ENTREVISTA EXCLUSIVA

Los agroexportadores creen que "no habrá novedades" con las retenciones en 2026

El presidente de Ciara-CEC remarcó el impacto de los costos logísticos y reclamó la inclusión de la agroindustria en los beneficios reconocidos en el RIGI

El sector agroexportador ya da por descontado que no habrá un nuevo recorte en las alícuotas de los derechos de exportación en 2026 y, en el caso específico de la soja, espera que el Gobierno presente una “hoja de ruta” para avanzar en el largo plazo en su reducción y eliminación definitiva.

Así lo expuso en una entrevista con BAE Negocios el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), Gustavo Idígoras, quien también reclamó un “RIGI agroindustrial”, atento a que el sector no figura entre los beneficiados por ese esquema de exenciones impositivas.

Idígoras advirtió sobre los efectos perniciosos en la producción de soja de las retenciones, la falta de inversión en infraestructura y los inconvenientes financieros, al punto que los países competidores mejoraron sus rendimientos, mientras en la Argentina lleva quince años de estancamiento.

Las causas del estancamiento

 

— CIARA-CEC reclama recurrentemente sobre las trabas a la actividad agrícola y en todos sus comunicados mensuales finaliza advirtiendo que “Argentina sigue estancada en su producción y en el crecimiento exportador”. ¿Cuáles son esas complicaciones?
—  La producción de soja está estancada hace 15 años mientras en el resto del mundo, particularmente Brasil y Estados Unidos, ha crecido de manera considerable. Brasil casi triplicó la producción y exportación de productos derivados y Estados Unidos creció más del 50%. Cuando uno analiza las razones, las causas por la cual Argentina sigue estancada en su principal industria generadora de divisas, encuentra que hay varios aspectos.

El primero son las retenciones. Argentina sigue castigando al complejo sojero al 26% en comparación con otros granos que están por debajo del 10%, en el caso del maíz, por ejemplo. En segundo lugar están los aspectos logísticos (ferroviario, terrestre y fluvial) en los que en las últimas dos décadas no hubo ningún tipo de inversión. Y el tercer aspecto es el vinculado a los mecanismos de financiamiento a la producción agropecuaria y agroindustrial. En Argentina no hay una ley que promueva inversiones agroindustriales. Entre esos tres aspectos, entendemos que está la clave para salir de este enorme estancamiento.

 

Este es un gobierno muy receptivo. En el caso de logística, está en un proceso de apertura, la licitación de la Hidrovía implicaría un mayor dragado al pasar de 34 a 40 pies en los próximos años. Los trenes son un transporte mucho más eficiente en lo económico y lo ambiental. En materia vial también está haciendo algunas concesiones y le está dando a las provincias, como el caso de Santa Fe, la posibilidad de hacer obras propias.
Nos faltaría una ley de inversión, porque el RIGI no incluyó a la agroindustria.

 

Para los exportadores, sigue el cepo

 

—  ¿Un RIGI agroindustrial?
—  Claro, estamos trabajando en eso con una agenda legislativa. Esos serían los aspectos a tener en cuenta. Y el último punto es que aún persisten las restricciones en el mercado cambiario. Los exportadores no pueden operar en dólares. Cada vez que ingresan divisas de cobranza, de exportación o prefinanciación, a los 5 días son transformadas de manera obligatoria en pesos. Ese cepo para las empresas exportadoras todavía persiste y esperamos que se elimine una vez que el Banco Central pueda ir recomponiendo reservas.

 

Una guerra que “no sirve para nada”

 

—  ¿Cómo está la agroindustria argentina ante el nuevo escenario internacional, con los conflictos entre Estados Unidos y China?
—  La guerra comercial entre China y Estados Unidos es un dolor de cabeza para todo el mundo, más allá de que algunos puedan sospechar que hay ventajas de corto plazo. Claramente nosotros propiciamos que haya entendimientos que pacifiquen el comercio mundial. Las medidas de restricción de importaciones en Estados Unidos y aumento de aranceles dañan a todo el mundo, incluyendo la Argentina. Por otro lado, China ha incrementado sensiblemente las compras de poroto de soja de Argentina. Cuando uno compara 2024 con 2025, vamos a duplicar las ventas en valores y triplicar en volumen. Estamos pasando de 4 millones a 12 millones de toneladas de poroto y generando más de USD 2.000 millones adicionales de ventas. Hemos vendido por primera vez dos o tres barcos de harina de soja al mercado chino y estamos tratando de ampliar las ventas de aceite de soja, es decir, que aparecen oportunidades con China. 

Igual, queremos una pacificación, porque esta guerra comercial no sirve para nada.

Retenciones, del dicho al hecho

 

—  Muchos critican al Gobierno por tener un discurso contrario a las retenciones, pero que no se plasma en la realidad. ¿Comparte esa visión o cree que la situación fiscal lo impide?
—  El Gobierno ha generado un convencimiento masivo, que el ancla fiscal es condición sine qua non para estabilizar la macroeconomía argentina y terminar con la inflación. De a poco ha ido logrando resultados positivos. En 2026 se ha fijado ha fijado una meta que de 2,5% del PBI de superávit primario y esto implica que las chances de reducir temporalmente o de manera definitiva las retenciones son muy limitadas porque siguen generando una participación importante de la recaudación. Estamos hablando de cerca de USD 9.000 millones por año, con lo cual es probable que no tengamos novedades.

Es importante que, más allá de eso, el Gobierno al menos nos abra una hoja de ruta para los próximos años. Siempre hablamos de la necesidad de tener una ley de baja gradual y eliminación de retenciones, empezando por la soja porque es la que tiene el nivel más alto. 

Hoja de ruta

 

—  ¿Tienen algún número determinado, partiendo del 26% actual?
La Bolsa de Cereales hizo un estudio que muestra que una baja del 26% al 20% genera USD 3.000 millones adicionales. Ese sería el primer paso para seguir bajándolas y una vez que lleguen al mismo nivel que el maíz empezar a bajarlas en conjunto hasta llegar a cero en un proceso de 5 a 8 años.

 

Biocombustibles

 

—  ¿Qué posición tienen ante las iniciativas para aumentar los porcentajes de biocombustibles en naftas y gasoil?
—  Hay dos proyectos de ley que acaban de perder estado parlamentario. Uno de la senadora por Córdoba, (Alejandra) Vigo, con un incremento de los cortes obligatorios, pero que no tuvo avances. Lleva al biodiésel al 15% y en el caso del bioetanol también lo duplica. Tenemos algunas diferencias en cuanto a cómo llegar al 15% del biodiésel. Y el Gobierno también había presentado un proyecto a través de la diputada (Lorena) Villaverde, pero también perdió estado parlamentario. Este proyecto abría el mercado para la oferta y demanda, que es lo que nosotros queremos, pero no subía del 10%.

 

Desde el gobierno nos han dicho que el año que viene van a presentar un nuevo proyecto. Estamos convencidos de que 2026 será el año de la ley de biocombustibles en Argentina. Tenemos que imitar a Brasil, que hoy está en el 20% de biodiesel y más del 45% en bioetanol. Ese es el camino, porque es beneficio para todo el mundo: mejora el precio para el productor, la industria, la logística y además el transportista y la persona que circula con su vehículo podrá tener acceso a un biocombustible renovable y muy competitivo en su precio.
 

Esta nota habla de: