensayando con una tecnología con la que buscamos probar si existe riesgo para la salud pública en los cultivos. En verano ensayamos con tomate porque está permitido para la industria, pero no para el consumo en crudo con este tipo de aguas. Y en invierno probamos con lechuga, espinaca y brócoli". Los procesos incluyen riego por goteo, con mulching plástico en la base, y en el momento de la cosecha analizan si crece contaminado o no.
Además, tienen plantaciones en surcos en los que aplican el riego por goteo y otros en los que utilizan riego con agua superficial. Algunos tomates están plantados sobre mulching y otros directamente sobre la tierra. Y luego hay un tercer tipo de plantación en la que aplican un sistema de conducción con alambres donde los tomates quedan colgando en el aire.
De este modo disponen de tres formas de cultivo y analizan -en cada uno- el impacto de la carga microbiológica permitida en las aguas de riego sobre este tipo de verduras.
"Si plantamos directamente en tierra, los microorganismos pueden pasar del agua al suelo y contaminar. Esto no significa que los microorganismos del agua entren a la planta, pero si el tomate se moja puede contaminar, y eso lo evita el mulching o si cuelga de los alambres", explicó Galant.
Las aguas que utilizan son "grises" y provienen de duchas, lavamanos y lavadoras, y no "negras", derivadas de líquidos cloacales
El proceso de experimentación está en su segundo verano y solo un invierno. "Entendemos que recién en el tercer año completo tendremos conclusiones robustas, pero puedo anticipar que los resultados están siendo bastante positivos porque el riego por goteo y el mulching disminuyen muchísimo el riesgo de contaminación". Si todo termina como Glant y su equipo e investigadores esperan, las 3.000 hectáreas plantadas en los ACREs (en los departamentos de Las Heras y Lavalle) podrían multiplicarse porque el agua ya no sería un problema por su escasez para agricultura.
"En Mendoza, el 70% del agua se utiliza para riego agrícola y sólo el 11% para uso urbano y consumo. Ese 11% no abastecería el reuso ni llegaría a cubrir ese 70% que se necesita para riego agrícola, pero contribuiría a disminuir la presión sobre el agua", concluyó Galat.

